LA SHARÍA O LEY ISLÁMICA

La Sharía, a la que ya le hemos dedicado una entrada en este blog, en cuanto legislación de base religiosa, es esencialmente contraria al laicismo. Su importancia en el mundo islámico hace pertinente, para quienes nos sentimos comprometidos con el progreso mundial del laicismo, que nos instruyamos acerca de ella. Aquí tenemos un breve texto monográfico que puede ser introductorio para quienes quieran interiorizarse en la “ley islámica”.

LA SHARÍA

Por Tilio Alberto Coronel Grillo (el autor tiene un blog personal al que se puede acceder haciendo clic aquí AQUÍ)

RESUMEN

La Sharia [1], Ley Sagrada del Islam, es un cuerpo de derecho [2]y un código de conducta. Abarca la totalidad de los preceptos de Alá referidos a las acciones de los hombres. Establece deberes religiosos, políticos, privados y públicos, pero regula solamente la relación externa entre los creyentes, sin considerar la piedad, sentimiento de responsabilidad ni necesidades religiosas.

INTRODUCCIÓN

La Sharia determina el modo de vida islámico, mediante tres procedimientos:

1.-Como una cuestión de conciencia personal.

2.-De aplicación en los tribunales y órganos de justicia.

3.-En algunos paises,como base para la integración del Estado.

Dentro de la “sharia” existe un tipo especial de ofensas llamadas “hadd”, crímenes castigados con penas específicas: Adulterio, acusaciones falsas, ingesta de alcohol, robo y asalto en rutas. Algunas penas son muy rigurosas: Lapidación para el adulterio, amputación de manos en caso de robos, azotes, etc.[3]

Se atribuye al Islam falta de originalidad en sus conceptos, copiados de otras religiones. Eso es cierto y el método de establecer un sistema de derecho de un libro revelado lo confirma, porque fue hecho por anteriores civilizaciones. La ley islámica abarca obligaciones rituales y morales sometidas al criterio religioso que enseña a los hombres como actuar para entrar al paraíso el día del juicio final. Los “ulemas” (sabios musulmanes) dicen que de haberse extendido y aplicado a todos los ámbitos del comportamiento humano, no habría habido necesidad de establecer un sistema jurídico de ninguna otra especie.

LAS FUENTES.-Existen cuatro fuentes jurídicas: El Corán, los Hadiz, la Analogía y el Consenso.

El Corán

El nombre completo del Libro Sagrado musulmán es “Al Qur ´an Al Karim” (El Noble Corán), también escrito Alcoran, Al-Qur´an o Koran.[4]

Conjunto de la revelación del Profeta Mahoma, es la primera fuente de la ley islámica, dónde se establece:

1.-Legislación para actos religiosos y de culto.-

2.-Prescripciones jurídicas: Derecho de Familia, Derecho Civil, Derecho Penal, Derecho Procesal, Derecho Constitucional, Derecho Internacional, Derecho Económico y Financiero.

3.-Bases para la organización de la vida social.-

La sociedad existente antes del Islam tenía sus normas, sanciones y castigos referentes a las costumbres y al modo de vida. El Islam anuló unas y reformó otras, pero en gran medida confirmó esas normas.[5] Incluso con el correr del tiempo, el Corán ha ido graduando de menos a más el rigor de la Ley, por ejemplo en la prohibición del alcohol. Al respecto, el versículo más antiguo dice:”No se aproximen a las oraciones con una mente nublada, a menos que puedan entender todo lo que dicen”. Se trataría de una prohibición de un “estado de embriaguez” pero no de la “ingesta de alcohol “.[6]

Con una parte revelada en La Meca y otra en Medina después de la Hégira[7]el Corán está escrito en el dialecto árabe de La Meca. Así se lo usa en la liturgia. Aunque se publica en otros idiomas, esas ediciones se emplean tan solo con fines didácticos. Pude ver en Indonesia publicaciones en bahasa indonesio[8]y según me decían eso facilita su estudio. El caso inverso es Afganistán, sobre todo en el norte del país. Allí los “ulemas” comentaban lo difícil que resulta enseñar a los jóvenes, porque éstos no tienen voluntad de aprender primero el árabe y luego estudiar el Corán. Por otro lado, el libro mezcla la narrativa, la exhortación [9]y la prescripción [10]y no siempre resulta claro para el creyente. En este sentido tiene una característica común con La Biblia: Ambos libros resultan incomprensibles para el lector común si éste no es guiado en la lectura.

El Corán autorizado tiene 114 “suras” (capítulos), subdivididos en 6236 “aleyas” (versículos). El primer “sura” se llama “Al –Fatiha” ( “la anunciación”,”la abridora”) y todos los capítulos comienzan con la fórmula: “En el nombre de Dios, el más Clemente, el más Misericordioso” [11]Salvo éste, todos los capítulos están ordenados según su longitud. Así resulta que los más largos están al principio y los más breves al final.[12] Al comienzo de 29 de los “suras” hay letras cuyo sentido no ha sido aclarado y se supone sean las iniciales de los escribas. Desde el siglo VIII dC, los capítulos llevan nombres tales como “La Vaca”, “Las mujeres” ,”La mesa servida”,”El Viaje Nocturno” ,”Jonás”,etc.,títulos relacionados con el principio del “sura” o con un asunto en ella tratado.

Al momento de la muerte de Mahoma no existía una edición conjunta del libro, sino fragmentada en hojas, telas, etc. Se le encargó a Zaid ibn Tabit –secretario de Mahoma-la recopilación de las revelaciones. Concluida la edición, se envió copia a las principales ciudades para ser usadas como modelo.[13]

El libro se ha trasmitido en forma escrita, pero principalmente, recitándolo. Un musulmán que recita todo el Coran de memoria se llama “Hafiz” (en árabe, “recitador”, “memorizador”) [14]

Hay diez escuelas de recitación.Estas difieren en la vocalización de algunas palabras, con algún significado diferente según la gramática árabe. Por ejemplo:

1.–La vocalización de un verbo puede cambiar su voz activa y pasiva.

2.–También puede cambiar su formación

3.–Las vocales se pueden alargar o acortar.

Actualmente, varias personas poseen el título de “Memorizador de las Diez Recitaciones”, máximo honor otorgado.

El Libro Sagrado es tratado con reverencia por los musulmanes.[15]Antes de tomarlo, se debe realizar una ablución (ritual de limpieza, en árabe “wudu”) Asimismo, el respeto hacia el texto del Corán es un elemento muy importante de la fe religiosa.

LOS HADIZ

Literalmente la palabra “hadiz” significa “narración”,”referencia“,pero en el marco de la legislación islámica se denomina “hadiz” a todo relato o informe sobre lo que Mahoma recomendó, enseñó, ordenó o adoptó como hábito de vida .

A pesar de ser la primera fuente de legislación, El Corán distó mucho de ser suficiente como tal. Había casos no previstos y para resolverlos fue necesario recurrir al conocimiento jurídico de los antepasados. Por consiguiente, se hizo una recopilación y crítica de esos informes o relatos, llevada a cabo por teólogos islámicos durante los siglos VIII y IX dC. Se recopilaron seis colecciones consideradas fidedignas (esas colecciones conforman la sunna, (en árabe, tradición) ordenadas según su contenido: Tradiciones históricas, normas éticas, principios dogmáticos y disposiciones rituales. Surgió entonces la ciencia del Hadiz o Hadit , fuente indirecta de legislación que llena los vacíos legales no previstos en diferentes eventualidades-.Sus enseñanzas son determinantes no solo en el plano jurídico, sino en las costumbres de vida de los musulmanes.

Todo “hadiz” tiene dos partes:

1.-El contenido de la tradición

2.-Nombres de quiénes la trasmitieron, incluyendo las autoridades que avalaban la enseñanza.

Las autoridades eran, en primer término, los compañeros del Profeta,(incluyendo a sus mujeres).Luego la primera generación después de Mahoma, después la segunda, etc., hasta el hombre ( o la mujer) que la daba a conocer. Esta cadena era decisiva para confirmar la autenticidad del hadiz.

La trasmisión de las tradiciones era oral. El alumno escuchaba la lección del maestro[16]anotaba, leía y estudiaba. Finalmente, el maestro le daba autorización para trasmitirla.

La analogía

Con el paso del tiempo, se constató la insuficiencia, no solo del Corán sino también de los Hadiz. Surgieron dos escuelas jurídicas: La “Histórica“, practicada por los árabes del Hedjaz y los

“Racionalistas“, empleada por juristas iraquíes. Los primeros se ataban a la tradición, los segundos apelaban a la razón para llenar los “vacios legales”. Se introdujo la herramienta jurídica llamada “analogía” (en árabe, “qiya”), que permitía la comparación entre el Corán y la Sunna (las colecciones de Hadiz) para sacar una conclusión aplicable al caso en cuestión.Se usó en los primeros tiempos del Islam, pero en el siglo XI se dio por cerrada la “libre decisión” y solo se debería considerar la opinión de los antepasados.

Aún hoy en día la Analogía es rechazada por los grupos ortodoxos como los “wahabi”, predominante en Arabia Saudita[17]No obstante, otros sectores del Islam moderno reclaman el derecho del jurista a formarse su propia opinión en los casos a resolver.

El Consenso

Junto a la Analogía, hubo otro procedimiento de mucha aplicación: El Consenso, concordancia de opiniones de los eruditos de La Meca y Medina. Fue empleado en los siglos VIII y IX como cuarta fuente de la Sharia y facilitó la creencia y asimilación de muchos conceptos e ideas desconocidos al Islam primitivo.

LAS INTERPRETACIONES

En una sola cosa concuerdan los árabes y es que siempre están en desacuerdo entre ellos. La sharia no escapa al disenso cuando se trata de su interpretación y a lo largo del tiempo se han creado distintas escuelas de interpretación, las llamadas “fiqh“.

Se llama “Faqih” al jurista que hace la interpretación y existen cuatro escuelas: Hanafi, Maliki,Shafi y Hanbali.

Escuela Hanafi.-[18]

Es la mayor de las cuatro escuelas, con un 45% de seguidores. Emplea como fuentes el Corán y Hadiz. Es la más liberal y abierta a las ideas modernas.

Escuela Maliki [19]

Es la tercera en tamaño, con un 15% de seguidores. Se diferencia de las demás porque emplea como fuentes el Consenso, la Analogía y las costumbres locales.

Escuela Shafi í [20]

Emplea las cuatro fuentes de consulta e incluye la opinión de otros creyentes. Muy conservadora, aplica rigurosamente los principios legales. La mayoría de los eruditos islámicos son partidarios de esta escuela por su rigor en el estudio de la religión. Sus miembros son considerados pilares del conocimiento del Islam.

Escuela Hanbali[21]

Emplea como fuentes el Corán, Hadiz y los fallos emitidos por creyentes calificados. Una vez agotados esos métodos emplean la Analogía. Netamente ortodoxa, es predominante en Arabia Saudita.

CONCLUSIONES

La Sharia se extiende mucho más allá de los límites teológicos y jurídicos. Impregna todos los aspectos de la vida islámica. El religioso, el jurista, el místico, el científico, el historiador, el médico o quién sea se ven influenciados por ella. Usan como material probatorio el Corán y la colección de Hadiz (la Sunna).Luego emplean la Analogía (y sacan la conclusión analógica) y se forma el Consenso (obligatorio) que resiste cualquier embate, más aún si es externo y procede de Occidente.

Esta influencia del pensar teológico-jurídico se incrementa con algo que los Occidentales miramos de reojo y en un segundo plano: La preparación teológica, primer paso que cumple un musulmán que aspire a una cultura (y función social superior).

NOTAS

[1] En árabe,”via” o “senda”, “el camino del manantial”

[2] Visto el “derecho” como un conjunto de principios y normas,expresivos de una idea de justicia y de orden,que regula las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva.

[3] En el Norte de Afganistán y ante la ola de robos desatada en los caminos conducentes a la ciudad de Maimana,algunos Ulemas reclamaban la amputación de la mano derecha a los ladrones ,como forma de frenar la ola delictiva..

[4] Se traduce como La Recitación.” Su forma de predicación era similar a la de los adivinos paganos.De ahí tomó Mahoma la prosa rimada que otorga al Coran su típico carácter.

[5] Por ejemplo,el Pashtunwali,codigo de ética y conducta de los pashtoo existia antes de la llegada del Islam a Afganistán.El Pashtunwali aún se aplica entre la etnia pashtoo,la más poderosa en el citado pais

[6] En el Norte de Afganistán hay excelentes viñedos y se confeccionan buenos vinos.Los afganos lo toman alegremente ,sin distinguir entre “estado de embriaguez” o tan solo “ingesta de alcohol”.

[7] Hégira:Huida de Mahoma desde La Meca a Medina

[8] El bahasa indonesio es la lengua de dicho pais.

[9] Advertencia o aviso con que se intenta persuadir

[10] Donde se determina u ordena algo

[11] En arabe: “Bizmilla ir -Rahman -ir Rahim”

[12] También resulta de esto que las más antiguas “suras” estén al final.

[13] Pude ver antiguos ejemplares del Corán en una pequeña mezquita en Afganistán.A pesar de no ser musulmán,los ancianos vigilantes del templo,previo pago de 50 afganis a cada uno,hicieron “una excepción” dado que yo “provenia de una tierra muy lejana”.Los libros,copiados a mano,eran verdaderas joyas

[14] Mahoma es considerado el primer Hafiz. Los hay desde niños,adultos y ancianos.Muchos de ellos no leen el arabe pero memorizan el Corán

[15] Está prohibido reciclarlo,reimprimirlo o tirar copias viejas.

[16] Conocí a uno de estos maestros en el Sahara Occidental,en la región llamada Mijek.A diario venian saharauis a consultarlo,algunos de lugares muy lejanos.

[17] Creada por Muhammad ibn Abd Al Wahhab (1703 -1792) ,es una escuela radical e intransigente.Sostiene que las únicas leyes válidas son el Coran y los Hadiz

[18] Fundada por ABU HANIFA

[19] Fundada por el IMAN MALIK

[20] Fundada por el IMAN SHAFI Í,conocido como “El primero entre iguales” por sus conocimientos de religión.Es referente para los eruditos islámicos.

[21] Fundada por el IMAN AHMAD HANBAL.

¿SACRALIZACIÓN DE LO PROFANO Y PROFANACIÓN DE LO SAGRADO?

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

Los valores revelados de la religión son reducidos por el lacismo a una cuestión de conciencia personal (cada quien puede adherir o no a ellos según su propia libertad de conciencia), que opone como valores sociales generales aquellos que son el resultado de un desarrollo social e intelectual milenario: básicamente la democracia garantizada por un estado secular, con todo lo que ello encierra.

Por lo dicho, desde la religión se han alzado muchas voces acusando al laicismo de “sacralizar” aquello que antes era “no sagrado”, es decir de dar un tratamiento de sacro a lo que es profano. Desde este punto de vista el laicismo es censurado por ensalzar como valores absolutos conceptos como el de “democracia” y el de “libertades individuales”. Implícitamente hay en esta acusación una más: la de profanar lo sagrado.

Ahora bien, cada religión es sagrada para quien la profesa; para el resto de las personas no lo es, aunque este resto de las personas bien puede considerar cualquiera o todas las religiones como tradiciones respetables. El concepto de sagrado es meramente religioso y siempre autorreferencial. Cada religión se considera sagrada a sí misma y no a las demás.

Podrá oponerse a esta afirmación el caso del Islam, que pondera el origen abrahámico del judaísmo y reconoce en Jesús un profeta; pero lo cierto es que pese a atribuir al judaísmo y al cristianismo un origen sagrado, los considera errores –lo acertado es el Islam, obviamente-, y no hay errores sagrados. En realidad, para el Islam el cristianismo y el judaísmo son la planta degenerada de una semilla santa.

Lo mismo ocurre con el cristianismo respecto del judaísmo: para los cristianos los judíos podrán ser, al menos desde el discurso, los “hermanos mayores”, pero también son un pueblo que no ha seguido a Cristo, que para la gran mayoría de las confesiones cristianas es Dios mismo; el actual camino de los judíos, por ende, aunque venerable hasta cierto punto, no deja de ser un extravío, y no hay extravíos sagrados. Desde el punto de vista de los creyentes judíos la perspectiva es menos compleja y más llana: el cristianismo y el Islam podrán ser socialmente respetables, pero religiosamente son repudiables, porque implican una aberración foránea de su fe nacional.

Si elegimos una religión cualquiera, veremos que la mayoría de los seres humanos no la profesa. El propio cristianismo, que es la religión más difundida del mundo (en realidad es una suma de confesiones estrechamente emparentadas, pero también divergentes y, con frecuencia, enfrentadas entre sí), no es profesado por la mayor parte de la humanidad, e incluso en los países tradicionalmente “cristianos” un altísimo porcentaje de la población no lo profesa en la práctica y solamente lo asume como una suerte de tradición que únicamente cobra visos de verdadera fe en momentos personalísimos, como cuando un individuo de ordinario no “practicante”, ante situaciones de temor o sufrimiento especialmente intensas recurre a la oración o se apega a la fe (generalmente la que le legaron sus mayores).

Hemos establecido dos hechos: que cada religión es sagrada solamente para quienes la profesan y que todas las religiones, por masivas que sean, son profesadas por una minoría de la humanidad.

Volvamos ahora a la acusación de que el laicismo promueve que conceptos como “Estado”, “democracia”, “libertades individuales”, etc., sean considerados valores absolutos, y que por ende los sacraliza: lo cierto es que no hay absolutos en la teoría laicista, sino conceptos teóricos desarrollados racionalmente que se ponen en práctica con la intención de ampliar el marco de libertad de cada ciudadano sin que las libertades de unos menoscaben las de otros. Si no hay absolutos, mucho menos sacralidades de ningún tipo.

Habida cuenta de que no hay valores que puedan ser considerados sagrados por toda la humanidad (de universalizarse realmente un sistema de valores que rigiera minuciosamente la vida cotidiana de todas las personas, sólo sería por la fuerza), hay que buscar una forma de gestionar el Estado (las sociedades modernas se han dado un Estado) que permita que en la sociedad pueda circular cualquier sistema de creencias y que pueda ser adoptado por quien quiera adherir al mismo y vivir según sus normas, sin que ello redunde en la imposición de ese sistema de creencias y esas normas de vida a otros que no consideran acertado adherir a ellos.

Un Estado democrático y verdaderamente laico es la solución que hasta ahora se presenta como la más factible para realizar esa intención de respeto por la libertad de conciencia y la diversidad de creencias.

Además de la acusación de que laicismo sacraliza el Estado, la democracia, etc., también circula la acusación de que el laicismo ya se ha aplicado y que sus resultados han sido nefastos. Ya hemos desmentido esa calumnia en este mismo blog (ver ACHACANDO CULPAS AL LAICISMO).

EL RETO DEL LAICISMO EN MÉXICO

(Ponencia de Gilberto Rincón Gallardo, Presidente del Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación, ante el Grupo Permanente por la Tolerancia Religiosa, Cámara de Diputados, México, D. F., a 18 de mayo de 2004)

La sociedad mexicana está experimentando una fuerte transformación. Ya ningún país está fuera de la influencia de otras naciones y ninguna cultura puede permanecer impávida frente a una globalización que se introduce en todos los espacios de la vida colectiva. Las sociedades actuales, y México no es la excepción, se hacen cada vez más complejas conforme se modernizan y se abren al exterior. Grandes fuerzas en la economía y en la política favorecen esta transformación.

Nos guste o no, la aldea local en que crecimos se convierte a pasos agigantados en una aldea global.

Pero debemos reconocer que a este cambio contribuyen también procesos que son menos visibles. Los individuos buscan encontrar un sentido a su vida tanto en las antiguas respuestas como en las nuevas que aparecen día con día.. La apertura política, económica y cultural de las sociedades ha dado lugar también a que la respuesta única a las cuestiones de fe ahora se presente ahora como una respuesta entre varias.

La democracia fomenta la libertad, y la libertad fomenta el pluralismo. Sólo el pensamiento conservador considera que la pluralidad y la existencia de minorías es un daño que hubiera que corregir. El pensamiento progresista sabe que la salud democrática de un país se mide no por la gran fuerza de sus mayorías, sino por los derechos que ejercen las minorías.

Es un acto de honestidad intelectual admitir que actualmente experimentamos un cambio significativo de mentalidades en México. Debo decir que este cambio es para bien.

He mencionado causas sociológicas e incluso, puedo decir, espirituales. Pero también veo en este cambio de mentalidades el resultado del derecho que la democracia reconoce a los ciudadanos para elegir libremente sus orientaciones ideológicas y religiosas.

El pluralismo político y el pluralismo religioso comparten el suelo nutricio del Estado laico y respetuoso de los derechos fundamentales de la persona.

¿Qué significa esto? Significa, ante todo que, independientemente de nuestras convicciones personales, debemos admitir que México ya no es una sociedad culturalmente monolítica.

De hecho, nunca lo ha sido, pero ahora, con mayor razón, es necesario reconocer la pluralidad cultural y religiosa como un rasgo irrenunciable e irreductible de nuestra experiencia colectiva.

De ahora en adelante, no sólo debemos acostumbrarnos al hecho de que somos una sociedad plural, sino que tendremos que adecuar nuestras instituciones públicas para que sean capaces de hacer convivir a esta pluralidad en el marco de un régimen de leyes.

México es un país verdaderamente plural, sobre todo en los aspectos más significativos: plural en formas de vida, en visiones de la moralidad, en proyectos sociales, en creencias religiosas.

Necesitamos por ello reconstruir el Estado laico para que sea capaz de convertir esta pluralidad en riqueza social y no en fragmentación y enfrentamientos.

Esta pluralidad política, cultural y religiosa, debe acompañarse de un marco definido de convivencia y bienestar común a los diferentes grupos, asociaciones o religiones que componen el mosaico plural de creencias en nuestro país.

La formula para la convivencia de la pluralidad es el laicismo. Sabemos que el laicismo es el recurso que el mundo moderno encontró, y que el Estado mexicano retomó como principio, para evitar tanto la crispación en las relaciones entre el Estado y la religión, y para impedir que las divisiones de creencias religiosas fracturaran de forma irremediable a la comunidad política.

El laicismo es una solución positiva para la convivencia entre religiones mayoritarias y minoritarias, y para evitar que las creencias de unos cuantos se hagan dominantes a través de la fuerza del Estado y no de la del convencimiento y la persuación legítima.

Pero el laicismo no es, como se ha pretendido hacer creer con frecuencia, un espacio vacío y sin valores propios. El laicismo no es el residuo que queda frente a los grandes valores morales o religiosos de los particulares.

El laicismo tiene valores propios como la tolerancia, la libertad de credos, los derechos de la persona y la igualdad de todos ante la ley; valores sin los cuales el mundo democrático sería inexistente. El laicismo debe ser, en una sociedad abierta y pluralista, la ética que ha de regir la vida pública y la convivencia entre la pluralidad de la nación.

Es necesario defender el laicismo porque es un fundamento del orden político que asegura el goce de su libertad religiosa a las minorías confesionales. En este sentido, una sociedad laica, es sinónimo de una sociedad abierta a todas las interpretaciones del hecho religioso. Ese es el sentido positivo del laicismo.

Así que no basta con la aconfesionalidad del Estado para decir que éste es laico. Es necesario que sea militantemente defensor de la pluralidad y del ejercicio de las libertades de credo y de pensamiento; que sea protector de las minorías frente a la amenaza ilegítima de las mayorías, y que sea promotor de una educación pública orientada por el pensamiento crítico y los valores humanistas.

Las grandes corrientes religiosas presentes en México, por grandes y profundas que sean las diferencias entre sus distintas concepciones de lo sagrado y lo profano, pueden encontrar un marco de cooperación que sea benéfico tanto para cada una de ellas como al país en su conjunto.

Una sociedad que se identifica firmemente con un orden jurídico justo, es decir, que respeta plenamente las libertades fundamentales, los derechos de participación política y la libertad de culto de cada uno de sus miembros, puede ser, a la vez una sociedad plural y una unidad política que no tenga como cohesión el autoritarismo.

Bajo este supuesto, las diferencias de credo entre diferentes grupos sociales y la pluralidad de prácticas religiosas son perfectamente compatibles con la idea de un proyecto común de nación.

La democracia es un proyecto para solidarizar el México diverso y para conjuntar la pluralidad en proyectos de beneficio común. No nació para borrar esas diferencias que dan riqueza a nuestra vida colectiva. En cuanto defendamos el laicismo y la separación entre el Estado y las iglesias, defendemos también el diálogo entre confesiones religiosas y el diálogo entre éstas y el Estado. Todo ello de manera abierta y transparente.

Muchas gracias

Libertades Laicas. Programa Interdisciplinario de Estudios sobre las Religiones(PIER), El Colegio Mexiquense, A.C. Ex Hacienda Santa Cruz de los Patos, Zinancantepec, CP 51350, México, Teléfono: (+52) 722 279 99 08, ext. 215 y 216. Correo electrónico: libertadeslaicas@cmq.edu.mx Libertades Laicas red iberoamericana por las libertades laicas

JOSEPH RATZINGER Y SU VISIÓN DE LAICISMO – Una aclaración de conceptos

Declaración pública de FLUCH (Federación Laica Universitaria de Chile) luego de dichos de Benedicto XVI

Por: Elvis Ríos, Presidente Grupo Laico Darío Salas Nº7

El día viernes 3 de septiembre de 2010, en la versión online del diario El Mercurio, pudimos ver el siguiente encabezado:

“Papa Benedicto XVI denuncia existencia de una “corriente laicista que quiere eliminar a Dios” [1]

Esto, contextualizado en la última publicación del físico Stephen Hawking, libro en el que el científico declara que “No es necesaria la existencia de Dios para explicar el origen del universo. Por el solo hecho de existir la ley de gravedad, es una consecuencia inevitable que el universo se cree a sí mismo de la nada. Suponer que hubo un Dios que encendió la mecha de esa gran explosión es redundante.”[2] La cita anterior ha abierto un debate en el mundo entero en el que diversas opiniones, provenientes de los mundos religioso y científico han querido defender sus posiciones.

Creemos necesario sin embargo, enfocarnos en los dichos del pontífice, puesto que su visión del laicismo nos parece poco acertada, si no mal intencionada. Analizaremos el discurso papal y esperamos aclarar de primera fuente qué es laicismo y que no es.

“El laicismo más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos, a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal, que dicte una enseñanza laica, aconfesional, con instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, sexuales, en conclusión, de ningún tipo” -Alexander Linford, Presidente FLUCH

1- “Hay una fuerte corriente laicista que quiere eliminar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad”

Si existe tal cosa como esa corriente, se le debe llamar antiteísta y no laicista, puesto que el laicismo defiende la libertad de culto, y por lo tanto, el derecho de cada persona a ejercer el culto que estime verdadero. La separación iglesia-estado (constitución de 1925)[3] precedente del laicismo en Chile los grupos protestantes, judíos, y de otras confesiones menos dominantes que el catolicismo establecido desde la conquista, pudieran ejercer su fé, organizarse y establecer templos acordes a sus creencias.

El laicismo no quiere eliminar a dios de la vida de las personas, sino permitir que todas las personas tengan la libertad de escoger y vivir según la religión que prefieran. Lo cual no era posible antes de la separación, puesto que la constitución establecía que “La religión del Estado es la católica, apostólica y romana, con exclusión de cualquier otra”.

2-“La cultura actual, en algunas regiones del mundo, sobre todo en Occidente, tienden a excluir a Dios o a considerar la fe como un hecho privado, sin que sea pertinente para la vida social”.

Veamos los tipos de estado[4]:

Estado ateo o ateísmo político o totalitario. Cuando el ateísmo es la doctrina estatal. La URSS, creada en 1917 fue el primer estado ateo, sus defensores ideológicos fueron Lenin y Stalin

Estado laico o religiosamente neutral. El Estado admite todas las religiones pero no apoya ni financia a ninguna. Hay varios modelos, entre ellos la laicité francesa; la Wall of Separation de EE UU y el modelo turco

Estado multi-religioso o multicultural. El Estado ayuda y financia a todas las religiones por igual. Mantiene a sus clérigos, sus templos y sus actividades. Este modelo se reivindica, fundamentalmente, por religiones que se encuentran en minoría en distintos países.

Estado que tiene una Iglesia oficial. El Estado e Iglesia colaboran estrechamente en tareas de gobierno y mantenimiento del orden público. Se toleran otras iglesias pero no se financian. Este modelo junto con el siguiente, en distinto grado, se reivindican por las jerarquías y grupos fundamentalistas del catolicismo, islam y el judaísmo.

Teocracia. Es el sistema opuesto al ateísmo político. Una sola religión es favorecida, se aplican las leyes que conciernen a esa religión y las otras religiones son suprimidas. Se mantiene en Arabia Saudí y se instauró en el poder en Irán a partir de 1979, Sudán y Afganistán probablemente la apliquen y en casi todos los países musulmanes se aplica en cierta manera. Turquía es el único estado musulmán laico

Sin bien la religión es un asunto personal, la experiencia religiosa suele experimentarse en grupos de personas, y un estado que prohíba o busque coartar la libertad de las personas de reunirse, sería un estado totalitario. El estado laico permite la libre reunión de los ciudadanos cuando los fines de estos grupos no están contra la ley. El laicismo no cree que la religión deba ejercerse solo en lo privado de la conciencia, sino que una religión no puede tener la atribución de ser legislador, puesto que ello iría en detrimento de todas las personas que no profesen la misma confesión religiosa.

3- “Según argumentó el Papa, la totalidad de los valores sobre los que se basa la sociedad provienen del Evangelio, como lo son el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia”.

El evangelio al que se refiere Joseph Ratzinger fue escrito entre el 65 y 100 D.C., mientras que los grandes pensadores griegos vivieron antes de los 500 A.C., también sistemas religiosos como el hinduismo datan de aproximadamente 3500 años. Decir que el cristianismo es EL modelo moral y cultural que entrega sentido de dignidad, solidaridad etc. Es, cuando menos, de un etnocentrismo que obviamente contradice lo que sabemos del mundo.

Es innecesario recordar que nuestras sociedades republicanas se basan en la revolución francesa y en sus principios; en la declaración de derechos humanos y no en el decálogo de Moisés. Es también innecesario profundizar en las inequidades que detonaron dicha revolución, inequidades propias de un régimen monárquico en el que el clero gozaba de privilegios mientras el pueblo vivía en la pobreza. Las diferencias entre las repúblicas actuales y las teocracias medievales y actuales, son tan drásticas que no las mencionaremos.

4- “La experiencia enseña que un mundo sin Dios es un infierno en el que prevalecen los egoísmos, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, de alegría y de esperanza”, añadió.”

Se dice de esta forma que la moral es producto de la religión. Que sin ella no existe el comportamiento ético. Ante esto nos preguntamos: ¿Cómo viven aquellas personas no religiosas? ¿Y aquellas como los budistas, que no derivan de alguna religión mosaica? ¿Son sociedades de asesinos, odiosos, amargados y desesperanzados? Por otro lado, ¿acaso no asesinan, roban, y odian las personas de religiones monoteístas?

Darwin declara que el hombre es un animal social[5], y que su comportamiento moral esta guiado por la necesidad de proteger la vida de aquellos en su manada, así, vemos que esta simple ley se cumple en cuanto las personas defienden siempre la integridad de quienes integran sus círculos, pero no tienen problemas en atacar a quien está fuera de ellos, escenario también descrito por Darwin por cuanto esta conducta es común en las tribus primitivas, llegando al sacrificio y canibalismo de oponentes, cosa aún observable en las guerras y conflictos donde los hombres se enemistan. No solo Darwin se ha ocupado de pensar en dónde se origina la moral, como dijimos, ésta es inherente a todas las culturas humanas, y la no creencia en un dios no implica la pérdida de la moral ni del resto de las características propias de los seres humanos.

Por último, Ratzinger dice que ‘afirmar que todo es lo mismo y que no hay ninguna verdad ni referencia absoluta, genera inestabilidad, decepción y conformismo…’ Ante esto, solo podemos decir que como personas del siglo XXI, republicanas y laicas, estaremos siempre en desacuerdo de las verdades absolutas que busquen ser impuestas. Sean católicas o no, religiosas o políticas. Defenderemos siempre el derecho de la opinión y la divergencia. Y estamos seguros de que esta diversidad de opiniones no debilitará nuestras sociedades, sino que reforzará nuestra tolerancia y educará una mejor convivencia.

[1]http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=434178&utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

[2]http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Dios/creo/Universo/asegura/Stephen/Hawking/elpepusoc/20100902elpepusoc_6/Tes

[3] http://www.memoriachilena.cl/temas/dest.asp?id=presidentesconstitucion

[4] Paul Cliteur, Esperanto moral, Barcelona, Los libros del lince, ISBN: 9788493703813, 2009

[5] Charles Darwin, El origen de las especies. Editorial Alba, Madrid (2001) ISBN:84-89715-47-5

PALABRAS DE CLAUSURA DEL PRIMER SEMINARIO LATINOAMERICANO DE LAICISMO

1.- Introducción. El laicismo siempre ha sido la doctrina que defiende la independencia de la sociedad y del Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa, y siempre ha sido la inspiración para que en la sociedad, particularmente en la escuela, por respeto a la conciencia de cada ciudadano, no se introduzca ni establezca ningún dogma religioso. Favorecer a un culto es marginar a otros.

El laicismo permitió la secularización de los derechos y las libertades fundamentales a la vez que contribuyó a consolidar las instituciones democráticas en un plano de mayor igualdad y tolerancia. Correspondió al laicismo y a sus figuras patrióticas y libertarias más esclarecidas la inmensa tarea de desprenderse de la religión única y exclusiva, conque se sometió, por decenas de años, a pueblos enteros. ¡Cuánto se luchó para tener derecho siquiera a enterrarse sin estigmas ni prohibiciones!

El laicismo, con más o menos éxito, aún separado y disperso como ha estado, ha sido capaz de enfrentarse a todos los totalitarismos religiosos, a los dogmas eternos e inamovibles y a los poderes sacramentales definitivos e inapelables, destinados a mantener a la sociedad bajo la dependencia de la jerarquía institucional de las iglesias. Con la pretensión de regentar las conciencias y legitimar los gobiernos, ya en 1520, el obispo español Diego de Landa hizo quemar en una plaza pública los libros de los mayas.

El laicismo ha venido lentamente liberando al hombre de la servidumbre con que han querido someterlo los movimientos fundamentalistas e integristas. En nombre de la infabilidad literal de los textos sagrados y la inamovilidad de las tradiciones se ha querido la libertad. Pero no crea que solo con la separación de la Iglesia y del Estado se logra un Estado Laico que reconozca de veras la libertad de conciencia y los derechos fundamentales del hombre, sino que se necesita, como base ineludible e inequívoca, una sociedad que crezca y se desarrolle en un ambiente de paz, diversidad y pluralidad en lo político y moral.

Desde 1790, cuando se emprende la tarea de definir en América Latina los límites de nuestros Estados, tal como ocurrió en África y el Cercano Oriente, las fronteras fueron trazadas según los intereses políticos y religiosos de los centros dominantes, sin tomar en cuenta las fronteras étnicas ni las regiones geohistóricas antiguas. La religión católica, violentando la libertad de conciencia, terminó por imponer a la población sus convicciones arbitrarias y por dejar a los indígenas sin acceso a los centros urbanos, a los bienes y beneficios rurales. Aún hoy, con centenarios padecimientos, los indígenas suelen vivir 10 años menos.

El laicismo, no obstante la gigantesca y agresiva actividad religiosa cumplida por la iglesia, ha tenido el vigor necesario para responder al catolicismo que ha pretendido convertirse en actor político y reclamar espacios que sobrepasan los márgenes de la tolerancia y la libertad de pensamiento al pretender reglamentar la vida personal y oprimir la vida ciudadana. A ninguna religión, teniendo la imagen rediviva del fanatismo inexorable de Tomás de Torquemada, se le puede permitir desbordar los límites de la conciencia individual y colectiva.

El laicismo es patrimonio de la soberanía popular y de la libre determinación de hombres y mujeres, porque permite la emancipación de todos aquellos poderes oscuros que limitan la justicia, la libertad, educacional y religiosa, y la expresión de todos los proyectos éticos contemporáneos.

Sobre bases laicas, no místicas ni sectarias, las ideas pueden desarrollarse en un ambiente de comprensión y tolerancia sin imposiciones que lesionen y perturben el libre ejercicio del pensamiento. La sociedad no es un recinto teologal, sino un lugar de entendimiento humanista, de respeto a todas las creencias y base legítima del Estado. En una sociedad que debe estimular la libertad individual y el derecho a la libre escogencia política, no pueden tener cabida el autoritarismo político ni el dogmatismo religioso. La ciencia, la educación, el arte, el gobierno y la creación en sí misma, suelen expresar opciones religiosas y políticas, pero no pueden estar limitados por la opresión del pensamiento arbitrario e intolerante.

2.- Desafíos del laicismo. Después de la dura lucha desarrollada desde el siglo XVIII en que la iglesia y el estado se disputaron la escuela y la universidad, el laicismo moderno ha tenido que levantarse frente al restauracionismo romano ante sus pretensiones de revitalizar a la iglesia como poder político y ha tenido que engrosar su voz respecto de las sectas y grupos religiosos excluyentes con signos de limpiezas étnicas.

Se ha dicho que en los 40 años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se registraron 88 guerras mientras que desde 1945 han estallado cerca de 200 guerras de alta intensidad, la mayor parte a consecuencia de conflictos étnicos y religiosos (Yugoslavia, Serbia, Ruanda, Somalia, Sudán, Burundi, Georgia, Chechenia, Timor Oriental), que han constituido peligros de la magnitud de los originados por la Guerra Fría (1949-1990).

El laicismo, a pesar de su inorganicidad, ha levantado su voz ante la formación de gobiernos religiosos como los de Sudán y Afganistán, ante los atentados de Irlanda del Norte, Turquía, Kenia y Argentina, ante las luchas internas como en las ex repúblicas soviéticas musulmanas, en India, Nigeria, Sudáfrica y ante los movimientos separatistas del Cáucaso, Indonesia e Irlanda del Norte, en esta última donde se enfrentan protestantes y católicos desde el siglo XVIII.

Católicos, protestantes y musulmanes quieren resolver sus diferencias con sangre y todos quieren tener un Dios hecho a su medida, que los ampare y favorezca y que, también, los justifique en sus desmanes e intereses.

En América Latina no menos de 30 partidos, con confesionalidades encubiertas, en los Parlamentos de Brasil, Perú, Guatemala o Colombia, son los nuevos adversarios del laicismo y la moral laica que es expresión de la universalidad de los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. Esa realidad explica, en buena medida, que apenas el 25% de los latinoamericanos esté satisfecho con el funcionamiento del sistema democrático. Solo el fundamentalismo protestante cuenta, en Estados Unidos, para incidir en las preferencias políticas de los electores, con más de 200 compañías de televisión, 1.500 radioemisoras y una red de universidades, colegios y escuelas.

Los grandes medios de comunicación, privados y comerciales, han pretendido reemplazar a los partidos políticos y no han podido persuadir que la democracia como está ya no responde a las necesidades de la población. El desequilibrio informativo y la marginación comunicativa mantienen la dependencia y bloquean las posibilidades de los ciudadanos para que participen, de alguna manera, sin interferencias indebidas, en la vida nacional de cada pueblo. La libertad de expresión de grandes sectores, está frecuentemente confiscada por grupos poderosos, aliados de fundamentalismos políticos, económicos y religiosos.

El laicismo tendrá que renovar sus esfuerzos para contribuir a crear el clima necesario a fin de que, por lo menos en América Latina, con 500 millones de habitantes, y que en 30 años más crecerá en 200 millones, se expresen la tolerancia, la justicia social y el pleno derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, en su artículo 59, dice que “nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos”.

Esa es la meta ideal del laicismo, la plenitud del pensamiento libre y el humanismo en su expresión superior.

3.- Hacia la unidad del laicismo. Tengamos la seguridad que el laicismo será la doctrina básica más democrática para el entendimiento futuro de todos los movimientos que luchen por una verdadera democracia solidaria, cualesquiera sean los nuevos centros de poder mundial –Estados Unidos, China, Rusia o Unión Europea– y las nuevas fórmulas que encuentre el mundo venidero para introducir cambios sustanciales que modifiquen, en beneficio del hombre, las viejas, gastadas e injustas estructuras políticas y jurídicas.

Han pasado casi 200 años de independencia de nuestros pueblos y aún fuertes sectores de la población viven en la miseria, sin que nadie les pueda escuchar su largo quejido por la justicia. Si bien más de 100 países se han desprendido de regímenes dictatoriales y violentos en los últimos 20 años y la mayor parte de la humanidad vive en democracia, todavía está muy lejos una situación satisfactoria. Se necesitarían más de 100 años para que un pobre, víctima de derechos fundamentales, como el trabajo mismo, pueda obtener para los suyos lo que un gerente de una transnacional gana en una o dos horas. El viejo Michelet decía, no sin razón, que el Siglo XVI descubrió al mundo y al hombre; desde entonces van siglos de atraso y pobreza, con tiempos como éstos de insólita desigualdad.

Ninguna doctrina mejor que el laicismo para que los valores inapreciables de la tolerancia y la justicia se desarrollen y crezcan en favor del respeto a la libertad de pensamiento, a la dignidad y destino de esos hombres y mujeres, tantas veces postergados por sus creencias, su raza, su nacionalidad o su educación que, siendo un derecho, les ha excluido. Nada impide más el acercamiento humano que la desigualdad en el saber.

Parece que las iglesias, que sin mucha discrecionalidad han cogobernado, y aún los partidos políticos sienten su influencia quebrantada frente al laicismo al que, por su persistencia libertaria, ven como rival y adversario en el mundo de hoy. El laicismo jamás ha pretendido reemplazar la política o la religión, sólo ha reclamado que todos los factores de la sociedad abran paso a la espiritualidad y a los valores positivos y elevados como los suyos que humanizan y enaltecen.

El Presidente del Centro de Acción Laica de Bélgica, CAL, Philippe Grollet, en una notable vanguardia de una comunidad filosófica no confesional, ha llamado a echar las semillas de la unidad orgánica del pensamiento laico para escribir desde ahora, necesariamente juntos e integrados, la página liberadora que reclama la propia entraña de nuestros pueblos. Dispersos, en verdad, no existimos, pero juntos seremos capaces de subrayar la palabra multiplicada de libertad que escasea en el escenario político y religioso de la sociedad contemporánea.

Si rescatamos la memoria histórica de nuestros pueblos, si redescubrimos sus raíces verdaderas y volvemos sobre aquellos hombres que hablaron y no hemos podido escuchar bien en sus palabras, de seguro que fortaleceríamos las banderas del laicismo como expresión de la dignidad de nuestros pueblos. Nos independizaron ciertamente, pero no alcanzaron a darnos la independencia sobre yugos que aún permanecen en los púlpitos con desplante tradicional y romano. El Gran Maestro de la Masonería Chilena y Presidente del Instituto Latinoamericano de Estudios Contemporáneos, Prof. Jorge Carvajal Muñoz ha hablado del clericalismo soberbio, con irrevocable certeza.

El laicismo es luchar por lo nuestro, es abrir las ventanas de la comprensión y la justicia y es luchar sin tregua contra todos los fanatismos, que perturban y distraen en la tarea común del bienestar irrevocable del hombre.

La salvación nacional y democrática de nuestros pueblos, en su identidad social, étnica, cultural y política, sin intromisiones foráneas, está, como brújula en la marejada, en el laicismo que hoy ha exaltado este Primer Seminario Latinoamericano para que haya libertad, paz y justicia.

Nada nos separa, la unidad de los que luchan y trabajan por el laicismo se está sellando hoy y esta es la hora de celebrarlo, sin pérdida de tiempo.

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Palabras de clausura del Primer Seminario Latinoamericano de Laicismo realizado en Santiago de Chile, del 27 al 30 de octubre de 2004, organizado por la Universidad La República, el Centro de Acción Laica de Bélgica, CAL, y el Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, ILEC. Santiago de Chile, 31 de octubre de 2004.

UNA OPINIÓN DESDE ECUADOR

VISIóN CRíTICA DEL LAICISMO EN AMÉRICA LATINA

(publicado en enero de 2007 en jeamilburneo.blogspot.com)

Pues bien, iniciaré citando del acopio de frases ajenas: “que el laicismo no es otra cosa que un marco de relación en el que los ciudadanos podemos entendernos, sin entrar en temas a los que cada individuo aplicamos nuestras íntimas convicciones personales. Laicismo es levantar puentes que permitan comunicarnos desde la desigualdad, pero en convivencia, porque se trata de unir lo diferente. Laicismo es sinónimo de tolerancia. El laicismo carece de connotaciones doctrinarias y no se ve obligado a luchas anticlericales, aunque las doctrinas sean legítimas, y sea legítimo también no estar de acuerdo con ciertas posturas del clero. Gracias a esta concepción del laicismo nos es dado ver en cada uno de nuestros conciudadanos a seres libres e iguales a nosotros, sin que nos deba importar la etnia a la que pertenezcan, el partido político al que voten o las convicciones que zarandeen su espíritu.”
Evidentemente, la separación del estado con la iglesia, deviene de una suerte de eslabón necesario para conseguir el ejercicio pleno de las libertades y que satisfaga la necesidad imperiosa de ser tratados todos por iguales. Precisamente estos preceptos tomados como emblema de algunos grandes cambios históricos (libertad, igualdad y fraternidad) y expresados no solamente en este tema y cuerpo ideológico (pues precisamente subyace a la expresión de ideas…. sobre el manejo del estado, la pretensión del bien común, la coexistencia pacífica, ideas generatrices… etc.) evidencian el arduo trabajo que implementan algunos grupos referidos a la consecución del laicismo “real”, coligiendo esta demarcación justamente en la certeza de que del dicho al hecho hay mucho trecho. Tomando distancias con el inmovilismo propio de los “consensos y la tolerancia”, casi se hace imperativo elevar una voz de alerta, ante el estado de laicismo en nuestro país y el Latinoamérica.

En el terruño propio (ciudad de Loja en Ecuador) y siendo un simple espectador de los acontecimientos que se han encaramado en la prensa local, muchas veces pasamos por “normal” las imprecaciones ostentadas por personajes que les da por fácil y lógico en erigirse en los custodios del bien moral público. En otras partes dichas declaraciones altisonantes incluidas en alusiones provocan la ira entendible de quienes han dado a llamarse librepensadores contemporáneos, desde legislaciones relacionadas a la libertad de procreación, el retorno sutilmente esperado de la asignatura de religión en los establecimientos mayoritariamente privados, lo cual no importaría, pero también la sólo idea de ponerlos en la mochila del escolar fiscal ecuatoriano (como alusión a la mediocre actuación de Durán Ballén). No se diga la inmutabilidad del clero lojano ante el requerimiento ciertamente razonable, de aquella junta parroquial elegida por la mayoría de habitantes del sitio preciso en donde se levanta la basílica de El Cisne, indignados reclamos, éstos últimos, que han pasado de los encendidos debates seudo políticos a pequeños murmullos mediáticos… silenciados de una manera curiosa.

Precisamente, es que nos pasa aquello… que el laicismo o la laicidad (si de moderar posiciones adogmáticas se trata) del hoy, ha dejado por saldar algunas cuentas, de aquellas afirmaciones de “primera generación” entre las cuales irrenunciablemente hoy podemos dejar sentado por obvias algunas instituciones laicas como el matrimonio civil, el voto femenino, la educación fiscal, a los requerimientos contemporáneos antes la mencionada arremetida en el sentido contrario.
“Nos encontramos, pues, conque nuestro declarado laicismo vuelve a ser relevante. Y lo es, porque su objetivo no sólo apunta a enfrentar el dogmatismo religioso. El laicismo nació como una barrera que debía proteger la libertad de pensamiento frente a la superstición, al fundamentalismo, al totalitarismo. Era el faro que debía irradiar sobre la sociedad la tolerancia, como factor indispensable para que ésta pudiera desarrollarse.
El laicismo hoy, más que nunca, hace honor a su definición contra cualquier tipo de dogmatismo, sea político, social, económico, religioso. Pero, al mismo tiempo, se define por ganar cada vez mayores espacios para la cultura de los ciudadanos. Por recuperar en las instancias mediáticas ciertos niveles de educación que la comunidad tiene que recibir. De ello depende, en gran medida, la fortaleza moral que acompañará a la sociedad. Porque son los medios quienes hoy fijan pautas de comportamiento, imponen costumbres y modas. Por la vía de la estética llega a la ética y de allí estimulan comportamientos morales que ciudadanos poco informados y ya influidos por mensajes abiertos o subliminales de extraordinaria potencia, no son capaces de rechazar. Están incapacitados para ejercer de manera adecuada el discernimiento.
Este es otro de los compromisos del laicismo. Un compromiso que tiene que ver con la igualdad. Con la necesidad de que todos dispongamos de la posibilidad de alcanzar estadios más altos de educación, teniendo como único límite nuestras propias capacidades intelectuales. Y, en las actuales condiciones, ya no basta con la instrucción en el aula. Sobre todo porque la estructura educativa cambió. En la actualidad, la madre debe enfrentar la necesidad de afirmar el presupuesto familiar haciendo aportes concretos a través de su trabajo, que generalmente realiza fuera del hogar. Por lo tanto, la formación que reciben sus hijos en casa proviene cotidianamente de la TV. Cada chileno tiene, en promedio, una sesión televisiva de tres horas diarias. Y si este resultado se estratifica por edad, el promedio horario aumenta en los más jóvenes.
El laicismo que podemos concebir en estos días debería visualizarse también como defensor del libre examen, rechazando la exclusión, estimulando profundamente la tolerancia, en la medida en que acepta la diversidad, luchando por conquistar nuevos espacio para el ciudadano en las más variadas actividades, aunando esfuerzos por intensificar la democracia, la solidaridad.
En la actualidad, el Congreso discute una ley de divorcio vincular (la cita se refiere a la situación chilena). La Iglesia Católica ha desarrollado toda su variada batería de presiones para impedir que tal proyecto gubernamental sea aprobado. De tener éxito en su propósito, Chile seguirá siendo uno de los dos países que en el mundo carecen de una ley que norme la separación de cónyuges que enfrentan un fracaso matrimonial. Tal realidad ha sido posible gracias a la férrea postura impuesta por las jerarquías eclesiásticas en el pasado.
Pero en esta oportunidad han ido más allá. Pretenden que el Congreso Nacional desconozca avances alcanzados a comienzos del siglo XX, luego de largas luchas en que el laicismo logró que Estado e Iglesia separaran sus esferas de acción.
Esta es la clara manifestación de un pensamiento conservador, fundamentalista, que intenta imponer sus particulares punto de vista a toda la sociedad. Independientemente del derecho que le corresponde a la Iglesia Católica de dictar normas morales para sus fieles, el conjunto de la comunidad no tiene por qué aceptar su visión de mundo. Es la libertad de pensamiento la que se encuentra amenazada.” (1)
Y es que a nuestro país le pasa algo parecido, sumergido en aquella aletargada somnolencia característica “la crisis” que ya por costumbre se nos ha vuelto cotidiana, se le ha pasado por alto acontecimientos preocupantes, vale decir esto ha ocurrido con la anuencia, por no decir complicidad, de los políticos quienes eluden recurrentemente el afrontar temas lesivos a la conciencia mayoritariamente confesional.
Y es que el problema, al fin y al cabo, se resume en la satisfacción también de las minorías, quienes no han tomado postura por la religión mayoritaria, deberían acostumbrarse y adaptarse a los parámetros de la mayoría?. Aquellas dudas abordadas ya hace mucho tiempo por los librepensadores, hoy son aún tema de discusión, en un entorno, que a nivel mundial ha extremada el odio racial y religioso.
El librepensamiento es propio del ser humano que ha evolucionado y que pone la Razón por encima de otras consideraciones acomodaticias cubiertas, casi siempre, por el manto de una religiosidad basada en prejuicios y dogmas indiscutibles y que considera a la humanidad como menor de edad, todo ello en beneficio de unas determinadas oligarquías que han hecho un ensamblaje perfecto entre el “Trono y el Altar” para mantener sus privilegios y su dominación sobre los diferentes grupos humanos.
Las castas políticas y religiosas han ido desde los tiempos antiguos, y durante muchos años, estrechamente unidas y de común acuerdo para dominar a la humanidad, ya que ello les resolvía a ambas su necesidad de defensa: defensa material contra el hombre mismo y los animales salvajes y dañinos, y defensa espiritual contra las fuerzas ciegas y brutas de la naturaleza.
Por ello la esencia del librepensamiento es su lucha contra las imposiciones ideológicas y los dogmas religiosos manteniendo como elementos básicos en su pensamiento la no aceptación, sin discusión y críticamente, de las ideas del poder establecido, el rechazo de la validez legitimadora de lo que algunos malentienden por tradición y la crítica de las autoridades establecidas.(2)
“El extenso y complejo subcontinente que es América Latina está sellado por un denominador común: la conquista y colonización hace cinco siglos por los imperios español y portugués, uno de cuyos elementos indisociables fue la evangelización católica. La instauración en el curso del siglo XIX de repúblicas independientes en América Latina, se inspira en el modelo liberal de la Revolución francesa y se promulgan las Constituciones que definieron los principios formales que idealmente debían orientar la nueva sociedad. Sin embargo, la necesidad de secularización, que subyace a los principios de libertad e igualdad, fue heterogénea y existe en América Latina diferentes grados de relación entre los Estados y la iglesia católica.
Es en América Latina, dónde por primera vez se refleja la idea de laicidad en una norma de rango constitucional: es el caso de la Constitución Política de los Estados Mexicanos como resultado del proceso iniciado en la Constitución de 1857 y posteriormente plenamente vigente en la de 1917, con artículos muy precisos en materia de educación, culto, propiedad, etc. Sin embargo, los ideales de modernidad le supusieron a México enfrentar la rebelión cristera (1927-1929), promovida por la jerarquía católica que se levanta contra la nueva Constitución y la República.
Existen otras Constituciones laicas, como la de Cuba y Uruguay. En el otro extremo países como Argentina y Bolivia siguen siendo Estados que sostienen el culto católico sin apreciables esfuerzos de separación.
Un aspecto común en los países es escuchar a políticos, intelectuales aseverar la ya existencia de separación entre Estado e iglesias, o declarar que los Estados son laicos; hipótesis que podría explicar el por qué la defensa de la laicidad no es un tema prioritario en la agenda política de las democracias latinoamericanas, además del costo político de enfrentarse a los poderes clericales. Sin embargo, esta posible laicidad formal –confusa en las Constituciones- queda anulada a través de un conjunto de normas que otorgan privilegios a la iglesia católica fundamentalmente, a cuya cabeza están los Concordatos con el Vaticano que son entendidos como acuerdos bi-nacionales de rango superior a las leyes comunes que implican injerencia de la iglesia católica en las políticas públicas, principalmente las educativas y por tanto, discriminación de las personas no católicas y vulneración del estado de derecho.
En febrero el 2004, se ha desatado una polémica en Argentina sobre la relación entre el Estado y la Iglesia Católica a partir de la candidatura oficial para cubrir la vacante en la Corte Suprema de Justicia de Carmen Argibay, por definirse como atea militante y a favor de la despenalización del aborto. La iglesia católica ha desarrollado una sostenida campaña para tachar esta candidatura, incluyendo un comunicado público de la Conferencia Episcopal Argentina. En ninguno de los argumentos de esta Campaña se cuestionan las competencias profesionales para ejercer este cargo; sino la manera de pensar de la jurista. Curiosamente, al igual que le ocurrió a Alfonsin con la ley de divorcio civil, esta será una prueba de fuego para el presidente Kirchner.
Ayudado por el marco legal, engañosamente secular, en las sociedades latinoamericanas, en distintos grados, la iglesia católica ha mantenido un rol de interlocutor privilegiado de los gobiernos, y un insistente protagonismo en las áreas claves de educación y políticas sociales. Si a esto se añade que América Latina es el continente con mayor número de población y organizaciones católicas en el mundo, es difícil suponer que el Vaticano renuncie fácilmente a su ejercicio de poder en el ámbito político, social y cultural de nuestros países.Una consecuencia de esta configuración es una fuerte inhibición por parte de los políticos a emprender un debate secular sobre las políticas públicas propiciadas por el Vaticano en los países donde posee influencia. El temor se sitúa no sólo ante el poder político de la Iglesia católica, sino ante el poder social, de control social, que tiene la iglesia católica, a través de un instrumento de vital importancia, la educación.
Un segundo aspecto importante es que estos “jueces de la moral pública”; difícilmente asumen la responsabilidad que adquieren al influir, limitar y trastocar las políticas públicas para impedir el libre desarrollo de los proyectos personales. ¿quién rinde cuentas de las miles de mujeres desescolarizadas por embarazos no deseados? ¿quién se hace responsable de la genocida omisión de oferta de condones y tratamientos para protegerse del VIH o sus consecuencias? ¿quién se hace responsable del familismo que implica miles de muertes de mujeres cada año asesinadas por sus parejas?. Las herramientas de los derechos humanos pueden ayudarnos a revisar la discriminación y exclusión de muchos hombres y mujeres producto de graves omisiones en nuestras políticas públicas. Este es un camino desde dónde podemos interpelar y exigir la secularización.
Un Estado laico significa que iglesias y Estado están realmente separados, y dónde el Estado no sólo es neutral (aconfesional), ya que debe intervenir para ubicar a las creencias en el ámbito privado, aunque los creyentes y sus organizaciones puedan tener manifestaciones en el espacio público. Implica que las religiones se sometan a las leyes comunes. En ese sentido es importante revisar los privilegios tributarios, educativos, y en materia de participación que tiene la iglesia católica en América Latina. El Estado laico tampoco debe reconocer a ninguna religión, son los creyentes los que deben hacerlo. La democracia es laica o no es democracia. Los Estados confesionales como el Vaticano o Irán no se legitiman en la soberanía popular y contradicen el principio mismo de la convivencia democrática.
El problema no son las opiniones, discutibles en un espacio democrático; lo inadmisible es como estos actores privados operan de manera privilegiada en la agenda política, rompiendo el principio de igualdad básica; y promoviendo de manera belicosa políticas religiosas.(3)

“El laicismo en la educación, responde a las necesidades de un pueblo como el nuestro (se refiere a Uruguay) , que ha aspirado a asegurar la libertad de conciencia, a afianzar mediante la educación, una forma de gobierno y un sistema de vida democráticos, en los que se exprese el pluralismo social y político del país y a respetar plenamente las garantías individuales y los derechos de todos.

La educación laica, es condición indispensable del desarrollo libre de los individuos, pues asegura la libertad de conciencia, tanto la de quienes adoptan alguna religión, como la de quienes no lo hacen. Además, ha evitado conflictos, privilegios, exclusiones y discriminaciones, que pueden dividir profundamente a los ciudadanos, y ha puesto a salvo de dichos conflictos a las comunidades escolares al respetar la libertad de creencias de los niños y de sus padres, aun siendo minorías, garantizando así el principio de igualdad.
Una escuela no es el lugar donde se deban examinar creencias, sino donde se ofrezca ese marco de valores universales que hacen posible la convivencia de personas con diferentes credos y costumbres, y que ayuda al estudiante a revisar los que le son propios. Se debe proporcionar al alumno nociones y saberes, a fin de que construya respuestas para las grandes interrogantes que lo inquietan, y para poder elegir con fundamento las propuestas a las que se adhiere y sobre las cuales desea edificar su propia vida.”(4)

Y debo rescatar precisamente estas últimas palabras, respecto que nuestros países deben incluir en la educación un cúmulo de valores vivenciales eminentemente adogmáticos y universales que fortalezcan el proceso individual de crecimiento, algo que en los últimos tiempos ha sido un tema recurrente al diálogo social y educativa, el de retomar el concepto de formación cívica y de lugar natal, aplicada las tendencias manifestadas.

En la actualidad las posturas iniciales del laicismo continúan teniendo vigencia. Algunos pensadores cristianos que defienden el laicismo señalan, sin embargo, que si se admite que las religiones poseen unos valores positivos para la ciudadanía, el estado laico debe auspiciar y ayudar al desarrollo de estas confesiones. A mi modo de ver ello no responde realmente a una auténtica defensa de la igualdad, sino que de, modo encubierto, se pretende que perduren las influencias y las concepciones que existían anteriormente. Otros pensadores consideran que las ideas y creencias religiosas son nefastas para la humanidad y por ello defienden que el estado laico actúe beligerantemente frente a ellas.

Tanto es así, que se han apartado lugares, se han escogido armas y escenarios y en este franca arremetida de la iglesia católica se ha venido a afirmar lo siguiente:

“el diálogo entre laicos y cristianos es siempre problemático, aun cuando el creyente “hombre de fe” puede muy bien ser también “hombre de razón”, sin tener que sentirse por esto laicista. En realidad, como observa G. E. Rusconi, “en la coyuntura político-cultural que está delineándose, está adquiriendo más importancia la distinción entre laicos y católicos que aquella entre izquierda y derecha” (La Stampa, 25 de abril de 2000; ver G. E. Rusconi, “Laici e cattolici oggi” (Laicos y católicos en la actualidad), en il Mulino, n. 388, marzo-abril de 2000, 209-221).

Por lo cual juzguen ustedes amigos estamos haciendo una tormenta en un vaso de agua, ¿o definitivamente se nos vienen tiempos de fronda?
(1) Senador Enrique Silva Cima, Comunidad Virtual de Gobernabilidad, Desarrollo Humano e Institucional (Chile)

(2) Masonería, Laicismo y Librepensamiento, Josep Corominas i Busqueta.

(3) ¿ESTADO LAICO EN AMÉRICA LATINA?, Ana Güezmes, Editorial en Internet, PERU.

(4) Jorge W. Ganón “ESCUELA HIRAM, 150 AÑOS DE LAICIDAD”

 

ENTREVISTA A RAFAEL DÍAZ-SALAZAR

La laicidad vista por Rafael Díaz-Salazar

(Entrevista realizada por Antonio Sánchez)

Entender cuáles deben ser las bases y cómo debe funcionar un Estado laico es esencial. En esta charla están las mejores pistas.
–¿Cómo concebir la laicidad? ¿Es incompatible con la religión?
–El proyecto laico moderno nació para lograr el fin de las guerras de religión, hacer posible la paz religiosa y facilitar al Estado la protección del pluralismo. El laicismo no tiene como misión erradicar la religión, sino defender la autonomía del orden jurídico y político frente al clericalismo teocrático.

Su finalidad es crear una ciudadanía moral y socialmente activa y a ello pueden contribuir las religiones e iglesias. Si la laicidad no fortalece el tejido asociativo y comunitario en la sociedad civil, fracasa. No basta tener un Estado laico para construir una sociedad laica. En el libro distingo diversos tipos de laicismos.

Existe un modelo de laicismo que es una expresión de ateísmo militante y anticlericalismo. El laicismo se radicaliza cuando el clericalismo político pretende negar la autonomía legislativa y el pluralismo moral y aspira a teledirigir el Estado desde su concepción de la verdad y la moral objetiva. Por su lado, las confesiones religiosas reaccionan frente a fundamentalismos laicistas que intentan privatizar la religión y secularizar forzadamente un país; entonces se crean condiciones para que se articulen integrismos confesionales.

Pero también existen laicismos religiosos y laicismos agnósticos que valoran positivamente el rol público de las religiones emancipatorias. Los laicistas religiosos defienden la separación Iglesia-Estado, el fin de la financiación pública a las Iglesias, la transformación de la enseñanza confesional de la religión en estudio comparado de las religiones en la escuela. En el siglo XIX hubo en España destacados cristianos que eran laicistas religiosos. Basta con recordar a los creadores de la Institución Libre de Enseñanza.

Hoy millones de católicos defienden el Estado laico y rechazan el confesionalismo político. Fuera de la religión cristiana, destaca Gandhi. Ha sido una de las personas más religiosas de la historia y un laicista importante. Se opuso a la financiación estatal de las religiones y a la enseñanza confesional de la religión.

–¿Podemos hablar de un rol público de la religión en una democracia laica?

–En Francia los principales dirigentes de las asociaciones laicistas ya no defienden la tesis de que la religión es un asunto privado y que las iglesias no deben intervenir en los debates públicos. El laicismo inteligente defiende el rol público de las religiones, pero propugna que se ejerza en la sociedad civil, no en el Estado y en el ámbito jurídico.

La educación moral, la generación de iniciativas ciudadanas de transformación social, la creación de cultura, la invitación a un estilo de vida feliz, la práctica de virtudes públicas, la creación de comunidades, la difusión de espiritualidad, el diálogo intercultural son aportaciones muy valiosas que pueden hacer las religiones a la esfera pública de la sociedad. Todas refuerzan y enriquecen la laicidad.

Por eso considero que es necesario que la institución católica en España deje de polarizarse en el Estado y acabe de una vez por todas con su pretensión de ser la guardiana moral de las leyes. Su misión está en la sociedad civil. Tocqueville afirmaba que en un país pueden existir leyes contrarias a la moral de una religión y multitudes que viven sin utilizar esas leyes, porque en el comportamiento personal y comunitario es más decisiva la ética que la ley.

Las leyes no se hacen para reforzar la moral y la religión, sino para penalizar o despenalizar comportamientos relacionados con conflictos de valores. No es cierto que el derecho crea la moral, como dice Benedicto XVI. La ley se relaciona con la justicia mínima, mientras que la moral y la religión se conectan con el bien y la felicidad y, claro está, con las aspiraciones a una justicia de máximos que no siempre se puede traducir en un orden jurídico obligatorio para todos.

–En nuestro país hay una gran controversia sobre el carácter laico de nuestro Estado, ¿qué visión tienes de este asunto?

–La Constitución establece la aconfesionalidad del Estado y la cooperación activa con las instituciones religiosas. No tenemos el orden constitucional de Francia, sino una laicidad de autonomía del orden político y jurídico y, a la vez, de reconocimiento público de las comunidades religiosas y de colaboración con ellas.

–¿Qué piensas de la presencia de símbolos religiosos en instituciones públicas?

–En las instituciones del Estado no debe haber símbolos religiosos. Pero fuera de estas instituciones, los símbolos religiosos son expresiones culturales que tienen todo el derecho a manifestarse. La expresión simbólica es buena, siempre que no constituya una agresión. La tolerancia es una virtud laica. Una regulación jurídica detallada sobre la supresión de símbolos religiosos sólo tendría sentido si hubiera una demanda social fuerte.

Por ahora es una reivindicación de pequeñas asociaciones laicistas claramente antirreligiosas y anticlericales que desean eliminar la dimensión pública de la vida religiosa de millones de ciudadanos. Umberto Eco defiende la presencia de símbolos religiosos en espacios públicos, pues forman parte de una rica historia cultural, y se opone a su supresión por ley.

–Si España es un Estado no confesional, ¿por qué hay capellanes, y no imanes, pastores o rabinos, en hospitales y cárceles?

–La política del pluralismo exige que todas las confesiones religiosas y las asociaciones morales laicistas puedan prestar los mismos servicios.

–Cuando hablamos de alianza de civilizaciones o, como propones en el libro España laica, de “alianza de culturas cívicas”, ¿no estamos hablando también de religiones?

–Las religiones son una parte nuclear de las civilizaciones, pero no constituyen su único ingrediente. El diálogo interreligioso es necesario y existe un importante movimiento de religiones por la paz que es clave para vencer a los fundamentalismos. Mi propuesta de una “alianza de culturas cívicas” en España se basa en la necesidad de reconstruir el diálogo nacional para hacer posible un proyecto de convivencia que respete e impulse nuestra diversidad.

La laicidad es un proyecto de articulación de nuestro pluralismo. Para ello es necesario crear espacios de encuentro de las culturas liberales, socialistas, cristianas, nacionalistas, comunistas, ecologistas; es decir, de todas las corrientes que crean mentalidades y comportamientos. Además es necesario compartir algunos objetivos para la formación moral de una ciudadanía socialmente activa. En este ámbito nos jugamos el futuro de España.

–En tu libro abordas el laicismo del PSOE y de IU. Me ha llamado la atención el perfil religioso de los votantes de estos partidos.

–Me baso en una encuesta del CIS. Efectivamente, en España se ha roto la identificación entre ser católico, tener una cultura conservadora y votar a la derecha. Los católicos practicantes que apoyan al PSOE y a IU son numerosos. Sin ellos, el PSOE nunca hubiera ganado las elecciones. Sin embargo, IU ha abandonado su política hacia el mundo cristiano.

El PSOE a través de Raimon Obiols y Ramón Jáuregui inició una inteligente apertura a este mundo, pero la nueva dirección no le ha dado cuerpo político y discurso público a esa iniciativa. En la dirección del PSOE y de IU falta un análisis adecuado de lo que es hoy el mundo cristiano y por eso sólo se centran en asumir o rechazar las demandas episcopales.

Me parece que el PSOE debería tener en cuenta las opiniones de George Lakoff, uno de los mejores especialistas en comunicación política que hay en el mundo, que ha sido invitado para enriquecer la estrategia del partido. Lakoff, en una entrevista en el diario Público, afirmó: “Muchos católicos son progresistas. El PSOE debería contactar con ese ala de la Iglesia y hacerla su aliado”. No sé si la dirección del partido será capaz de tener en cuenta sus opiniones y diseñar de una vez por todas una política hacia el mundo cristiano. Algo que prácticamente toda la izquierda europea hace. Hasta IU tiene que aprender mucho de la política que hace en Italia Refundación Comunista en medios cristianos.

–También me ha llamado la atención el bajo apoyo de los votantes de izquierda a la campaña emblemática de las asociaciones laicistas para expulsar la enseñanza de la religión de la escuela pública.

–Efectivamente, sólo el 11 por ciento de los votantes del PSOE y el 19 de los de IU defienden la tesis de que “en la escuela no debería enseñarse ningún tipo de religión”. Eso no significa que estén a favor de la enseñanza confesional de la religión como asignatura obligatoria. La mayoría de los votantes de izquierda apoya la denominada triple opción: la posibilidad de elegir entre la enseñanza de la religión católica, otra religión o ninguna.

–En laicidad, ¿vamos todos a remolque de Francia? ¿Cómo sería el laicismo a la española?

-En Europa existen diversos tipos de laicidad, y la francesa es la excepción europea, no el común denominador. La laicidad nórdica, la belga, la italiana, la alemana o la británica son distintas de la francesa y, a la vez, difieren entre sí. En España debemos reconocer que en el ámbito moral y religioso somos plurales y no se puede imponer una determinada religión o una única moral.

Una de las señas de identidad del laicismo en España debería ser la deliberación moral prepolítica. Existen problemas sociales sobre los que debemos legislar, pero antes debemos afrontar los dilemas éticos que contienen. Por eso en mi libro defiendo el principio de precaución moral. En la deliberación moral prepolítica deben intervenir todas las tradiciones y comunidades ideológicas y religiosas que hay; pero una vez hecha esa deliberación, las instituciones jurídicas y políticas han de tomar decisiones e instaurar leyes desde su legítima soberanía. La laicidad inteligente se abre a las religiones para recibir sus aportaciones, pero debe autorregularse desde el principio del reconocimiento de la soberanía del orden constitucional y parlamentario.

–He percibido en España laica que aprecias mucho el laicismo religioso de los cristianos franceses.

–Sí. También destaco la actualidad del pensamiento de Tocqueville sobre el laicismo religioso americano que desgraciadamente ha sido desplazado por el integrismo de los fundamentalistas neocon. Considero que en nuestro país la Iglesia tiene que aprender mucho del catolicismo laico y republicano francés. Se da la paradoja de que un laicismo institucional fuerte, especialmente el que arranca de la ley de 1905 sobre la estricta separación Iglesia-Estado, ha puesto las condiciones objetivas para forzar una reactivación interna eclesial.

Hay veces en la historia que la renovación religiosa de una Iglesia requiere un laicismo radical que la deje desnuda, sin el más mínimo poder y apoyo estatal. El catolicismo francés pudo convertirse en una gran secta frente al mundo laico y, sin embargo, ha sido el catolicismo europeo más creativo e innovador del siglo XX. Se ha desarrollado dentro de la laicidad y con laicidad, no frente a ella. Siempre he detectado cierto sello francés en El Ciervo. Gracias a esta revista, la modernización religiosa europea llegó a muchos puntos de la península ibérica en aquellos malditos años de integrismo nacionalcatólico y dictadura político-ideológica.

–El debate sobre laicidad, ¿es más necesario en un siglo que, como anticipó Malraux, “será religioso o no será”?

–En el siglo XXI va a crecer la espiritualidad. El posmaterialismo es una corriente cultural importante. Ahora bien, además de las místicas religiosas, que son muy valiosas, existen espiritualidades agnósticas y ateas. Sobre este tema, es conveniente recordar al socialista Fernando de los Ríos, que se declaraba cristiano erasmista en la II República y en la posguerra civil. Demandaba una Iglesia más religiosa y menos moralista y politiquera.

Los obispos españoles deberían leerlo y aprender. También deberían leer sobre este asunto a Unamuno, a Giner de los Ríos, a Ortega y a Antonio Machado. Pero, en fin, parece ser que les gusta más Marcelino Menéndez Pelayo, uno de los principales ideólogos del nacionalcatolicismo. Don Marcelino parece ser el inspirador del discurso de destacados cardenales españoles.

–Defiendes en España laica una ‘cultura de la tolerancia activa’ como seña de identidad de la laicidad. En nuestro país, ¿cómo ser tolerante activo?

–España es culturalmente plural. Tenemos que construir una nación de personas razonables, dispuestas a encontrarse, dialogar y tener una visión del límite de cada identidad cultural. Todavía somos demasiado viscerales e intolerantes. Debemos practicar la virtud de la ‘amistad cívica’ con quien no piensa como nosotros.

Hay que abrirse a identidades diversas, activar un diálogo con culturas diferentes, incorporar elementos de ellas a nuestra forma de ver la vida, tener un sentido autocrítico y evitar imponer a los otros nuestras convicciones. Éste es el talante de una persona laica. Todos tenemos que aprender a ser laicos.

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Rafael Díaz-Salazar es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Especializado en sociología de las desigualdades internacionales y en sociología de la religión, recibió el premio extraordinario de doctorado por su tesis sobre el pensamiento de Gramsci. Pertenece al consejo asesor de la Revista Internacional de Sociología. Es profesor invitado en diversas universidades de América Latina. Entre sus libros destacan Redes de solidaridad internacional, Trabajadores precarios, El factor católico en la política española, Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre, y La izquierda y el cristianismo (fuente: Taurus, 1999).

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