LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA MUJER SEGÚN EL CATOLICISMO

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

Para el laicismo la sociedad precisa de un Estado que procure el equilibrio entre la necesidad de vivir en comunidad y el derecho a la libertad de los individuos. El aspecto comunitario y el aspecto personal implica tanto derechos como obligaciones, y en un Estado justo, éstos deben ser los mismos para todos los miembros de la sociedad, sin distinciones, por ejemplo, de género. En un Estado laico la sociedad es concebida, de hecho, como la convivencia entre ciudadanos iguales libres. Esto no niega las peculiaridades personales, ni busca suprimir las naturales diferencias entre los ciudadanos, sino que sólo garantiza que todos tengan un tratamiento igualitario ante la ley. 

Las tres grandes religiones de occidente, judaísmo, cristianismo e islamismo, históricamente han promovido considerables diferenciaciones legales entre hombres y mujeres. Dejando a un lado los eufemismos: las tres han promovido la desigualdad legal entre hombres y mujeres. En otras entradas de este blog hablaremos de la mujer y el Islam, de la mujer y el judaísmo, y de la mujer y el cristianismo protestante. En ésta veremos algo de lo que sostiene al respecto la Iglesia dominante en los países hispanos. 

La Enciclopedia Católica (disponible en línea) publica contenidos autorizados por la Iglesia Católica por encuadrarse estrictamente en su doctrina. En la entrada “Mujer” de esta enciclopedia pueden leerse, pues, los criterios oficiales del catolicismo respecto de la situación de la mujer respecto del varón. En este artículo citaremos el texto de dicha enciclopedia entrecomillado y en cursiva. 

La doctrina católica sostiene que Dios quiso que la naturaleza humana se manifieste de manera diferente en el varón que en la mujer” y que “es inadmisible confundir las actividades vocacionales de ambos”.  Es decir que el varón está llamado por Dios mismo a desempeñar una función absolutamente específica en la sociedad y la mujer otra claramente diferente. Cuanto más y mejor cumpla cada uno su rol natural-divino, más varón será, o más mujer: “Los hombres más masculinos y las mujeres más femeninas son los tipos más perfectos de sus sexos”. Como las funciones sociales de los varones y las de las mujeres están claramente definidas por el orden natural-divino, hombres y mujeres deben complementarse fundamentalmente mediante el matrimonio y perseverar cada uno en su función social específica: “…cada uno de los dos sexos precisa del otro para su complemento social; una igualdad social completa anularía esta finalidad del Creador”.

La Enciclopedia sigue diciendo: “…a pesar de la igual dignidad humana, los derechos y obligaciones de la mujer difieren de los del hombre en la familia y las formas de la sociedad que la desarrollan naturalmente”, y más adelante agrega: “Si los dos sexos están diseñados por la naturaleza para una cooperación orgánica homogénea, entonces la posición dirigente o una preeminencia social debe recaer en uno de ellos. El hombre está llamado por el Creador a esta posición de líder, como lo muestra por toda su estructura corporal e intelectual”.

El catolicismo oficial también basa estas consideraciones en declaraciones atribuidas al propio apóstol San Pablo (Cor., 11, 7): “El hombre…es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre”. Explica la Enciclopedia Católica: “(San Pablo) en esta referencia a la creación de la primera pareja humana presupone la imagen de Dios en la mujer. Como esta similitud se manifiesta exteriormente en la supremacía del hombre sobre la creación (Gén., 1, 26), y como el hombre en cuanto líder nato de la familia ejerció primero esta supremacía, es llamado directamente en tal capacidad imagen de Dios. La mujer toma parte en esta supremacía sólo indirectamente bajo la guía del hombre y como su compañera. Es imposible limitar la declaración paulina a sola la familia; y el mismo Apóstol infirió de esto la posición social de la mujer en la comunidad de la Iglesia”.

La Enciclopedia cita también escritos oficiales como la encíclica “Arcanum”, que el papa León XIII redactó en el año 1880 (pero que, como toda encíclica papal, sigue siendo válida para siempre): “El marido es el que gobierna la familia y cabeza de la mujer; la mujer como carne de su carne y hueso de sus huesos ha de estar subordinada y obediente al marido, no, sin embargo, como una sirvienta sino como una compañera de tal clase que la obediencia prestada es tan honorable como digna”.

En última instancia, según esta postura católica, el hombre está llamado por Dios mismo a una vida más pública que la mujer. A ésta, en contrapartida, Dios la llama a una vida más doméstica y principalmente dominada por el rol de madre:  “Por consiguiente las actividades de ambos en el dominio social pueden tal vez compararse a dos círculos concéntricos de desigual circunferencia. El círculo externo, más amplio, representa las labores vocacionales del hombre, el círculo interior las de la mujer. Lo que el Creador preparó mediante la diferencia de aptitudes se realiza en la unión marital indisoluble de un hombre y una mujer. El hombre se convierte en padre con derechos y deberes paternales que incluyen el sostenimiento de la familia y, cuando es necesario, su protección. Por otro lado, la mujer recibe con la maternidad una serie de obligaciones maternales. Los deberes sociales de la mujer pueden, por tanto, designarse como maternidad, tal como es el deber del hombre ser representante de la autoridad paterna… (…) …el hombre debe también representar vigorosamente la autoridad, mientras que la mujer, llamada a la dignidad de ser madre, debe suplir y ayudar a la labor del hombre mediante su incansable colaboración”.

Lo expresado en la Enciclopedia Católica establece un fundamento, supuestamente natural-divino, sobre el que se yergue una tajante división social entre varones y mujeres, en la que a éstas les cabe un rol “inferior”. Criterios así se traducen fácilmente en legislaciones no igualitarias, legislaciones por ende discriminatorias, que la perspectiva laica rechaza.

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3 pensamientos en “LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA MUJER SEGÚN EL CATOLICISMO

  1. Pese a que exteriormente la Iglesia haya suavizado su discurso sobre la mujer en la sociedad, en lo más profundo de las concepciones que defiende y promueve sigue siendo extremadamente conservadora y retrógrada.

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