ENTREVISTA A RAFAEL DÍAZ-SALAZAR

La laicidad vista por Rafael Díaz-Salazar

(Entrevista realizada por Antonio Sánchez)

Entender cuáles deben ser las bases y cómo debe funcionar un Estado laico es esencial. En esta charla están las mejores pistas.
–¿Cómo concebir la laicidad? ¿Es incompatible con la religión?
–El proyecto laico moderno nació para lograr el fin de las guerras de religión, hacer posible la paz religiosa y facilitar al Estado la protección del pluralismo. El laicismo no tiene como misión erradicar la religión, sino defender la autonomía del orden jurídico y político frente al clericalismo teocrático.

Su finalidad es crear una ciudadanía moral y socialmente activa y a ello pueden contribuir las religiones e iglesias. Si la laicidad no fortalece el tejido asociativo y comunitario en la sociedad civil, fracasa. No basta tener un Estado laico para construir una sociedad laica. En el libro distingo diversos tipos de laicismos.

Existe un modelo de laicismo que es una expresión de ateísmo militante y anticlericalismo. El laicismo se radicaliza cuando el clericalismo político pretende negar la autonomía legislativa y el pluralismo moral y aspira a teledirigir el Estado desde su concepción de la verdad y la moral objetiva. Por su lado, las confesiones religiosas reaccionan frente a fundamentalismos laicistas que intentan privatizar la religión y secularizar forzadamente un país; entonces se crean condiciones para que se articulen integrismos confesionales.

Pero también existen laicismos religiosos y laicismos agnósticos que valoran positivamente el rol público de las religiones emancipatorias. Los laicistas religiosos defienden la separación Iglesia-Estado, el fin de la financiación pública a las Iglesias, la transformación de la enseñanza confesional de la religión en estudio comparado de las religiones en la escuela. En el siglo XIX hubo en España destacados cristianos que eran laicistas religiosos. Basta con recordar a los creadores de la Institución Libre de Enseñanza.

Hoy millones de católicos defienden el Estado laico y rechazan el confesionalismo político. Fuera de la religión cristiana, destaca Gandhi. Ha sido una de las personas más religiosas de la historia y un laicista importante. Se opuso a la financiación estatal de las religiones y a la enseñanza confesional de la religión.

–¿Podemos hablar de un rol público de la religión en una democracia laica?

–En Francia los principales dirigentes de las asociaciones laicistas ya no defienden la tesis de que la religión es un asunto privado y que las iglesias no deben intervenir en los debates públicos. El laicismo inteligente defiende el rol público de las religiones, pero propugna que se ejerza en la sociedad civil, no en el Estado y en el ámbito jurídico.

La educación moral, la generación de iniciativas ciudadanas de transformación social, la creación de cultura, la invitación a un estilo de vida feliz, la práctica de virtudes públicas, la creación de comunidades, la difusión de espiritualidad, el diálogo intercultural son aportaciones muy valiosas que pueden hacer las religiones a la esfera pública de la sociedad. Todas refuerzan y enriquecen la laicidad.

Por eso considero que es necesario que la institución católica en España deje de polarizarse en el Estado y acabe de una vez por todas con su pretensión de ser la guardiana moral de las leyes. Su misión está en la sociedad civil. Tocqueville afirmaba que en un país pueden existir leyes contrarias a la moral de una religión y multitudes que viven sin utilizar esas leyes, porque en el comportamiento personal y comunitario es más decisiva la ética que la ley.

Las leyes no se hacen para reforzar la moral y la religión, sino para penalizar o despenalizar comportamientos relacionados con conflictos de valores. No es cierto que el derecho crea la moral, como dice Benedicto XVI. La ley se relaciona con la justicia mínima, mientras que la moral y la religión se conectan con el bien y la felicidad y, claro está, con las aspiraciones a una justicia de máximos que no siempre se puede traducir en un orden jurídico obligatorio para todos.

–En nuestro país hay una gran controversia sobre el carácter laico de nuestro Estado, ¿qué visión tienes de este asunto?

–La Constitución establece la aconfesionalidad del Estado y la cooperación activa con las instituciones religiosas. No tenemos el orden constitucional de Francia, sino una laicidad de autonomía del orden político y jurídico y, a la vez, de reconocimiento público de las comunidades religiosas y de colaboración con ellas.

–¿Qué piensas de la presencia de símbolos religiosos en instituciones públicas?

–En las instituciones del Estado no debe haber símbolos religiosos. Pero fuera de estas instituciones, los símbolos religiosos son expresiones culturales que tienen todo el derecho a manifestarse. La expresión simbólica es buena, siempre que no constituya una agresión. La tolerancia es una virtud laica. Una regulación jurídica detallada sobre la supresión de símbolos religiosos sólo tendría sentido si hubiera una demanda social fuerte.

Por ahora es una reivindicación de pequeñas asociaciones laicistas claramente antirreligiosas y anticlericales que desean eliminar la dimensión pública de la vida religiosa de millones de ciudadanos. Umberto Eco defiende la presencia de símbolos religiosos en espacios públicos, pues forman parte de una rica historia cultural, y se opone a su supresión por ley.

–Si España es un Estado no confesional, ¿por qué hay capellanes, y no imanes, pastores o rabinos, en hospitales y cárceles?

–La política del pluralismo exige que todas las confesiones religiosas y las asociaciones morales laicistas puedan prestar los mismos servicios.

–Cuando hablamos de alianza de civilizaciones o, como propones en el libro España laica, de “alianza de culturas cívicas”, ¿no estamos hablando también de religiones?

–Las religiones son una parte nuclear de las civilizaciones, pero no constituyen su único ingrediente. El diálogo interreligioso es necesario y existe un importante movimiento de religiones por la paz que es clave para vencer a los fundamentalismos. Mi propuesta de una “alianza de culturas cívicas” en España se basa en la necesidad de reconstruir el diálogo nacional para hacer posible un proyecto de convivencia que respete e impulse nuestra diversidad.

La laicidad es un proyecto de articulación de nuestro pluralismo. Para ello es necesario crear espacios de encuentro de las culturas liberales, socialistas, cristianas, nacionalistas, comunistas, ecologistas; es decir, de todas las corrientes que crean mentalidades y comportamientos. Además es necesario compartir algunos objetivos para la formación moral de una ciudadanía socialmente activa. En este ámbito nos jugamos el futuro de España.

–En tu libro abordas el laicismo del PSOE y de IU. Me ha llamado la atención el perfil religioso de los votantes de estos partidos.

–Me baso en una encuesta del CIS. Efectivamente, en España se ha roto la identificación entre ser católico, tener una cultura conservadora y votar a la derecha. Los católicos practicantes que apoyan al PSOE y a IU son numerosos. Sin ellos, el PSOE nunca hubiera ganado las elecciones. Sin embargo, IU ha abandonado su política hacia el mundo cristiano.

El PSOE a través de Raimon Obiols y Ramón Jáuregui inició una inteligente apertura a este mundo, pero la nueva dirección no le ha dado cuerpo político y discurso público a esa iniciativa. En la dirección del PSOE y de IU falta un análisis adecuado de lo que es hoy el mundo cristiano y por eso sólo se centran en asumir o rechazar las demandas episcopales.

Me parece que el PSOE debería tener en cuenta las opiniones de George Lakoff, uno de los mejores especialistas en comunicación política que hay en el mundo, que ha sido invitado para enriquecer la estrategia del partido. Lakoff, en una entrevista en el diario Público, afirmó: “Muchos católicos son progresistas. El PSOE debería contactar con ese ala de la Iglesia y hacerla su aliado”. No sé si la dirección del partido será capaz de tener en cuenta sus opiniones y diseñar de una vez por todas una política hacia el mundo cristiano. Algo que prácticamente toda la izquierda europea hace. Hasta IU tiene que aprender mucho de la política que hace en Italia Refundación Comunista en medios cristianos.

–También me ha llamado la atención el bajo apoyo de los votantes de izquierda a la campaña emblemática de las asociaciones laicistas para expulsar la enseñanza de la religión de la escuela pública.

–Efectivamente, sólo el 11 por ciento de los votantes del PSOE y el 19 de los de IU defienden la tesis de que “en la escuela no debería enseñarse ningún tipo de religión”. Eso no significa que estén a favor de la enseñanza confesional de la religión como asignatura obligatoria. La mayoría de los votantes de izquierda apoya la denominada triple opción: la posibilidad de elegir entre la enseñanza de la religión católica, otra religión o ninguna.

–En laicidad, ¿vamos todos a remolque de Francia? ¿Cómo sería el laicismo a la española?

-En Europa existen diversos tipos de laicidad, y la francesa es la excepción europea, no el común denominador. La laicidad nórdica, la belga, la italiana, la alemana o la británica son distintas de la francesa y, a la vez, difieren entre sí. En España debemos reconocer que en el ámbito moral y religioso somos plurales y no se puede imponer una determinada religión o una única moral.

Una de las señas de identidad del laicismo en España debería ser la deliberación moral prepolítica. Existen problemas sociales sobre los que debemos legislar, pero antes debemos afrontar los dilemas éticos que contienen. Por eso en mi libro defiendo el principio de precaución moral. En la deliberación moral prepolítica deben intervenir todas las tradiciones y comunidades ideológicas y religiosas que hay; pero una vez hecha esa deliberación, las instituciones jurídicas y políticas han de tomar decisiones e instaurar leyes desde su legítima soberanía. La laicidad inteligente se abre a las religiones para recibir sus aportaciones, pero debe autorregularse desde el principio del reconocimiento de la soberanía del orden constitucional y parlamentario.

–He percibido en España laica que aprecias mucho el laicismo religioso de los cristianos franceses.

–Sí. También destaco la actualidad del pensamiento de Tocqueville sobre el laicismo religioso americano que desgraciadamente ha sido desplazado por el integrismo de los fundamentalistas neocon. Considero que en nuestro país la Iglesia tiene que aprender mucho del catolicismo laico y republicano francés. Se da la paradoja de que un laicismo institucional fuerte, especialmente el que arranca de la ley de 1905 sobre la estricta separación Iglesia-Estado, ha puesto las condiciones objetivas para forzar una reactivación interna eclesial.

Hay veces en la historia que la renovación religiosa de una Iglesia requiere un laicismo radical que la deje desnuda, sin el más mínimo poder y apoyo estatal. El catolicismo francés pudo convertirse en una gran secta frente al mundo laico y, sin embargo, ha sido el catolicismo europeo más creativo e innovador del siglo XX. Se ha desarrollado dentro de la laicidad y con laicidad, no frente a ella. Siempre he detectado cierto sello francés en El Ciervo. Gracias a esta revista, la modernización religiosa europea llegó a muchos puntos de la península ibérica en aquellos malditos años de integrismo nacionalcatólico y dictadura político-ideológica.

–El debate sobre laicidad, ¿es más necesario en un siglo que, como anticipó Malraux, “será religioso o no será”?

–En el siglo XXI va a crecer la espiritualidad. El posmaterialismo es una corriente cultural importante. Ahora bien, además de las místicas religiosas, que son muy valiosas, existen espiritualidades agnósticas y ateas. Sobre este tema, es conveniente recordar al socialista Fernando de los Ríos, que se declaraba cristiano erasmista en la II República y en la posguerra civil. Demandaba una Iglesia más religiosa y menos moralista y politiquera.

Los obispos españoles deberían leerlo y aprender. También deberían leer sobre este asunto a Unamuno, a Giner de los Ríos, a Ortega y a Antonio Machado. Pero, en fin, parece ser que les gusta más Marcelino Menéndez Pelayo, uno de los principales ideólogos del nacionalcatolicismo. Don Marcelino parece ser el inspirador del discurso de destacados cardenales españoles.

–Defiendes en España laica una ‘cultura de la tolerancia activa’ como seña de identidad de la laicidad. En nuestro país, ¿cómo ser tolerante activo?

–España es culturalmente plural. Tenemos que construir una nación de personas razonables, dispuestas a encontrarse, dialogar y tener una visión del límite de cada identidad cultural. Todavía somos demasiado viscerales e intolerantes. Debemos practicar la virtud de la ‘amistad cívica’ con quien no piensa como nosotros.

Hay que abrirse a identidades diversas, activar un diálogo con culturas diferentes, incorporar elementos de ellas a nuestra forma de ver la vida, tener un sentido autocrítico y evitar imponer a los otros nuestras convicciones. Éste es el talante de una persona laica. Todos tenemos que aprender a ser laicos.

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Rafael Díaz-Salazar es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Especializado en sociología de las desigualdades internacionales y en sociología de la religión, recibió el premio extraordinario de doctorado por su tesis sobre el pensamiento de Gramsci. Pertenece al consejo asesor de la Revista Internacional de Sociología. Es profesor invitado en diversas universidades de América Latina. Entre sus libros destacan Redes de solidaridad internacional, Trabajadores precarios, El factor católico en la política española, Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre, y La izquierda y el cristianismo (fuente: Taurus, 1999).

Abra o descargue esta entrevista en formato PDF pulsando: la_laicidad_vista_rafael_diaz_salazar

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