DIFAMACIONES EN LA RED

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

Con frecuencia el laicismo, acusado de atacar la religión, es demonizado por organizaciones religiosas. Pero ante los ataques hay que separar la paja del trigo: hay ataques que condenan aquello que el laicismo propone, y eso no es necesariamente grave, y también los hay que se basan en calumnias y tergiversaciones, y eso es, lisa y llanamente, si no ignorancia, deshonestidad intelectual. La página www.ideasrapidas.org expone con la ligereza que sugiere su propio nombre (“el que avisa no traiciona”, reza el dicho, y en ese nombre hay que reconocer una gran sinceridad) una serie de conceptos errados. A continuación citamos en negrita lo que dice la mencionada página en el apartado que dedica al laicismo (pueden ingresar directamente a él en www.ideasrapidas.org/laicismo.htm) y agregamos una explicación desde una perspectiva laicista (la intercalamos en cursiva).

El laicismo es una teoría religioso-política que persigue eliminar a Dios de la sociedad, estableciendo un sistema ético ajeno a Dios.

El laicismo no pretende eliminar a Dios de la sociedad, sino respetar verdaderamente, tanto en la teoría tanto como en la práctica, las diferentes ideas que los distintos miembros de una sociedad tienen respecto a Dios (con máxima frecuencia, no coincidentes). El laicismo pretende, en efecto establecer un sistema ético válido consensuado entre diferentes miembros de la sociedad (en la que además de creyentes con diferentes opiniones, también hay no creyentes tan dignos de respeto como quienes profesan una fe religiosa).

En su aspecto religioso es un ateísmo práctico que se impone a la sociedad con medidas políticas.

Sostener que el laicismo es un ateísmo práctico es tan absurdo como sostener que un creyente católico que comete el pecado mortal de no ir a misa el domingo (“Santificarás las fiestas”) es en realidad es un satanista práctico. En un estado laico, cualquier persona religiosa puede actuar, en lo que concierne a su propia vida, de acuerdo con su fe, de ningún modo se le impone que actúe como un ateo. 

El laicismo adopta la postura de una indiferencia teórica. Pero en la práctica exige actuar como si Dios no existiera.

En efecto, el laicismo propone la adopción, por parte del Estado, de una postura que implique no hacer diferencias (no dar provilegios) a ningún posicionamiento religioso. Lo que el laicismo propone en la práctica es actuar respetando a quienes creen que Dios existe, a quienes creen que no, y a quienes se admiten ignorantes al respecto.

También puede decirse que el laicismo es un ateísmo social porque pretende organizar una sociedad sin Dios (ateo significa sin Dios).

Habida cuenta de que hay ciudadanos agnósticos –e incluso ateos, que por cierto tienen derecho a serlo, tanto como una persona religiosa tiene derecho a creer- que no tienen por qué verse sometidos por parte del Estado a imposiciones de base religiosa, es justo que la sociedad procure organizarse dejando un espacio vital para que el creyente viva sin problemas de acuerdo a su fe, y los agnóstico y los ateos vivan igualitariamente sin problemas de acuerdo a su duda o a su convicción respecto de la no existencia de Dios.

Para instaurar sus planteamientos, el laicismo se basa en dos ideas correctas pero mal entendidas: la separación Iglesia-Estado y la libertad religiosa.

Efectivamente el laicismo se basa en esas dos ideas, que como veremos, no son mal entendidas.

¿Es buena la libertad religiosa? Sí; cada uno debe tener libertad para ejercitar la religión que desee, dentro de los límites del bien común. No se debe imponer una religión (ni un ateísmo).

Correcto, pero la libertad religiosa también abarca la libertad de no ejercer ninguna religión, sin que ninguna persona o institución se inmiscuya en ello.

¿Es bueno separar religión y política? Depende de cómo se interprete esto. Sobre todo depende de qué se entienda por religión.

  • Si con esa separación se expresa que los curas no sean políticos, y los gobernantes no sean obispos, entonces la frase es correcta. Cada uno gobierne en su terreno.

El laicismo concuerda plenamente.

  • Si con esas palabras se afirma que una religión no debe exigirse a todos, sino que se deben respetar las conciencias, entonces la separación es acertada. (Por esto el laicismo no debe imponerse a todos).

El laicismo no es una religión sino una manera de gestionar el Estado respetando la diversidad existente aún en la sociedad más compacta, una manera que implica el respeto irrestricto en materia religiosa: respeto al creyente, respeto al no creyente. (El Estado tiene el derecho, sustentado en el propio contrato social en el que se basa, es decir conferido por los propios miembros de la sociedad, de imponer mediante la ley el respeto mutuo entre los ciudadanos).

  • Si por religión se entiende a Dios, los actos de culto o las enseñanzas espirituales, entonces no es bueno separar la sociedad de Dios.

El laicismo no pretende separar a la sociedad de Dios, sino al Estado (a las funciones que ejerce el Estado en la sociedad) de las diversas opiniones, creencias y dogmas –con frecuencia no coincidentes, por otra parte- que impulsan las distintas formas de religiosidad. Habida cuenta de que la política se ejerce de cara a todos los miembros de la sociedad y de que ésta la conforman personas religiosas, ateas, agnósticas, neutrales, no es justo que las políticas públicas se ejerzan supeditadas al concepto de Dios (incluso dispar según cada religión) ni de ningún tipo de espiritualidad. Por ejemplo: porque el catolicismo considere pecaminoso el divorcio, el Estado no debe imponer la imposibilidad de divorciarse a los judíos, budistas, ateos, agnósticos… Quien sea católico puede no divorciarse, y quien no lo sea debe poder hacerlo, si tal es su libre decisión. De hecho, a un creyente católico que decida a conciencia divorciarse, el Estado tampoco debe juzgarlo, ya que no es de incumbencia estatal cómo dicho creyente resuelve el conflicto entre su determinación personal y la condena moral a la misma decretada por su iglesia. El Estado debe velar por la libertad individual de los ciudadanos, y no atentar contra ella.

  • Si con esta separación se expresa enfrentamiento, tampoco es conveniente pues lo ideal es que Iglesias y Estados trabajen cada uno en su ámbito ayudándose en conseguir el bien de los ciudadanos.

La separación no debería implicar enfrenamiento, sino sólo separación. Por otra parte, no sólo las Iglesias y el Estado pueden y deben velar por el bien de los ciudadanos, sino todos los actores de la sociedad, y principalmente cada ciudadano debe tener el derecho de velar por lo que considera su propio bien, siempre que no implique el mal de otro. Iglesias, Estado, ciudadanos no supeditados a ninguna agencia religiosa gobernante, ateos organizados o no organizados, agnóstico organizados o no organizados, en definitiva todos y cada uno de los ciudadanos, tienen el deber social de contribuir al bien común.

La laicidad del Estado es distinta del laicismo. La laicidad propone que el Estado no debe estar ligado a una religión particular sino que debe respetar la libertad religiosa. Sostiene que debe haber una separación adecuada entre Iglesia y Estado y no perjudicar a los ciudadanos por motivos religiosos. Es correcto.

El laicismo coincide.

En cambio en el laicismo, el Estado impulsa el ateísmo optando por la religión atea.

Es incorrecto. El laicismo promueve que la laicidad plena sea un hecho, hace proselitismo a favor de ella. El laicismo no admite que el ateísmo sea impuesto desde el Estado, ya que eso violaría el principio básico de la laicidad, que establece que el Estado no se inmiscuye en materia religiosa. El laicismo propone un estado NEUTRAL en materia religiosa, no un Estado ateo. Volvemos a decirlo: acusar al laicismo de ateo es tan absurdo como acusar de promover el satanismo a quien no va a misa.

¿Qué defiende el laicismo ante la religión? El laicismo desea instaurar varios planteamientos:

  • Para el laicismo, el Estado debe apoyarse en una base común sin Dios. El laicismo reclama un Estado confesionalmente ateo.

¿Por qué ateo?, ¿por qué fomentar la confusión entre conceptos claramente diferentes como son los de ateísmo, laicismo, neutralidad religiosa, agnosticismo? El laicismo no reclama un Estado confesionalmente ateo, sino un Estado no confesional, uno neutral en materia religiosa. Acusarlo de ateo parece más bien una chicana para enardecer a creyentes despitados y ponerlos emotivamente en contra del laicismo, que en realidad defiende tanto la libertad de creer como la de no creer, y también la de dudar, o la de admitirse ignorante en materia de fe.

– Sin embargo, el ateísmo es una postura religiosa que tampoco debe imponerse.

Por supuesto, el ateísmo no debe imponerse. De hecho el laicismo no lo hace.

  • El laicismo intenta relegar la religión al ámbito privado, prohibiendo las manifestaciones públicas de fe.

Es inexacto decir que el laicismo pretende prohibir las manifestaciones públicas de fe. En un estado laico, por ejemplo, los católicos podrán hacer libremente una procesión en la calle (alguna vez he escuchado el argumento absurdo de que la teoría laicista vedaría las procesiones), pero no imponer en las escuelas públicas (a las que también concurren no católicos, niños de familias agnósticas, ateas, o de otras confesiones), sus símbolos religiosos, ya que éstos serían una imposición a quienes no pertenecen a la comunidad católica.

– Sin embargo, una persona coherente vive de acuerdo con sus creencias tanto en privado como en la vida social. No se debe obligar al creyente a que se comporte como un ateo. (Tampoco se debe forzar al ateo a que actúe como religioso).

Exacto. Recurramos nuevamente a un ejemplo: un católico, porque exista una ley de divorcio no se verá obligado a divorciarse,  en privado y en la vida social y pública, tiene derecho y tendrá libertad de comportarse como católico, al igual que un ateo como ateo, un agnóstico como agnóstico, y un musulmán como musulmán.

  • El laicismo y el relativismo suelen ir unidos, pues ambos defienden el indiferentismo religioso.

Nuevamente una grosera mezcolanza de conceptos. En algunas personas laicismo y relativismo podrán ir unidos, en otras no, del mismo modo que en algunas personas religiosidad e intolerancia pueden ir unidas, y en otras no. Lo cierto es que laicismo y relativismo son conceptos claramente diferentes, y no hay que confundirlos ni dar lugar a que las personas los confundan. Ejemplos: difícilmente un ateo laicista crea que da lo mismo ser ateo que musulmán; difícilmente un agnóstico laicista crea que da igual ser agnóstico que ateo, evangelista o animista, difícilmente un ateo o un agnóstico laicistas crean que da lo mismo una religión que fomenta la castración femenina que una que no la fomenta.

– Hay varias religiones pero esto no significa que sean falsas, o que sea indiferente elegir una. Por ejemplo, puede haber varias teorías sobre un hecho histórico, pero sólo un suceso tuvo lugar realmente. Habrá que buscar la religión verdadera.

Si hay varias religiones – en realidad hay muchas- que sostienen cosas irreconciliables ente sí (la divinidad de Jesús en casi todas las confesiones cristianas, la no divinidad y su sola condición de profeta en el Islam, su no divinidad ni condición de profeta en el judaísmo) todas no pueden ser ciertas (en el ejemplo dado, por lo menos dos deben ser falsas), pero el laicismo no se inmiscuye en dirimirlo, sino que propugna que cada creencia sea, no admitida, obviamente, pero sí respetada por las demás. Eso, a las claras, no es indeferentismo.

Finalmente, según el laicismo, la búsqueda de la religión verdadera (entre la que por cierto bien podría contarse el ateísmo, ya que el autor tiene tanto interés en plantearlo como fe o religión) no es tarea del Estado, sino una búsqueda íntima y personal en la que el Estado no debe interferir.

El laicismo suprimirá las clases de religión, las fiestas e imágenes religiosas, asentando su ateísmo con excusa de respeto a otras religiones.

Y también con la “excusa” del respeto a la decisión de quienes eligen no profesar religión alguna.

En realidad el laicismo no asentará el ateísmo, ya que no es ateo, sino neutral en materia religiosa. El laicismo no suprime absolutamente nada de lo que el autor menciona, sino que lo saca del ámbito común destinado a la convivencia de personas confesionalmente diversas. Ejemplo: ¿por qué un ciudadano judío, uno agnóstico, uno ateo, debe encontrarse con que la escuela a la que asiste, sustentada por el Estado, está presidida por una imagen de la Virgen del Valle y bajo el patronazgo espiritual de esta advocación? ¿Por qué verse forzado a pasar por el rezo matutino, que no lo representa, antes de entrar a clases? El laicismo no suprimirá la Navidad, ni la Semana Santa, y sí permitirá que, por caso un judío, festeje el Yon Kippur, si quiere (y se tome el correspondiente feriado), o un colla fiel del animismo andino, el día de la Pacha Mama. Y eso no es indeferentismo, sino simple y elemental respeto.

Respetarlas sería añadir imágenes y clases de las religiones que lo soliciten razonablemente. Quitar todas es imponer la religión atea.

Volvamos al ejemplo de una escuela. ¿Se imaginan una escuela convertida en una suerte de museo de íconos de cuanta religión profesen sus alumnos, docentes, etc., o de cuanta creencia despierte la simpatía, de todos o cualquiera de los que comparten ese espacio? ¿Y qué pasa con los agnósticos y ateos?, ¿por qué no podrían colocar iconografía que los represente, por ejemplo al lado de un Cristo crucificado? Nada más respetuoso de la enorme posibilidad de diversidad en materia de fe, que el hecho de que la pared de una escuela (o de un juzgado, o de cualquier edificio público) siga siendo una pared, y no un altar. Los altares son dignos de respeto, pero tienen su lugar en los ámbitos propios de quienes se reúnen con devoción en torno a ellos. Quitar los elementos religiosos de los espacios públicos no es imponer la religión atea, es no imponer ninguna religión. Por lo demás nadie pretende sacar las cruces de los campanarios, ni los crucifijos del cuello de los transeúntes. Cualquier edificio confesional y cualquier creyente podrán ostentar públicamente cualquier signo religioso, pero no los edificios públicos patrimonio de los ciudadanos en general, incluyendo a los ciudadanos no religiosos. Que en la pared de una escuela haya láminas educativas o avisos sobre el funcionamiento del establecimiento o sólo la pintura que se eligió para dejarla prolija, es mera sensatez, no promover el ateísmo. 

Especialmente, el laicismo rechaza cualquier idea que suene a católica.

No cualquier idea, sino sólo las irrespetuosas para con quienes no adhieren a la fe católica. En cualquier país donde el principal opositor del laicismo sea la Iglesia Católica, el laicismo tenderá por lógica a argumentar en contra de las pretensiones de privilegios propugnadas por el catolicismo. El laicismo en un país predominantemente protestante, hará lo propio con el protestantismo, si éste reclama privilegios.

Sin embargo, el que una idea sea católica no la hace falsa. Por ejemplo, la razonable idea de prohibir el robo.

Claro que una idea católica no tiene por qué ser falsa. Pero recíprocamente, desde el punto de vista de un no católico, una idea no tiene por qué ser verdadera por el solo hecho de ser católica. Alguna vez el catolicismo consideró una herejía creer en la traslación circunsolar de la tierra, y hoy sabemos de qué lado estaba el error, ¿por qué no podría volver a ser errada otra idea católica?

Por otra parte muchas ideas “católicas” en materia de moral, son compartidas por los no católicos, incluso por ateos (por ejemplo que no hay que robar), precisamente porque son ideas tan razonables que no son exclusivamente católicas, son también ateas cuando las concibe un ateo, agnósticas cuando las concibe un agnóstico, musulmanas cuando las concibe un musulmán, y propias del movimiento Hare Krishna cuando las concibe un miembro del Hare Krishna.

El laicismo intenta que la base ética del Estado sea el ateísmo, pero esto es una postura que tampoco debe ser obligatoria.

El laicismo no intenta que la base ética del Estado sea el ateísmo, sino la NEUTRALIDAD en materia religiosa. No es obligatorio ser ni ateo ni religioso. Lo único obligatorio es no violentar ni la religiosidad del creyente ni la incredulidad del ateo (ni siquiera la incertidumbre del agnóstico).

Entonces, ¿qué es lo común a todos los hombres? Precisamente el hecho de ser hombres. Por esto, las reglas éticas del Estado deberán basarse en lo propio de la naturaleza humana, en la llamada ley natural. (El ateísmo es la menos natural de las posturas religiosas). Con otras palabras: la base está en la dignidad de la persona humana.

El concepto de ley natural a menudo ha sido un “comodín” para sostener ideas y leyes en realidad concebidas a nivel personal o por instituciones. Por ejemplo: según la ley natural concebida por el judeo-cristianismo, la homosexualidad es antinatural, pero según la evidencia científica, biológica, antropológica, zoológica, es algo natural, aunque a un número importante de personas (incluso agnósticas o ateas) ello resulte antipático.

Probablemente desde que el hombre es hombre haya sentido el impulso de la fe, pero también es probable que desde ese mismo momento haya sentido el impulso de la duda, que en ocasiones se resuelve en no creer en la existencia de un dios. Tachar de antinatural el ateísmo es una falacia, el ateísmo es tan humano como la fe en Dios y sus consecuencias para la sociedad no son necesariamente peores que las que se desprenden de la fe. El ateísmo merece, por parte del Estado, un trato igualitario al que reciben las religiones. Lo mismo cabe decir del agnosticismo.

¿Se conocen las normas de la ley natural? El documento más conocido que contiene un resumen de la ley natural son los diez mandamientos. En su origen son formulaciones judeo-cristianas, pero ya se han convertido en patrimonio de la humanidad.

Los diez mandamientos son concepciones morales presentadas con un sustento religioso, no un resumen de la ley natural (¿acaso es una ley natural “santificar las fiestas”, o sólo un mandato religioso?). Pero en efecto son formulaciones sumamente respetables y son patrimonio de toda la humanidad. El Corán también lo es, y las normas éticas que propone el Bagavad Gitta hindú, también. Sostener eso no es indiferencia, sino respeto, y apreciar el esfuerzo histórico del hombre por trazarle un camino justo y fructífero (no infalible ni unánime) a la magna aventura que implica el existir en el mundo.

El laicismo no tiene reglas morales ni mandamientos, salvo apartar a Dios sobre todas las cosas.

¡Qué torpe manera de parafrasear el primer mandamiento hebreo! La torpeza reside en que atribuir esa paráfrasis al laicismo es una difamación basada en el error, si no en la mala intención. El laicismo tiene una regla moral básica: el irrenunciable respeto por la libertad de conciencia de todas las personas (creyentes y no creyentes). No tiene mandamientos, si por mandamiento se entiende una norma ética de base religiosa, pues no se basa en la religión. Es falso decir que quiere apartar a Dios sobre todas las cosas, ya que defiende que quienes crean en Dios puedan vivir de acuerdo a su fe, y que quienes no crean puedan vivir de acuerdo a su no-fe en la existencia de Dios.

Al quitar a Dios es difícil mantener unas reglas de conducta. Puedes matar y robar mientras no te pillen. Usa del sexo como te dé la gana. Miente lo que te convenga. Por esto, en las sociedades donde el laicismo se extiende, aumentan la delincuencia y la corrupción.

Los creyentes no parecen tener mucho más fácil lo de mantener reglas de conducta que los no creyentes. Creyentes han podido matar y robar especulando con no ser pillados. Creyentes han usado el sexo como les ha dado la gana y mentido por conveniencia. Los estados europeos de la Edad Media –la Edad de la Fe, en que los estados eran forzosamente confesionales- fueron tanto o más corruptos que cualquier estado moderno. Decir sin fundamento en los hechos (sin un estudio estadístico serio, sin una evaluación científica y rigurosa de los datos) que en las sociedades donde el laicismo se extiende, aumentan la delincuencia y la corrupción, es o un error de método o una mentira por conveniencia.

¿No hay ateos buenos? Hablamos del laicismo en general. En cambio, hay casos particulares de personas ateas que se comportan bastante bien -excepto con Dios, lógicamente-.

Dirimir qué es “comportarse bien” y “comportarse mal” es más complejo de lo que parece sugerir la declaración anterior. Sin embargo hay suficientes puntos éticos en común entre la gran mayoría de las personas para afirmar de acuerdo con ellos que hay ateos “que se comportan bien” y ateos “que se comportan mal”, agnósticos “que se comportan bien” y agnósticos “que se comportan mal”, creyentes “que se comportan bien” y creyentes “que se comportan mal”. Las concepciones o la adhesión de una persona en materia religiosa no son garantía ni de “bondad” ni de “maldad”. Los humanos, que somos seres sociales, tenemos la necesidad, y por ende el derecho, de regular y juzgar cómo se comporta un hombre con sus semejantes (eso hace precisamente la ley). Cómo se comporta un hombre con Dios, será juzgado por Dios (o no lo será).

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