EL PAPA VISITA UNA ESPAÑA CADA VEZ MENOS CATÓLICA

Por Isabel Caro

Las encuestas corroboran que el catolicismo en España registra un descenso cada vez más constante y acusado entre los jóvenes. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recoge en sus estudios que el porcentaje de la población española que se considera católica ha pasado de un 87% en 1992 a un 71,7% (julio de 2011). Una encuesta realizada el pasado mes por la organización religiosa Paix Liturgique va más allá, concluyendo que solo el 63,3% de los españoles afirman profesar el catolicismo.

Los expertos aseguran que no es un fenómeno exclusivo de España sino de toda Europa Occidental, propio de las sociedades postindustriales. Javier Elzo, catedrático especializado en sociología de la Universidad de Deusto (País Vasco) asegura que en España hay muchas personas que no han olvidado el nacionalcatolicismo del franquismo y califica a la sociedad española como polarizada: “hay por un lado un catolicismo muy conservador, que sigue pensando en modelos casi de Cristiandad frente a un laicismo excluyente de lo religioso”.

La Iglesia y los jóvenes

Entre la juventud, los índices son más contundentes: sólo un 45,1% de los jóvenes entre 15 y 24 años profesa la fe católica, según el último sondeo citado. Para Elzo es un hecho “que ha ocurrido siempre”, quien afirma que por primera vez “nos encontramos con generaciones que no han sido educadas en la fe”. En este sentido, se expresa también el sociólogo experto en pensamiento simbólico y religión, José Antonio Gómez-Marín: “disponemos de una juventud completamente ajena a la religión católica, que ignora la realidad catequética y evangélica y, por supuesto, las obligaciones eclesiales”. Ambos expertos recogen también, como causantes del desapego de los jóvenes a la religión, el profundo cambio de costumbres, al que según ellos la Iglesia no ha sabido responder: “no ha sido capaz de adecuarse a unas exigencias de una sociedad nueva por ejemplo en materia sexual, de convivencia o de caridad”, afirma Gómez-Marín. Este experto reconoce que la Iglesia es la gran agente de la solidaridad pero “no ha sabido dar un gran ejemplo evangélico desprendiéndose de sus bienes, realizando un gran gesto capaz de deslumbrar a una generación”. Católicos no practicantes El descenso del catolicismo viene acompañado por una menor práctica de la religión y un limitado acatamiento de los principios de la Iglesia. El estudio de Paix Liturgique afirma que la mitad de los que se consideran católicos no participa nunca o casi nunca en la misa. Entre los que practican la fe católica, poco más del 14% lo hace al menos una vez a la semana. Los datos del CIS, de julio de 2011, se encuentran en la misma línea; solo el 13% de los católicos asiste a misa casi todos los domingos y festivos. Elzo afirma que responde a un cambio en la manera que los españoles invierten su tiempo de ocio: “hace 30 años la gente salía mucho menos de lo que sale ahora, no tenia segundas residencias y pesaba mucho la tradición. Llegaba el domingo y la gente iba a misa y a la plaza del pueblo. Esto ha desaparecido. Hoy la gente se va a sus segundas residencias, hace deporte… El sentido del domingo no tiene ningún sentido”.

FUENTE: Radio Nederland Internacional

¿CÓMO ES UNA SOCIEDAD LAICA?

Ser laico es vivir en una cultura de tolerancia activa. Ser laico es respetar el pluralismo de la sociedad. Ser laico es admitir que en todas las religiones hay tendencias plurales. El laicismo es un movimiento emancipatorio. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

Rafael Díaz Salazar

El laicismo es un movimiento emancipatorio, uno de los que más han contribuido a combatir la dominación y a luchar contra la persecución al pluralismo. Gracias al laicismo tenemos sociedades emancipadas de la dominación eclesiástica y más plurales. En sus orígenes, es un movimiento religioso, de inspiración cristiana, que fue impulsado por minorías protestantes perseguidas que se vieron obligadas a emigrar a Norteamérica y que, en el nacimiento de los Estados Unidos, tuvieron mucho cuidado en asegurarse de que lo que se iba a crear fuese una república laica.

El laicismo es un intento de articular la diversidad y el pluralismo en todas sus manifestaciones personales y colectivas. Es una crítica del clericalismo político, al intento de las castas sacerdotales de todas las religiones de teledirigir la acción del Estado. También es la defensa del pluralismo, de la autonomía del orden jurídico y político, de la dignidad y legitimidad de una moral autónoma, y de la libertad de conciencia. Además, es la reivindicación de una cultura de tolerancia activa. El laicismo no sólo se opone a la dominación, sino que también es un humanismo que propone virtudes, se implica en la creación de ciudadanos y, por eso, le da muchísima importancia a la educación.

UNA CULTURA DE LA TOLERANCIA ACTIVA

Estamos muy necesitados de una cultura de la tolerancia activa, en la que todas las personas y grupos sepan autolimitarse y escuchar a los otros. Hemos de practicar una amistad cívica entre personas y grupos que tenemos identidades, ideas y trayectorias culturales diferentes.

Hemos de reconocer que somos diversos. Tenemos diferentes identidades lingüísticas, sexuales, políticas, ideológicas y religiosas y debemos aprender a convivir mediante el cultivo de la amistad cívica entre quienes tenemos diferencias. Hay que superar la pretensión de algunos eclesiásticos de que la religión católica sea el núcleo de la identidad nacional, pues esto produce enormes dificultades para el diálogo interreligioso y el reconocimiento de las aportaciones de las culturas ateas y agnósticas.

La legislación se ha de fundamentar en una ética cívica de mínimos y los sectores confesionales deben reconocer el pluralismo moral de la sociedad. Antes de legislar sobre asuntos delicados hay que hacer una cuidadosa deliberación ética. Tenemos que plantearnos cuál es el papel de la religión y de las iglesias en la vida pública. Hemos de tener en cuenta las implicaciones de la inmigración para activar el diálogo intercultural e interreligioso.

UNA AMENAZA A LA DEMOCRACIA

El laicismo defiende la libertad religiosa, pero está en contra de las instituciones que dificultan el pluralismo de una ciudadanía diversa. Los fundamentalismos e integrismos religiosos radicales (llámense islamismo político, hinduismo identitario, judaísmo ultraortodoxo o cristanismo neointegrista (católico o protestante) son una amenaza para la democracia y hay que enfrentarse a ellos para que no impidan el pluralismo. Y, desde luego, hay que rechazar sus intentos de que se legisle desde la verdad que dicen poseer.

Pero no hay que olvidar que la religión es un asunto público. En esto coinciden todos los grandes clásicos de la sociología. Las religiones no deben privatizarse, han de tener una presencia en la vida pública y hacer aportaciones
a ella pero, en democracia, tienen que autocontrolar su proyecto de hegemonía. No nacieron en ámbitos de laicidad y han de aprender a vivir en contextos laicos, sabiendo que existe algo inviolable: la libertad de conciencia.

El proceso de globalización nos ha mostrado la gran fuerza social, cultural y política que tienen las religiones. Éstas ejercen un rol público importante en las democracias avanzadas.

Hay dos formas de presencia pública de la religión y de las instituciones eclesiales. La primera -especialmente fuerte en Estados Unidos, Italia y España- constituye un fundamentalismo ético-religioso, con implicaciones políticas, heredero de los integrismos tradicionales. La segunda conecta la inspiración religiosa de transformación social con la producción de ciudadanía políticamente activa y la profundización de la democracia. Es una nueva forma de radicalismo social religioso vinculado a un cristianismo laico y republicano y a los movimientos por una globalización alternativa que han confluido en el Foro Social Mundial.

Dentro de todas las religiones hay tendencias plurales. Muchos movimientos religiosos contribuyen a la emancipación social. Pensemos en su actividad educativa y sanitaria, de atención a los más débiles o de promoción comunitaria en todo el mundo. Hoy, significados pensadores laicistas franceses como Regis Debray, Edgar Morin o Frederic Lenoir piden que se tenga un mayor conocimiento y comprensión del fenómeno religioso.

Es muy poco lo que se sabe de fenómenos emancipatorios religiosos como el ecobudismo, que trabaja con los más pobres; el hinduísmo gandhiano, que alienta al movimiento Vía Campesina, el judaísmo pacifista, el feminismo islámico o el cristianismo republicano que tiene ramas evangélicas, anglicanas y protestantes. El rol emancipatorio de las religiones no se conoce mucho, pues la información religiosa en los medios de comunicación es muy pobre, está muy clericalizada y muy concentrada en asuntos relacionados con los obispos.

Sin laicidad, no hay un futuro alternativo para el mundo árabe. En cualquiera de estos países, antes de las elecciones, hay que redactar Constituciones que impidan la imposición del fundamentalismo islámico. El mundo árabe es plural, el Islam es plural, en los países árabes existen otras religiones. La laicidad del Estado es la única que hace posible que ese pluralismo no sea reprimido y pueda desarrollarse.

Todos necesitamos aprender la cultura de la tolerancia activa, que es la piedra angular de la laicidad. No deberíamos utilizar nuestras señas de identidad simbólica como armas arrojadizas de negación de otras identidades. Los países, incluso los microminipaíses, son plurales y, por lo tanto, países arco-iris. Hay que evitar las guerras de banderas. Expresemos nuestros símbolos y veámoslos como complementarios. Aprendamos a convivir en la sociedad civil.
Nadie debería pretender tener en exclusiva una patria o monopolizar la cultura de un país. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.

Fuente: Revista Envío

UN LLAMADO A DEFENDER EL LAICISMO EN MÉXICO

A las organizaciones defensoras del laicismo

A los diputados locales y Federales

A los Senadores

A los Gobernadores de los Estados de la Federación

A los Presidentes Municipales y miembros de los Ayuntamientos.

A los Ministro de la Suprema Corte de Justicia

A los dirigentes de los Partidos Políticos

A los Sindicatos y agrupaciones gremiales

A las agrupaciones y organizaciones liberales

A los jóvenes, presente y futuro de México

A los ciudadanos mexicanos

El laicismo en México está en peligro. No resulta grata la noticia de que un funcionario mexicano, un servidor público violente las disposiciones constitucionales.

En nuestra Constitución se encuentran las bases organizativas del Estado Mexicano, y existe un principio histórico que ha sido clave en el desarrollo histórico político de nuestro país: EL LAICISMO.

En términos generales el laicismo significa, separación del Estado y de las iglesias, la libertad de creencias y de conciencia, una educación laica.

Después de concluida la Guerra de Reforma, con el triunfo de la ideología del pensamiento liberal, se logró la separación de la iglesia y el Estado.

El principio del laicismo se expresó en la Ley de Libertad de Cultos del 4 de diciembre de 1860, expedida en Veracruz, durante el gobierno de Don Benito Juárez García.

Se incluyó en la constitución de 1857 en el año de 1873, mediante decreto del  Presidente de la República, Don Sebastián Lerdo de Tejada.

La Constitución vigente de 1917, lo incluyó en varios artículos, el 3º relativo a la educación; el 24 que establece la libertad de creencias y el artículo 130 que señala la independencia total del Estado de las iglesias.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, establece en su artículo 3º lo siguiente:

ARTICULO  3o.-  El  Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su   autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo   en lo relativo a la observancia de las  leyes, conservación del orden y   la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna.

Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa.

 En su artículo 25 dispone:

 ARTICULO 25.- Corresponde al Poder Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría de Gobernación la aplicación de esta ley. Las autoridades estatales y municipales, así como las del Distrito Federal, serán auxiliares de la Federación en los términos previstos en este ordenamiento.

Las autoridades federales, estatales y municipales no intervendrán en los asuntos internos de las asociaciones religiosas.

Las autoridades antes mencionadas no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares. En los casos de prácticas diplomáticas, se limitarán al cumplimiento de la misión que tengan encomendada, en los términos de las disposiciones aplicables.

El Reglamento de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en el artículo 28, dispone lo siguiente:

Artículo 28.- Las autoridades a que se refiere el artículo 25 de la Ley, no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni participar en actividad que tenga motivos o propósitos similares.

Se exceptúa de lo previsto en el párrafo anterior, al servidor público que asista a título personal a los actos religiosos de culto público o actividades que tengan motivos o propósitos similares.

En dichos actos o actividades, el servidor público en ningún momento podrá ostentarse o hacer manifiesto su carácter oficial, ni actuar en el ejercicio de las atribuciones que legalmente le correspondan.

En caso de incumplimiento a lo dispuesto en este artículo, el servidor público de que se trata, será sujeto de las responsabilidades y sanciones previstas en las leyes aplicables.

Con las disposiciones antes transcritas, los servidores públicos deben abstenerse de participar con tal carácter en los rituales religiosos, en respeto al principio fundamental de nuestro sistema político que es laico.

Cualquier servidor público debe sujetarse a las disposiciones constitucionales y legales, desde el empleado municipal hasta el Presidente de la República, en el caso de este último, al asumir su mandato, rinde una protesta, ante el Congreso de la Unión, en que por disposición del artículo 87 constitucional, expresa lo siguiente:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.”

Cualquier omisión o falta de respeto a la Constitución genera responsabilidad para el servidor público, ya que estamos inmersos en un sistema de derecho, por lo tanto todos incluidos los ciudadanos estamos obligados a respetar la Constitución y las leyes que de ella emanen.

El Presidente es un mandatario y por lo tanto está sujeto al mandato de los ciudadanos pero además está comprometido por su Protesta Constitucional, a respetar la Constitución y las leyes.

El hecho de que cualquier funcionario sea el Presidente de la República o cualquier gobernador del algún estado de la federación, viole las disposiciones relativas al laicismo, deja sujeto a dicho servidor público, a la responsabilidad política y las sanciones administrativas que correspondan.

La ceremonia de beatificación, en el caso de la iglesia católica, se otorga en un ritual auténticamente místico religioso, como lo es una misa. Por lo tanto acudir a la beatificación es asistir a un acto religioso.

En días pasados se ha publicado en la prensa nacional, que nuestro presidente Felipe Calderón Hinojosa, acudirá a la beatificación de Juan Pablo II, misma que se realizará en Ciudad del Vaticano, el próximo 1º de mayo de 2011; a lo que debemos considerar que acudirá en su calidad de católico, pero no como Presidente de una República Laica, a menos que pretenda violar nuestra Constitución Política.

Por tal motivo se hace el presente llamado a todas las agrupaciones ciudadanas defensoras del laicismo, para manifestar nuestro apoyo al Estado Laico Mexicano.

A los legisladores locales y federales, a emitir su pronunciamiento respecto a la visita anunciada de nuestro Presidente Felipe Calderón,  al Estado Vaticano, para participar en un acto religioso católico, lo cual resulta violatorio de nuestra Carta Magna.

A los ciudadanos mexicanos, manifestarnos con los medios a nuestro alcance en contra de dicha acción presidencial que atenta contra el laicismo en México.

A los dirigentes de los Partidos Políticos Nacionales, a defender el principio del laicismo, base de nuestro sistema político y jurídico.

A los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, a defender la interpretación de nuestra Constitución, en el sentido de que existe una separación tajante, entre las autoridades civiles y las agrupaciones religiosas.

A los sindicatos y agrupaciones gremiales, a defender el espíritu democrático de nuestra constitución y las leyes que están fundadas en el laicismo, como principio histórico político.

A las organizaciones liberales herederas del pensamiento que ha construido las instituciones de nuestro país, a manifestar nuestra oposición a que el presidente Felipe Calderón Hinojosa asista en su carácter de funcionario público a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II.

SIN LAICISMO NO HAY DEMOCRACIA

México “Patria de los Liberales” a 21 de Abril de 2011

 Centro de Acción Laica de México

  Pedro Márquez Celaya

Presidente

ENTREVISTA A MARTA VASALLO, PERIODISTA E INTELECTUAL ARGENTINA

‘DEBE HABER UN PROYECTO DE SECULARIZACIÓN DE LA SOCIEDAD’ (Por Sandra Chaher, 28-2-2011)

La búsqueda de una coherencia laica es, para la periodista feminista Marta Vasallo –especializada en conservadurismos religiosos-, la estrategia de fondo que debería desplegarse frente a los sectores conservadores. En un año estratégico por el posible debate de la legalización del aborto, Vasallo analiza las premisas ideológicas de estos sectores –centradas en una moral sexual-, cómo se organizan, y qué puede hacer una sociedad civil comprometida con los derechos humanos para ampliar la agenda.

En los últimos años, los sectores religiosos conservadores generaron nuevas estrategias frente al avance de la agenda de derechos humanos en los parlamentos de América Latina. Grupos minoritarios pero estratégicos en la sociedad civil, acciones judiciales e intento de permear las instituciones de justicia y salud son algunos de los recursos con los que pretenden frenar la instalación de políticas públicas acordes a estados laicos en el continente.

Después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en el 2010, y en un año de posible debate legislativo sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, Marta Vasallo –periodista feminista especializada en conservadurismos religiosos y redactora de Le Monde Diplomatique- analiza cómo estos sectores se concentran en una moral sexual que deja de lado valores centrales al cristianismo como la justicia, la solidaridad, la compasión, y la libertad de conciencia, entre otros; qué estrategias están desplegando para frenar la ampliación de la agenda de derechos humanos; y qué se puede hacer desde una sociedad civil comprometida con estos derechos para avanzar.

-¿Qué estrategias están desarrollando los sectores conservadores después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y de cara a un año de debate por la legalización del aborto?

– Son sectores que se caracterizan por una innovación en las estrategias, que fundamentalmente consisten en utilizar muy bien los recursos de una sociedad plural, democrática: se convierten en un grupo de presión de base. No dan por sentado que la autoridad eclesiástica basta para presionar a los gobiernos. Y no porque no sean apoyados por esta jerarquía, lo son. Pero quieren cambiar el enfoque desde el que tradicionalmente se mira la actuación religiosa en una sociedad.

– ¿Cómo sería esto?

– En una sociedad moderna se presume que el laicismo lleva a la religión al ámbito privado y la disocia de la política. Desde el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Católica ha hecho una reversión deliberada de lo que significó el Concilio Vaticano II que significó -entre muchas otras cosas-, una aceptación de la modernidad por parte de la iglesia, que no la veía como un mal sino como la prolongación natural de la civilización cristiana. En cambio, desde Juan Pablo II, y acentuado con Benedicto XVI, la iglesia lanza una ofensiva mundial de recatolización del mundo que vuelve a considerar a la modernidad, y por tanto al laicismo, como enemigos del cristianismo. No se trataría de una mera vuelta atrás, sino de un reposicionamiento en la actualidad. Y la cruzada de Juan Pablo II atacó en América Latina a fondo la Teología de la Liberación, prácticamente no dejó en manos de personas vinculadas a este grupo ningún puesto político de relevancia. Y además suplantó el asesoramiento jesuítico –los jesuitas eran los principales asesores del Vaticano- por el Opus Dei, que tiene una visión sumamente conservadora. Hoy resulta difícil hacer una distinción entre el Vaticano y estos grupos conservadores, como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, o los que acá se llaman FASTA -Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino-, que son muy cerrados, de identidad muy fuerte.

– Además de oponerse al matrimonio igualitario y al derecho a la interrupción del embarazo, ¿cuáles son los postulados de estos grupos?

– Lo que tienen en común, con el Vaticano también, es centrarse en la moral sexual. Benedicto XVI habla de relativismo moral, refiriéndose a cualquier cosa que transgreda la defensa de la familia tradicional: un jefe varón, la mayor cantidad de hijos posible, método natural de anticoncepción, y la educación en la abstinencia –que es lo que pregonaba George W. Bush-. La idea es que la sexualidad no debe tener un fin fuera de la procreación y en eso consistiría la moral, en una forma de la sexualidad, por encima de otras formas de la moral que fueron centrales al cristianismo como la justicia, la misericordia, el amor al prójimo, la sinceridad, o la libertad de conciencia. Y además, resulta muy favorable a la cruzada de Juan Pablo II y Benedicto XVI la crisis de la modernidad, porque en un mundo muy incierto, de mucha fragmentación, hay un atractivo por una pertenencia fuerte, dada por el seguimiento de normas muy estrictas, y que eclipsa la vacilación.

– ¿Qué aceptación tiene en la feligresía esta posición de la iglesia?

– Lo que registran los estudios es que hay una tendencia de la gente a vivir la religión cada cual a su manera. Pero una característica del Vaticano es que parece no importarle ganar gente sino presentar una identidad fuerte, sin concesiones. Le interesan los grupos muy convencidos, aunque sean minoritarios.

– ¿Dónde busca hoy apoyo la iglesia católica para mantener el estatus quo? Hace unos años, por ejemplo, debutaron en la vía judicial para cuestionar tanto los abortos no punibles como los matrimonios entre personas del mismo sexo.

– Hacen lobbys muy fuertes en el Parlamento. La senadora Liliana Negre de Alonso, por ejemplo, es integrante del Opus Dei.

– ¿Y la diputada Cynthia Hotton?

– Ella es evangélica, pero una estrategia importante de la iglesia católica es la alianza con sectores conservadores de otras iglesias, como el evangelismo, el Islam y el judaísmo, que es lo que sucedió durante la Conferencia de El Cairo de 1994. Otra estrategia de los últimos años fue entrar en las instituciones de salud y en el Poder Judicial. Muchos de los jueces que rechazan las denuncias de abuso sexual que presentan las madres contra los padres abusadores, pertenecen a sectores conservadores de la iglesia. Protegen a los abusadores poniendo como argumento la importancia de la unidad familiar, y promueven la reconciliación de los chicos abusados con el padre diciendo que siempre es mejor tener padre que no tenerlo, no importa quién sea.

– ¿Cómo ves el panorama parlamentario para el 2011, con la posibilidad de que sean tratados dos proyectos de legalización del aborto?

– Mi experiencia dentro de la Campaña por el Derecho al Aborto es que hay una diferencia muy grande de cinco años a estar parte cuando se habla con las y los legisladores, hay mucha más apertura y aceptación hacia este tipo de derechos. Después, es cierto que el juego político en el Parlamento barre con las convicciones individuales. Pero hay una aceptación muy clara de la legalización del aborto en determinadas circunstancias, lo mismo que el compromiso con la anticoncepción y la educación sexual, y esto es un avance importante. Ahora, el derecho de la mujer a interrumpir el embarazo es bastante más difícil, porque también es más difícil la aceptación en el resto de la sociedad. Y es curioso, porque las mismas personas que te dicen que el aborto debe ser ilegal, son quienes te dicen que una mujer no tiene que ir presa por esta razón. Es una opinión muy maleable si se la pudiera trabajar.

– ¿Qué estrategias podrían implementarse desde la sociedad civil para seguir avanzando con la agenda de derechos?

– Yo creo que hay que hacer un trabajo muy intenso en las bases. Primero, de aclaración de qué es lo que está en discusión y de convicción básica en núcleos de gente, en ámbitos educativos, en la corporación médica. En Uruguay, por ejemplo, la situación en relación al aborto es completamente diferente a la de acá -aunque el ex presidente Vázquez haya vetado la cláusula que legalizaba el aborto-, porque la corporación médica apoya el aborto medicamentoso como estrategia para salvar vidas de mujeres. Es una argumentación muy parecida a la que tenía Ginés González García, que decía ‘Yo soy ministro de Salud y tengo que salvarle la vida a la gente’. Pero acá los médicos no lo apoyaron. Otra estrategia es la defensa del laicismo, buscar una coherencia laica en la sociedad. La clase dirigente de pronto tiene encontronazos con la iglesia por razones puntuales, pero no hay un proyecto de secularización definitiva de la sociedad.

– Hay grupos virtuales que promueven la quita de la Constitución Nacional del artículo 2 , pero es cierto que esto no tiene amplia acogida social.

– Ese artículo de la Constitución hace que se deriven hacia las instituciones religiosas muchos recursos del Estado y que les da a los integrantes de la iglesia rango de funcionarios estatales. El hecho de eliminar la vicaría castrense fue un paso adelante, pero son medidas sueltas. No deberíamos tener provincias en las que la educación religiosa sea parte de la escuela pública como Salta, y recientemente se sancionó en Córdoba una ley en la misma línea que fue muy cuestionada por muchos sectores de la población, pero que salió. Habría que promover en la mentalidad general la idea de que la religión no puede determinar las leyes de un país. Y además dejar claro que la iglesia católica actual responde a una tradición que no es la totalidad del catolicismo y del cristianismo, que abarcan otro tipo de éticas y consideraciones sociales. Tenés todas la propuestas de la Teología de la Liberación, y lo que ahora es la opción por los pobres, que hablan de otro cristianismo. La fe religiosa no es incompatible con la comprensión de las situaciones ajenas y con la aceptación de que una misma situación puede tener diferentes soluciones. Que el aborto es un homicidio es una afirmación muy reciente, hecha en la modernidad contra el avance del secularismo, no está escrita en el Nuevo Testamento ni en ninguna parte. Y tiene que ver con el control de la sexualidad, que es una pieza muy importante del control de la población en general.

Fuente: Artemisa Noticias

JUAN CALVINO: LA “TEOCRACIA” PROTESTANTE (PARTE 2)

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

Ya explicamos que en siglo XVI, bajo el liderazgo del reformador protestante Juan Calvino, se estableció en Ginebra un Estado autoritario, y que el calvinismo sigue vivo en muchas de las congregaciones protestantes actuales. Precisamente por eso Calvino y el calvinismo tienen sus apologistas. Éstos básicamente sostienen algunos puntos que a continuación expondremos en negrita. Seguidamente, en cursiva, expondremos nuestra opinión al respecto:

–          Calvino debe ser valorado como un precursor de la democracia: principios fundamentales de la revolución francesa -“libertad”, “igualdad” y “fraternidad”- se establecieron en el marco del calvinismo -la libertad otorgada por Dios, la igualdad ante los ojos de Dios, la fraternidad para con el prójimo predicada por Cristo-. Por otra parte la estructura de la Iglesia Calvinista era menos verticalista que la del catolicismo.

Este último punto es muy cierto, pero también lo es que la organización de pastores y mayores o presbíteros, en la práctica se constituyó en una jerarquía que coartó las libertades de los fieles comunes. Además cabe recordar que la democracia se remonta a la Grecia de 500 años antes del cristianismo y que, aunque en efecto, desde aquel concepto griego hasta las democracias modernas ha habido una evolución con aportes de diversos orígenes –entre ellos los de las diferentes confesiones cristianas-, a nadie se le escapa el abismo que separa las repúblicas actuales de la Ginebra que ideó Calvino. Saber que éste ejerció una influencia en las sociedades occidentales que finalmente confluyó en el moderno concepto de democracia –como también lo hicieron influencias de otro origen que Calvino seguramente hubiera aborrecido- no alcanza para expurgar al calvinismo de la ceguera fundamentalista que hizo que se aceptaran y promovieran en su seno el autoritarismo, la persecución ideológica, y hasta la tortura y la muerte.

–          Calvino en realidad no aspiraba al dominio clerical sobre todas las esferas de la cultura y la sociedad, sino que sólo procuró que la Iglesia Reformada colaborara en el cometido espiritual del Estado ginebrino y en que éste prestara su auxilio para implantar la caridad cristiana por la que los ciudadanos habían optado al adoptar la Reforma.

Lo cierto es que si Calvino no tuvo la intención de establecer un dominio clerical generalizado acabó perdiendo el rumbo, pues a eso es efectivamente a lo que arribó. Y, por cierto, tal “colaboración” Iglesia-Estado, suena precisamente a la propuesta que los clérigos de las actuales organizaciones confesionales contraponen a la estricta separación entre ambos que defiende el laicismo. Aunque los hechos nunca se repiten exactamente del mismo modo a lo largo de la historia, la experiencia calvinista de la “colaboración” y el “auxilio mutuo” entre Iglesia y Estado en pro de la “salud espiritual” de los ciudadanos, debiera ser una advertencia contra el totalitarismo en el que se acaba por caer cuando se mezclan las atribuciones de estos dos tipos de instituciones. Por eso el laicismo sostiene que es preferible, para el bienestar y la dignidad de los individuos, que ambas se mantengan activas en dos esferas de la condición humana que pueden ser diferenciadas claramente: la política, que hace a la comunidad sin exclusiones individuales, y la espiritual, que corresponde al individuo, aunque se la pueda vivenciar en una comunidad de correligionarios.

–          Calvino nunca aceptó un cargo gubernamental en Ginebra.

En efecto, Calvino no ejerció oficialmente ningún cargo gubernamental, pero en la práctica fue un líder plenamente político, y no sólo uno espiritual.

–          En la época de Calvino lo político y lo espiritual eran manifestaciones sociales indisociables, de hecho la comunidad cristiana y la comunidad civil eran co-extensivas; cada miembro de la sociedad civil era también miembro de la iglesia y viceversa, ello era un legado del pasado europeo medieval.

Esta es una verdad relativa que parte más bien de una idealización que se hace de la época, a la que se concibe cohesionada de un modo poco realista. Evidentemente en Ginebra había individuos, y no simplemente una masa humana uniforme -máxime en un momento en que el cristianismo se estaba fragmentando- y por tanto habría diversidad de opiniones. Fue el calvinismo el que impuso la cohesión estricta reprimiendo opositores incluso mediante la fuerza pública. Por lo demás, el muy difundido argumento de librar de responsabilidades a los líderes y a sus partidarios achacándoselas a su época es particularmente reprochable en personas y movimientos que pretenden ser mostrados como ejemplos de moralidad (¿un paradigma de moralidad no debería elevarse por sobre las bajezas de su tiempo?). Por otra parte un movimiento “reformista” precisamente se atreve a romper con el pasado y aun con aspectos históricos arraigados en su propio tiempo, proponiendo a cambio un presente distinto. Si Calvino y los suyos que, en cuanto reformadores, se animaron a romper con tantas “herencias”, no rompieron con aspectos muy autoritarios de su época y, de hecho, enfatizaron muchos de ellos, es simplemente porque los aprobaban personalmente.

–          Ginebra estuvo ordenada y progresó económicamente bajo el calvinismo.

No vamos a menospreciar los frutos que da la fe. La religión puede evitar que se caiga en un modo de vida caótico, y la creencia calvinista en que Dios ayudaba terrenalmente al hombre predestinado a la salvación eterna hizo que muchos, tal vez la mayoría, se volcaran al trabajo intenso y al ahorro precavido, a fin de no ser identificados con los réprobos (la opinión que la sociedad tuviera de uno, en el Estado “vigilante” de la Ginebra calvinista, era de suma importancia, obviamente). El calvinismo siempre favoreció el auge capitalista, es un hecho, como también lo es que lo hizo no sin pagar el precio de menoscabar las libertades individuales, que dan tanta o más dignidad al hombre que la superación de la pobreza material. Ya hemos dicho que no vamos a menospreciar los frutos de la fe, pero tampoco es aceptable que se ignore que muchos “logros”, cuando no bastó la fe, fueron alcanzados mediante la coacción e incluso mediante la fuerza bruta.

JUAN CALVINO: LA “TEOCRACIA” PROTESTANTE (PARTE 1)

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

“Teocracia” formalmente sería el “gobierno ejercido por Dios”, pero a nadie se le escapa que un estado teocrático en realidad es regido por uno o más hombres que suelen presentarse en sociedad como intermediarios de la voluntad de Dios. En realidad, hasta donde nos consta históricamente, todo estado al que calificamos de “teocrático” es más bien una “hierocracia” (1), es decir un estado gobernado por hombres que tienen una influencia religiosa sobre la comunidad y que gobiernan precisamente haciendo valer esa influencia. De todos modos el término más difundido es “teocracia”, y lo solemos identificar con los tiempos en que los faraones se consideraban dioses vivientes, o con el auge medieval del poder del papa en Europa o con los modernos estados integristas musulmanes, como Irán, donde oficialmente el poder de fondo lo ejercen los clérigos islámicos. Generalmente los estados cuya población es predominantemente protestante son identificados más bien con la democracia y el progreso en materia de libertades individuales. Sin embargo, también el protestantismo tuvo una irrefutable experiencia “teocrática” a su propio estilo: la Ginebra calvinista del siglo XVI.

A partir del siglo XV se produjo en diversos puntos de Europa un movimiento que cuestionaba las arbitrariedades y la corruptela de la Iglesia Católica. Los cuestionamientos fueron de todo tipo, incluso teológicos, y el movimiento llegó a ser conocido como la “Reforma”. Uno de los principales líderes de la Reforma –y un personaje central en la historia de Occidente- es Juan Calvino, que nació en 1509 en el seno de una familia pequeño-burguesa que lo incitó a estudiar Derecho. En 1531 Calvino adhirió públicamente a las ideas reformistas, lo que le valió ser perseguido por los poderosos franceses asociados con la Iglesia Católica, por lo que debió exiliarse de su país natal.

La doctrina más característica de Calvino era la “predestinación”, según la cual la salvación o condena eterna de cada hombre ya está predeterminada por Dios desde antes de nacer. El calvinismo incluso llegó a la curiosa conclusión de que los salvos ya contaban con el auxilio de Dios en este mundo, por lo cual la riqueza fue vista como señal de la aprobación de Dios y la pobreza como un indicio de su condena.

A la sazón, la ciudad de Ginebra, por la que pasaban importantes rutas comerciales, estaba políticamente sujeta al obispo católico y al Duque de Saboya, a quienes los grandes comerciantes de la ciudad consideraban arbitrarios, corruptos y un obstáculo para incrementar su comercio y su prosperidad económica. Para librarse de ellos pidieron ayuda a los suizos, entre quienes había prosperado la Reforma. Éstos acudieron de buen grado y vencieron al obispo y al duque. Como el clero católico, personificado en el nefasto obispo, era identificado con el enemigo, y como la doctrina de la predestinación y su asociación con el progreso económico justificaba el poderío de los comerciantes ginebrinos, la ciudad fue muy accesible a la variante calvinista de la Reforma.

Dos meses después, en 1536, Calvino llegó a Ginebra, y tras ciertas idas y vueltas que duraron algunos años, los grandes comerciantes de Ginebra acabaron remplazando la antigua conducción del obispo por el liderazgo del reformador Calvino, y éste se dio a la tarea de implantar una teocracia que pretendía emular la del antiguo Israel. El sistema que instauró Calvino rigió Ginebra entre 1541 y 1564.

Según el calvinismo la ley que debe regir la sociedad ya está contenida en la Biblia y quienes deben interpretarla son los líderes religiosos de la comunidad, los pastores y los ancianos o mayores (presbíteros).

Bajo el liderazgo de Calvino se crearon dos organismos: un Consejo de la Ciudad (formado por todos los pastores encargados de celebrar el culto y predicar) y un Consistorio (integrado por doce ancianos seglares y seis pastores).

El calvinismo ginebrino fue de una austeridad extrema: el placer se identificó rigurosamente con el vicio y cualquier diversión o esparcimiento (el teatro, bailar, las canciones profanas, jugar a los naipes, etc.) se consideró pecado y, por ende, un delito. No es de extrañar, pues, que otros “pecados” como la prostitución, el adulterio, la blasfemia y la idolatría fueran punibles directamente con la muerte. Asistir al sermón dominical y al catecismo pasó de ser una obligación moral a ser una imposición legal. El calvinismo hasta reglamentó el modo de vestirse, cortarse el cabello y comer.

Todos los ginebrinos fueron obligados a elegir entre jurar obediencia a las estrictas normas calvinistas o el destierro. No todos estuvieron de acuerdo, obviamente, y muchos tuvieron que optar por dejar la ciudad en la que habían nacido y vivido toda su vida. A cambio, Ginebra recibió a reformistas emigrados de Francia, Italia, Escocia e Inglaterra y de hecho se convirtió en una cuasi-colonia de extranjeros calvinistas.

Al Consistorio le fue concedida la autoridad de citar a todo sospechoso de “mala conducta” o de no creer en la doctrina calvinista, y también la de condenar. El Consejo ejecutaba esas condenas. Ser ateo o contradecir las ideas calvinistas podía castigarse con la ejecución. La pena de muerte se hizo un hábito: en cinco años, en Ginebra, que tenía unos 20.000 habitantes, hubo sesenta y ocho ejecuciones. De hecho los jefes de los opositores a este Estado autoritario, que intentaron resistir creando un partido, a instancias de Calvino fueron detenidos, torturados y decapitados.

El sistema calvinista se convirtió en el modelo de la mayoría de las comunidades fundamentalistas y puritanas de Holanda, Inglaterra y Estados Unidos.

(1) “Hierocracia” es el gobierno ejercido por la clase sacerdotal (del gr. “hierós”, sagrado, y “-cracia”, gobierno).

EL LAICISMO EN COLOMBIA

Por Rodolfo Mantilla Jácome

El Laicismo se soporta sobre la plataforma amplia y generosa de la tolerancia, lo que significa que es uno de los mas importantes instrumentos de convivencia pacifica entre los seres humanos.

Esta precisión es necesario hacerla para expresar la naturaleza y significado del laicismo, que pregona la posibilidad cierta de que todos los seres humanos puedan vivir en común, sin exclusiones, persecuciones ni marginamientos, sin importar sus creencias religiosas o planteamientos filosóficos, en un Estado que cultiva una moral sin dogma.

No es por lo tanto el laicismo un arma arrojadiza, que pueda utilizarse para perseguir a alguien, no somos los laicistas agresores antirreligiosos, ni somos por definición ateos, aunque admitimos que una de las tantas posturas, respetables como las demás, consiste en el agnosticismo y en la no pertenencia a una determinada religión.

Los enemigos del laicismo, son los sectarios y fundamentalistas, que solo entienden el mundo bajo la óptica exclusiva de sus creencias religiosas, hablan de la religión única y verdadera, del dios único y verdadero, se proclaman dueños de la revelación divina, por lo que entienden que quienes se apartan de sus dogmas y creencias, son infieles, están por fuera de la civilización y por lo tanto el Estado, la sociedad y la Iglesia, deben perseguirlos y marginarlos; ellos no entienden la separación entre el Estado y la Iglesia, han ensayado para ello, las mas extrañas teorías políticas que pasan por la idea de que los príncipes son encarnación divina, o que su unción como gobernantes es un acto divino realizado a través del espíritu santo, que ilumina mediante un soplo la carnadura del mortal escogido, recuerden ustedes que Francisco Franco se proclamaba- Caudillo de España por la Gracia de Dios y el Preámbulo de la Constitución Colombiana de 1886, invocaba a Dios como fuente suprema de toda autoridad. Estas teorías y tantas otras de su misma estirpe les permitieron y en algunos casos aún les permiten, gobernar y gozar de los privilegios y las prebendas de ser religión Estado, o de manipular un Estado con religión oficial, siempre al lado de los tiranos y en contra de los oprimidos. En el caso de la religión Católica, montaron al final, el cuento del Estado Vaticano, lo cual les ha permitido mantener sus prebendas mediante instrumentos de derecho internacional, como el concordato, que en el caso Colombiano rigió, desde 1887 hasta 1993.

Cómo hubiese sido diferente nuestro país y mas aún cómo sería de diferente nuestro país, pues tendría menos contradicciones y desigualdades, menos injusticias y con seguridad una mejor salud mental traducida en menos agresividad, si la conquista Española desafortunada por muchos aspectos, no hubiese sido realizada con el símbolo de la Cruz como instrumento de dominación cultural, con lo cual propiciaron la destrucción de la cultura aborigen, sus lenguas, sus creencias religiosas, sus costumbre sociales, su libertad y su honor; para imponerles un dios desconocido, una religión a la fuerza, unas reglas de comportamiento social generadoras de la marginalidad, que fueron siempre propiciadas por la iglesia, que se servia de ello obteniendo grandes propiedades de tierra, gran número de esclavos y de siervos, por los que nunca nada hicieron para redimirlos de su condición.

Nuestra época colonial, fue un escenario cruento e ignominioso, que tuvo como fondo la destrucción de una etnia, la explotación de una raza, el saqueo descarado de las riquezas de un territorio, la imposición a la brava de una lengua, de una religión, de una cultura y con ello la formación de una sociedad desigual, con odiosos privilegios para unos pocos y la marginalidad y la explotación inhumana para la mayoría, tarea en la que fueron artífices primordiales los curas católicos, quienes al final echaban mano del santo temor a dios, como una forma de reducción del descontento para mantener sus privilegios.

En nuestro país, la Iglesia Católica, siempre ha sabido estar en la cima del poder del lado de los sectores oscuros y de las fuerzas reaccionarias, fueron amigos de los terratenientes y se opusieron a los cambios reales en la sociedad; después de la independencia, argumentaron a favor de la esclavitud, citando el evangelio. -Éxodo capitulo 21 y Epístola a los Efesios, proclamando que la esclavitud estaba apoyada por los libros sagrados-. Eran los dueños de la educación, la que utilizaban para sus propios fines económicos, para mantener al pueblo ignorante pues no le permitían acceder a ella y también la usaban para mantener el control ideológico de los estamentos dominantes, a quienes no les comunicaban los adelantos de la ciencia y pretendían que nunca se difundiera el pensamiento de Copernico ni el de Galileo, siempre le han apostado a llamar herejía, a los progresos de la ciencia, a la libertad del hombre, a la democracia.

Combatieron en forma brutal el radicalismo liberal, aquella obra social y política realizada por los masones colombianos, que fue el primer intento exitoso de romper con las viejas estructuras coloniales, período político en el que se planteo la existencia de un Estado Laico, de una educación obligatoria y democrática, ceñida a los postulados científicos, donde se creo la Universidad Nacional de Colombia y se les empezó a quitar el poder temporal que aprecian tanto.

La educación laica y obligatoria, propiciada por el radicalismo liberal, fue combatida abiertamente por la iglesia católica en nuestro país, el clero entendía que se trataba de una enseñanza atea y anticristiana, le negó por lo tanto cualquier apoyo a estos establecimientos, negándose incluso a dictar las clases de religión en ellos y los obispos colombianos excomulgaron a los directores y maestros de las escuelas oficiales y a los padres de familia que envíen a sus hijos a tales instituciones.

Ideológicamente, la Iglesia católica en Colombia, siempre a estado al servicio de la reacción y ha sido enemiga del progreso del pueblo, El obispo de la ciudad de Pasto, Ezequiel Moreno, dijo desde el púlpito en recordada ocasión “Confieso una vez más que el liberalismo es pecado, enemigo fatal de la iglesia, del renombre de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones”.

En su lucha contra el radicalismo liberal la iglesia se amalgamo con las fuerzas conservadoras, propicio el sectarismo y el oscurantismo, las guerras civiles que significaron la derrota del radicalismo, y de su constitución de 1863, fueron desatadas desde la cúpula eclesiástica, como prueba de ello, ,es memorable el discurso de monseñor Vicente Arbelaez, Arzobispo primado, desde la catedral de Bogotá cuando en un claro parte de guerra dijo que “cuando la sociedad católica es vulnerada en su doctrina, está en el deber de sostener sus derechos a la fuerza”. Entonces también, en esta ocasión la virgen y cristo rey y la bandera vaticana hacían parte del bando conservador en la contienda, al tiempo que la iglesia excomulgaba a los liberales y a sus obras.

El triunfo de la regeneración, sobre el radicalismo liberal, significo la imposición de un Estado religioso, con privilegios para la iglesia y con graves imposiciones a la sociedad colombiana. El catolicismo, se identifico plenamente con el partido conservador, logrando firmar en 1887, un concordato donde obtuvo el reconocimiento y preponderancia para sus ministros, logrando controles en la educación, convirtiéndose en el árbitro de la moral social, haciéndose al control de los cementerios, adueñándose del registro civil al lograr la preponderancia de la partida de bautizo, imponiendo el matrimonio católico, como matrimonio oficial, por encima del matrimonio civil, al que solo se podía acceder previo acto de apostasía, sancionando a las parejas que no contraían matrimonio, distinguiendo para efectos sociales, económicos, afectivos y familiares, entre hijos legítimos e hijos naturales, imponiendo también la indisolubilidad del vínculo matrimonial y manejando, según intereses particulares, los litigios con fuerza vinculante para el estado colombiano, para obtener la nulidad del matrimonio católico, ante la rota romana; así como privilegios impositivos y demás prebendas odiosa y descomunales; dijo al respecto hablando de su infancia el presidente masón Alberto LLeras Camargo, que en su época, todo pasaba por manos de la iglesia católica y el poder de los curas era inconmensurable, se les denominaba autoridades eclesiásticas, junto con las civiles y militares y el poder del púlpito y el confesionario, junto con el acto de la excomunión les servía para controlar socialmente sus feudos, era un poder real, indiscutible y odioso. Todo dentro de la iglesia, nada por fuera de ella.

¿Cuanto daño se le hizo a la sociedad colombiana, con este sistema de religión oficial? Sostenemos que ha sido inmenso el daño que se la ha ocasionado. Las actitudes violentas e insolidárias que hoy padecemos tienen mucho que ver con esa práctica excluyente ejercida sin misericordia contra aquellos que no estaban con la religión imperante, por lo que se les marginaba. Así, socialmente era un daño irremediable el ser madre soltera, mujeres a las que se colocaba en la picota pública, sin ninguna posibilidad de realizar una vida plena y feliz, así como también, el vivir en unión libre, lo cual excluía la posibilidad de que sus hijos fueran educados en algunos colegios y quienes sin ser católicos o por considerar con razón que prevalecían las leyes civiles y preferían el matrimonio civil, tenían que soportar el proceso social de la apostasía, denigrante y lesivo.

Cuantas desgracias y tragedias, nos hubiésemos evitado los colombianos, si el matrimonio válido hubiese sido únicamente el civil y este conforme a su naturaleza contractual, hubiese tenido desde siempre la posibilidad de la ruptura del vínculo?, ahora bien, con ello, nada se oponía a que un católico practicante, también se casara ante su propia iglesia y para pertenecer a ella respetara su sacramento, pero ese es un problema del católico practicante con su religión, no con el estado ni con la sociedad colombiana.

El problema es que se han considerado siempre, la única religión verdadera, la del dios verdadero y la de todos los colombianos, con derecho a intervenir más allá de la relación espiritual con sus adeptos, pretendiéndonos imponer a todos los colombianos, sus creencias, sus postulados éticos, sus mandatos sobre la sexualidad, sus puntos de vista sobre las relaciones de pareja y sus formas de interpretación de las leyes patrias, lo cual es inadmisible.

Cuantos colombianos crecieron en la marginalidad, por culpa de la mácula de ser hijos de uniones libres o llamados naturales, cuantas diferencias se generaron en una sociedad sometida a estas reglas absurdas de una iglesia que pretendió gobernarnos en el más extremo fundamentalismo.

Muchas de las ciudades colombianas mantienen aún los cementerios universales y masónicos, como un recuerdo imborrable de la intolerancia religiosa, que pretendió en su sectarismo no dar cabida a los restos mortales de aquellos que no pertenecieron a su credo, o que contra su doctrina hicieron uso del derecho a morir, o que fueron liberarles o masones. Esos cementerios son hoy monumentos libertarios que hablan por si solos del mal de la intolerancia religiosa, poco a poco se van convirtiendo en campos floridos, donde las nuevas generaciones recordarán la dolorosa lucha contra los fundamentalismos, que le hizo tanto daño a nuestra sociedad, que se vio dividida, martirizada y ultrajada, por aquellos que no entienden que todos los hombres son hermanos.

La Constitución colombiana de 1991, que significó un importante esfuerzo para recomponer el camino de la tolerancia y propiciar aún sin lograrlo la convivencia pacífica entre nosotros, definió a Colombia como un Estado Laico, con lo cual y a partir de ese momento iniciamos el proceso de separación entre el Estado y la iglesia. No ha sido un camino fácil, en primer lugar porque quien tiene los privilegios trata de conservarlos aún a costa de la Constitución y la ley. En 1993, la Corte Constitucional, se decanto por la inconstitucionalidad del Concordato existente entre Colombia y el llamado Estado Vaticano, decisión que los curas, acompañados por sectarios seguidores, consideran no jurídica y pretenden que aún esta vigente, por fortuna sus acciones jurídicas no tuvieron ninguna acogida. A partir de ese momento, se han logrado significativas decisiones que han permitido retirar a la iglesia enquistada en muchas instituciones como juntas de censura de cine, de establecimientos enseñanza religiosa y otros espacios en los que se percibe la innegable perdida de peso específico de esa iglesia en la sociedad colombiana, desgaste social, que se produce como consecuencia de sus tradicional postura de navegar en contravía de la realidad, del progreso y de la ciencia, la delictiva conducta sexual de sus ministros y la posición cada vez mas critica de los colombianos que ya no se dejan influir por las tradicionales armas de control psicológico (el infierno candente, la excomunión etc) que otrora usaban con éxito en la manipulación de las gentes.

Pero aún estamos lejos de lograr los postulados del laicismo, porque aún existe la persistente tendencia en algunos funcionarios públicos, notoriamente en las fuerzas armadas, donde lo religioso es utilizado como una forma de lavar ciertos actos y darles mas credibilidad en el imaginario colectivo por tener el aval de los jerarcas de la iglesia católica en nuestro medio.

No olvidemos además que los totalitarismos no desdeñan la maquillada bendición de los supuestos santos varones, de voz suave y finas maneras, que avalan cosas que al final resultan inpredicables de tan santos señores, recordemos entre nosotros, al arzobispo Caballero y Góngora pactando en nombre de dios con los comuneros y traicionándolos a nombre del rey para cumplir su cometido de lealtad al monarca contra los intereses del pueblo. Sin que podamos olvidar las gestiones diplomáticas de la iglesia comandad por Eugenio Pacelli, ante régimen nazi, contra los judios y sus acuerdos con Benito Musolini en Italia, para consolidar la precaria territorialidad del Estado Vaticano. En otras palabras todos los dictadores y violadores de los derechos humanos, Videla y su cohorte en Argentina, Strossner en Paraguay, Pinochet en Chile, Franco en España, han tenido muy buenas relaciones con la cúpula eclesiástica, como una carta de presentación popular.

En Colombia los hemos visto sentados con personajes como Pablo Escobar, acordémonos del padre García Herreros, el inquisidor Alfonso López Trujillo recibió jugosas contribuciones de Escobar y Monseñor Darío Castrillón contó con la colaboración eficaz de Carlos Ledher en la construcción de casitas en Pereira, y últimamente hemos visto a la jerarquía católica colombiana interponiendo sus buenos oficios con los jefes para-militares. Estas son labores de maquillaje y de lavado de imagen, es un oficio que se cobra, claro esta que también deben incluir peticiones celestiales, por tan siniestros personajes.

Ninguna entidad oficial debe tener capellanes, que además son pagados con dineros oficiales, los actos oficiales no pueden celebrarse, recordarse o lamentarse con misas ni tedeums, etc.

El Estado Colombiano requiere retomar el control de la educación, impidiendo que existan establecimientos educativos en los que se burle el postulado de la libertad religiosa, o donde se discrimine el alumnado o el profesorado por tener un credo diferente o simplemente no tener ninguno, porque esto ocurre a diario en nuestro país.

Pero mas grave resulta, la posición contestataria que han asumido algunos jerarcas católicos frente a las decisiones jurisprudenciales y legales que son contrarias a la doctrina de su Iglesia, y que ellos asumen con rebeldía utilizando los medios de comunicación para subvertir el orden llamando a la desobediencia civil y ofender a quienes toman estas decisiones o deben realizar las acciones correspondientes. Hablamos de los casos de la Eutanasia y del aborto, en los cuales legalmente se han tomado decisiones que permiten la aplicación de la eutanasia bajo ciertas condiciones lo mismo que el aborto. Nuestra crítica a los jerarcas católicos, no radica en que ellos desde el punto de vista de su iglesia, manifiesten al interior de sus iglesias su critica a tales decisiones, es más pueden advertir que la mujer católica que aborte deja de ser católica, como le debe ocurrir a quien favorezca la eutanasia, advertirle incluso que quien se deje aplicar la eutanasia se va para el infierno, pero lo que no es posible, es que ese jerarca católico, se sienta con derecho a ofender a los jueces y médicos colombianos que han tomado y ejecutados estas decisiones y lanzar sobre ellos públicamente el anatema de la excomunión, como si Colombia fuera un Estado Católico y como si todos los colombianos fueran católicos. Deben existir mecanismos para que la iglesia no siga pretendiendo manipular las instituciones estatales, para que no pretenda como lo hizo el mencionado jerarca frente a estos asuntos llamar a la rebeldía e invocar la objeción de conciencia, porque si un católico convencido así lo hace, debe en ese mismo acto renunciar a su cargo.

Desconfiemos también, de los llamados misioneros, cualquiera que sea su religión, que cumplen una tarea de penetración cultural con el pretexto de salvar almas, el laicismo como política estatal de separación entre la Iglesia y el Estado, no puede admitir que a nombre de la caridad o de la superioridad o de la civilización se orade culturalmente un grupo humano y se le imponga un dios y una religión desconocida.

No se trata entonces de perseguir a nadie, se trata es de colocar las cosas en su lugar para que podamos lograr la convivencia derivada del respeto por las creencias religiosas de los demás, en la seguridad de que las religión cualquiera que sea no es un ente de poder, es mucho mas que eso, es la alianza espiritual de hombres y mujeres, que han definido una forma particular de relacionarse con la divinidad y de cumplir su vida conforme a esa definición, pero respetando las creencias de los demás, sin pretender manipular el Estado, ni utilizarlo para imponer sus criterios religiosos, bastante lograrían, por ejemplo la religión católica, si lograra que sus adeptos fueran mejores católicos cumpliendo con los diez mandamientos, el laicismo espera eso, pero lo que no puede permitir es que la iglesia pretenda gobernar o cogobernar como si fuera un órgano político dando instrucciones de voto o de actuación a sus fieles, eso supera los lindes de la religiosidad y no debe ser permitido.

(Este texto es público y puede ser descargado en el siguiente vínculo: http://www.ulb.ac.be/cal/laicismo/www/seminario-2006/download/HISTORIA%20Y%20DESARROLLO%20DEL%20LAICISMO%20EN%20COLOMBIA.pdf)