LOS VALORES DEL LAICISMO

El CECIES (Centro de Ciencia, Educación y Sociedad), cuenta entre sus proyectos con la realización del segundo volumen del DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO elaborado por un numeroso grupo de colaboradores internacionales. Uno de las entradas de este diccionario estuvo a cargo de Gabriella Bianco, quien se explaya sobre el laicismo. Aquí citamos algunos fragmentos del artículo, que puede ser leído en su totalidad en http://cecies.org/articulo.asp?id=158.

En su artículo Gabriella Bianco define el laicismo como una “voluntad de construir una sociedad justa y progresista, que garantice la dignidad de la persona y los derechos humanos, asegurando a cada uno la libertad de pensamiento y de expresión, en la igualdad de todos delante de la ley, en el respeto de la elaboración personal de una concepción de vida que se funda sobre la base de la experiencia humana individual”.

La autora sostiene que el valor laico por excelencia es el libre examen que básicamente no reconoce ningún dogma y procede “con espíritu crítico en la discusión de las ideas recibidas, de todas las ideas impuestas, comprendiendo en éstas aquellas ancladas en el fuero interno de la persona. Considerando que las opciones – confesionales o no confesionales – corresponden a la esfera privada de las personas, a nivel social ellas no constituyen verdades unívocas o reveladas, sino que expresan la búsqueda de emancipación respecto a toda forma de condicionamiento, en el imperativo de una ciudadanía total y justa”.

Agrega Bianco que los valores laicos son “la absoluta libertad de conciencia, la aspiración a una sociedad auténticamente humana, la realización aquí y ahora, asumiendo la utopía laica, donde todos sean “aceptados” desde el punto de vista cultural, filosófico, religioso, moral y sexual, desde el nacimiento, como sugiere Hannah Arendt, hasta la muerte”.

La acción laicista “no pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los sectarismos de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista” puesto que el laicismo “valoriza las diferencias, consideradas como un enriquecimiento del patrimonio común, en el respeto de la integridad, de la absoluta libertad de consciencia y del derecho a la emancipación de cada uno. Valor laico por excelencia, la tolerancia es el respecto de las personas, en tanto que individuos portadores de ideas, de creencias y de convicciones”.

Finalmente Bianco llama la atención sobre el hecho de que en América Latina hay al menos de “30 partidos con confesionalidades encubiertas, presentes en los Parlamentos de Brasil, Perú, Guatemala y Colombia, verdaderos adversarios del laicismo y la moral laica que es expresión de la universalidad de los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. Esa realidad explica, en buena medida, que apenas el 25% de los latinoamericanos esté satisfecho con el funcionamiento del sistema democrático. A su vez, el fundamentalismo protestante cuenta, en Estados Unidos, para incidir en las preferencias políticas de los electores, con más de 200 compañías de televisión, 1.500 radioemisoras y una red de universidades, colegios y escuelas”. Lo que da cuenta de la necesidad de contrarrestar esta realidad organizando en nuestra región el movimiento laicista.