FRANCISCO, ¿UN PAPA NUEVO?

Papa_Francisco_en_el_Aula_Pablo_VIEl último miércoles 13 de marzo, gran parte del mundo, católico o no, vio con sorpresa cómo los cardenales de la Iglesia Católica elegían por primera vez en la era moderna un papa proveniente de la periferia del mundo. Acto seguido, al presentarse en sociedad, el flamante papa Francisco comenzó a desplegar una serie de gestos que lo hicieron contrastar con la enorme mayoría de los papas anteriores: ni ropajes suntuosos, ni crucifijos de oro, ni automóviles de lujo. Tampoco áridos discursos teológicos, sino simples palabras comprensibles hasta para el fiel más inculto. Digna sencillez, podría decirse, y eso también fue una sorpresa. Sin embargo, los gestos de humildad material no deberían sorprender en un hombre que, ante el Dios en quien cree, ha hecho votos de pobreza, y la sencillez discursiva debería ser lo usual en cualquiera que desempeñe una misión pastoral universal. En un mundo en el que las cosas no suelen ser como sería justo y coherente que fueran, un papa que se visualiza como humilde y sencillo resulta sorprendente y genera inmediata aprobación popular.

Claro que no todas las reacciones han sido aprobatorias para el nuevo papa. En este sentido, la sombra más oscura que se ha cernido sobre él es la acusación de haber tenido algún grado de colaboración con la sangrienta dictadura argentina (1975-1983), pero además de no haber ninguna prueba real de ello, importantes representantes de organismos de los derechos humanos, involucrados en la investigación y denuncia de los crímenes cometidos por dicha dictadura, han negado que tal colaboración haya existido.

Pero si la versión de que el actual papa Francisco colaboró con una dictadura corrupta y violenta es mentira, no lo es que cuando fue el obispo Bergoglio de Buenos Aires operó, como otros clérigos, para que los parlamentarios argentinos –elegidos democráticamente por los ciudadanos, y por ende legisladores legítimos – en materia de salud reproductiva, educación sexual, unión conyugal y otros derechos individuales, no osaran hacer leyes que no acataran la doctrina de la Iglesia.

Ahora bien, es cierto que los gestos de humildad son bienvenidos, pero también que los gestos son exterioridad, y que no necesariamente revelan lo interior. Mucho se ha dicho sobre cuán reprochables resultan la pompa, el lujo y el boato –por no hablar de los negocios- de una institución, la Iglesia Católica, que se pretende heredera de un dios que al fin y al cabo eligió humanizarse en la humildad de un obrero, en el seno de un pueblo sometido y violentado; en este mismo sentido, reprochable es también el enriquecimiento material a expensas de los estados “católicos”. Pero hay que decir, asimismo, que no es menos reprochable la manera autoritaria de imponer ideas dogmáticas mediante operaciones políticas que tampoco se parecen al accionar de un Dios predicante que se habría ganado a los fieles con la fuerza de la palabra y el sacrificio por los demás. La Iglesia actual, por no hablar de la del pasado, hace de los contactos políticos y de la presión a funcionarios gubernamentales, una herramienta habitual para defender sus privilegios políticos y económicos e imponer a toda la sociedad sus concepciones dogmáticas particulares.

Más que gestos de humildad material –que como dijimos, son bienvenidos-, se necesita que la Iglesia realice el acto ético de independizarse del sostén económico que le proveen tantos estados, muchos de ellos no precisamente ricos, como es el caso de los estados de América Latina, de donde proviene precisamente el nuevo papa. Más que gestos de sencillez discursiva, se necesita el acto de humildad intelectual de renunciar a imponer por cualquier medio, dogmas propios a quienes son ajenos a ellos. Y al respecto ningún papa ha hecho ni gestos, ni verdaderos actos. Bergoglio no los hizo como obispo de Buenos Aires, pero habida cuenta de la expectación que generan los gratos gestos que exterioriza, no nos resignamos a no esperar que finalmente los haga Francisco, y se convierta así, verdaderamente, en un papa nuevo.

EL LAICISMO, OPCIÓN CRISTIANA

tamayo-webPor JUAN JOSÉ TAMAYO Doctor Cátedra de Teología. Universidad Carlos III de Madrid (publicado originalmente en Público.es).

La jerarquía eclesiástica y las organizaciones católicas conservadoras se han conjurado contra el laicismo, recurriendo a todos los medios a su alcance, incluidas las movilizaciones de la ciudadanía en alianza con el PP y la ocupación del espacio público para desestabilizar la democracia. A su vez, boicotean cualquier iniciativa que vaya hacia el Estado laico.

El cristianismo no debe de adoptar una actitud beligerante

La estrategia antilaicista episcopal comienza con un peligroso juego que consiste en establecer una distinción entre laicismo y laicidad. Se trata de una operación lingüística nada inocente que califica negativamente al laicismo como religión de sustitución y lo presenta como enemigo de las creencias religiosas.

Dos ejemplos. El cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, define erróneamente el laicismo como “hostilidad contra cualquier forma de relevancia pública y cultural de la religión, en particular contra todo símbolo religioso en las instituciones públicas”. El cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, va más allá y afirma que “el Estado moderno en su versión laicista radical desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo”.

Los mismos sectores eclesiásticos elogian la laicidad y se refieren a ella con adjetivos como “sana”, “positiva”, “inclusiva”. En dicha valoración coinciden políticos conservadores como el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y el Papa Benedicto XVI. Estamos ante una trampa del lenguaje político-religioso para que la Iglesia católica recupere el protagonismo en la esfera política, en el terreno moral, en el plano cultural, en el ámbito educativo y en la cohesión social, y para la presencia o la permanencia de los símbolos católicos en el espacio público.

Jesús de Nazaret fue un judío laico, crítico de la jerarquía religiosa

¿Es verdad que el cristianismo resulta incompatible con el laicismo y tiene que adoptar una actitud beligerante frente a él? Decididamente no. El laicismo y la secularización no son males a combatir por los cristianos, sino que se encuentran en la entraña misma del cristianismo. Este surge como religión laica y se desarrolla como tal durante sus primeros siglos, donde no aparece el más mínimo atisbo de confesionalidad de las instituciones civiles y menos aún de legitimación del orden establecido.

Jesús de Nazaret, su fundador, fue un judío laico, crítico con el Estado teocrático y las autoridades religiosas legitimadoras del Imperio romano. Lo que pone en marcha no es una iglesia aliada con el poder, sino un movimiento igualitario de hombres y mujeres, cuya traducción histórica es una sociedad justa. Hasta el siglo IV, el cristianismo defendió la más radical separación entre la Iglesia y el Imperio. Los cristianos se negaron a adorar al emperador y no reclamaban privilegios del Estado. Su vida no se distinguía del resto de los ciudadanos, como reconoce la Carta a Diogneto, importante documento cristiano del siglo III.

Esta idea es ratificada 17 siglos después por el Concilio Vaticano II (1962-1965), que se muestra partidario de la secularización, entendida como autonomía de las realidades terrenas, y de la separación entre Iglesia y Estado. Como afirma el teólogo alemán Baptist Metz, la secularización “es un acontecimiento originalmente cristiano” y una exigencia fundamental del cristianismo. Sin este, quizá no hubiera sido posible la democracia, cree el filósofo de la religión Marcel Gauchet, quien define certeramente al cristianismo como “la religión de la salida de la religión”.

CREACIONISMO VERSUS EVOLUCIONISMO

DARWINISMO Y EVOLUCIÓN: ¿EL BESO DEL DIABLO?

                                                                                                                                                                      Ante los nuevos lobbys creacionistas y la influencia que empieza a tener en España, el científico mexicano, primer latinoamericano que preside la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida (ISSOL por sus siglas en inglés), plantea que el creacionismo no es una teoría científica, sino un movimiento político e ideológico. Para el reconocido biólogo, las religiones cristianas, por contra, tienen una tradición filosófica e intelectual muy refinada que está al margen del creacionismo, que nació en EEUU de la derecha ultraconservadora.

“Satanás es el verdadero creador del concepto de evolución”, escribió en 1974 Henry Morris, cuando era director del llamado Institute for Creation Research en San Diego, en EEUU. Unos veinte años más tarde, en compañía de su compatriota Duane Gish, también militante del creacionismo, comenzó a visitar Turquía para asistir a reuniones antievolucionistas y, de pasada, buscar los restos del Arca de Noé, que según la tradición quedó varada en el Monte Ararat al descender las aguas del diluvio universal. Con tal de vencer al demonio, la solidez del cristianismo de Morris y Gish no tardó en ser substituida por uneclecticismo que les permitió establecer alianzas estratégicas con algunos musulmanes fundamentalistas, incluyendo a Adran Oktan, quién, bajo el pseudónimo de Harun Yahya, alcanzó una cierta notoriedad al repartir por correo miles de libros de contenido antievolucionista bellamente empastados pero bastante mal escritos.

Los creacionistas han prosperado en EEUU, donde un porcentaje importante de la población se declara seguidor de la interpretación literal del Génesis. Si bien es cierto que, en algunos estados de la Unión Americana, los empeños de los creacionistas por influir en la educación pública han sido frenados por la vía judicial, se han adaptado a los nuevos tiempos. Para evitar ser reconocidos como promotores de una visión religiosa, usan la frase “diseño inteligente”, eliminando de un plumazo términos bíblicos y las referencias a Dios. Los creacionistas han modernizado su organización y su lenguaje, creando escuelas y universidades privadas, otorgando becas, organizando debates y congresos, fundando revistas, diarios junto con cadenas de radio y televisión, y organizando redes de financiación y reclutamiento con las que han fortalecido sus finanzas y han aumentado sus seguidores en forma impresionante.

Aunque tiene tras de sí una rica tradición intelectual y de reflexión filosófica, en la Iglesia Católica subsisten sectores integristas que, junto con los grupos de fundamentalistas protestantes, han caído en la tentación de confundir la educación con el adoctrinamiento ideológico. Más allá de sus diferencias teológicas, ambos grupos están unidos por su oposición a la visión secular del mundo moderno, su conservadurismo social, su obsesión por el poder político, y la pobreza de sus argumentos científicos. No ven, o no quieren ver, las diferencias entre el hecho de la evolución y la teoría que lo explica.

Los evolucionistas no tenemos empacho en reconocer lo que nos falta por saber, pero no buscamos la solución en los libros sagrados, que tienen respuestas para otro tipo de preguntas. Por ello, es importante percatarse de que detrás del mesianismo populista de los creacionistas no hay argumentos religiosos o dudas científicas, sino actitudes políticas. Debemos, por ello, fortalecer una visión laica de la educación que permita desarrollar de forma crítica una visión evolutiva de la Biosfera, uno de los elementos más importantes para enfrentar el reto grotesco, pero creciente, del creacionismo.

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Antonio Lazcano Araujo (México, 1950) es biólogo y Doctor en Ciencias de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado en libros y revistas científicas internacionales más de 150 trabajos de investigación sobre el origen y la evolución temprana de la vida.

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Nota publicada originalmente el 22/01/08 en el Servicio de información y noticias científicas (primera agencia pública de información especializada en ciencia, tecnología e innovación en castellano).

INFLUENCIA DE LA RELIGIÓN EN LA CONDICIÓN SOCIAL DE LA MUJER

LAICISMO

por Alicia Miyares (en “Democracia feminista”, Ediciones Cátedra, pags. 91:97 | 2003)

En el siglo XIX la cuestión educativa y la universalización de ésta generaron una intensa polémica entre la Iglesia y los Estados católicos. El Papa Pío IX para frenar el laicismo firmó concordatos con diversos estados católicos por los que éstos reconocían el derecho exclusivo de la Iglesia a dirigir las escuelas seglares y parroquiales: los más importantes fueron los concluidos con España en 1851 y con Austria en 1855. En España apenas hubo divergencias, aunque los liberales se resistieron a tan extrema atribución de la autoridad papal. Pese a los concordatos el anticlericalismo era creciente en muchos países de Europa. Esta situación se intensificó cuando el mismo pontífice promulgó en 1864 la polémica Syllabus, documento por el cual el Papa Pío IX condenaba el liberalismo y racionalismo y proclamaba la infalibilidad papal. Esto suponía la autoridad coercitiva moral del Vaticano y en muchos países se extendió la resolución de los estados de refrenar la autoridad de la Iglesia. La reacción fue lenta, pero continuada y así Francia, en 1882, universaliza la educación primaria convirtiéndola en obligatoria para niñas y niños; poco después, en 1886 lleva a cabo la sustitución de los maestros religiosos por laicos, hasta que en 1904 se prohíbe por ley a todas las congregaciones la dirección de las escuelas.

El modelo francés sirvió de referencia para los países que, como España y Portugal, eran de credo católico. Así en Portugal, en 1910 el nuevo gobierno republicano separó la Iglesia y el Estado. En el caso español, la reacción fue mucho más lenta debido al dominio absoluto de la Iglesia. Ésta se oponía a la extensión de la alfabetización pública y a la educación general de las niñas; apoyaba el analfabetismo basándose en el argumento de que las personas ignorantes no se verían expuestas a doctrinas heréticas, liberales o socialistas, y permanecerían así en «estado de gracia». A finales del siglo XIX y en la primera década del XX el esfuerzo por reformar la educación española corrió a cargo de la Institución Libre de Enseñanza. Bajo la influencia de Giner de los Ríos, intelectuales españoles asistieron a diversos congresos mundiales de educación que fueron fuente de ideas nuevas. Se comenzó a constatar que el laicismo sería imposible sin la mejora de la educación, sobre todo en el sexo que la presentaba de manera más deficiente. Así pues, mientras las mujeres siguieran tuteladas por la Iglesia los esfuerzos hacia el laicismo serían vanos. Sin embargo, la educación de las mujeres, si bien aceptada entre los sectores liberales, socialistas y librepensadores, mantenía la aceptación de una ley natural para las mujeres: su misión reproductora.

En las tres primeras décadas del siglo XX el Vaticano contemplaba con horror los vientos de secularización y propuestas educativas nuevas que iban restándole protagonismo educativo en Europa y América. En su intento por atajar el laicismo, el Papa Pío XI promulga en 1929 la encíclica Divini illius magistri en defensa de la misiónhistórica de enseñar de la Iglesia: «la misión de la educación corresponde, ante todo y sobre todo, en primer lugar a la Iglesia y a la Familia, y les corresponde por derecho natural y divino, y, por lo tanto, de manera inderogable, ineluctable, insubrogable». En la encíclica se denunciaba también como error la coeducación «por partir del naturalismo negador del pecado original». La iglesia vaticana censuraba la coeducación por alimentar una deplorable confusión de ideas, por permitir la convivencia promiscua de los dos sexos en una misma aula y avalar la idea de una igualdad niveladora de los dos sexos. Para la iglesia la doctrina de la coeducación era perniciosa para la educación de la juventud cristiana porque el creador ha ordenado y dispuesto la convivencia perfecta de los dos sexos solamente en la unidad del matrimonio, y gradualmente separada en la familia y en la sociedad. Además, no hay en la naturaleza misma, que los hace diversos en el organismo, en las inclinaciones y en las aptitudes, ningún motivo para que pueda o deba haber promiscuidad y mucho menos igualdad de formación para ambos sexos.

El miedo a la coeducación será en definitiva el miedo a la emancipación de las mujeres, tal y como afirmaría el mismo Papa Pío XI en la encíclica Casti Connubi. La emancipación de la mujer “es corrupción del carácter propio de la mujer y de su dignidad de madre; es trastorno de toda la sociedad familiar, con lo cual al marido se le priva de la esposa, a los hijos de la madre y a todo el hogar doméstico del custodio que lo vigila siempre». Por ejemplo, en España la coeducación sería abolida en 1936 con clarificadores mensajes como éste: con la supresión de esta inmundicia moral y pedagógica que se llamaba «coeducación» hemos dado el primer paso hacia una verdadera formación de la mujer… En primer lugar, se impone una vuelta a la sana tradición que veía en la mujer, la hija, la esposa y la madre, y no la «intelectualada» pedantesca que intenta en vano igualarla al varón en los dominios de la ciencia; «cada cosa en su sitio» y el de la mujer no es el foro ni el taller… sino el hogar, cuidando de la casa y de los hijos…, poniendo en los ocios del marido una suave lumbre de espiritualidad y de amor.

Resuenan bastante fuertes los argumentos del Papa Pío XI, eso sí, con nuestra peculiar forma castiza de convertir los argumentos en exabruptos.

La universalización de la educación y que ésta contemplara a las mujeres en pie de igualdad con los varones era, en definitiva, una amenaza a la familia. La igualdad separaría a la mujer de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción. Peligraría, con ello, la misma estructura familiar, y su ley fundamental de procreación y educación de la prole, establecida y confirmada por Dios. La lógica católica discurría a través de supuestos puramente misóginos: si «la mujer» es una criatura impulsiva y poco racional eduquemos sus sentimientos, su corazón, para que llegue con un conocimiento suficiente a su fin natural, que es el matrimonio, y para alejarla de vindicaciones igualitarias pues éstas cuartean la estabilidad y honor de la institución familiar al orientar a las mujeres a un quehacer extradoméstico. El objetivo será construir una feminidad que se acerque a Dios por necesidad de su conciencia y que no use a Dios como pretexto para conseguir posiciones más o menos bastardas o cuando menos terrenales. La única necesidad de las mujeres es cubrir las necesidades materiales y morales de la familia. El destino de la mujer es ser esposa y compañera del varón, formar con él una familia, educar y cuidar bien a sus hijos. La familia, para la Iglesia, tiene prioridad sobre los derechos civiles de las mujeres. De nuevo a Pío XI debemos una imagen de la familia en la que “florezca lo que San Agustín llamaba la «jerarquía del amor»; la cual abraza tanto la primacía del varón sobre la mujer y los hijos como la diligente sumisión de la mujer y su rendida obediencia, recomendada por el Apóstol con estas palabras: «Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor; porque el hombre es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia”.

Hoy la Iglesia apenas ha cambiado la concepción diferenciada que tiene de los varones y las mujeres. Ha moderado su lenguaje, pero no la esencia del discurso. Cuando se promovió la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, la Iglesia estaba muy interesada en «clarificar la plena verdad sobre la mujer». A este efecto, el Papa Juan Pablo II dirigió una Carta a las mujeres en la que «aclaraba» la identidad y posición social de las mujeres. Juan Pablo II considera que la mujer y el «hombre» no reflejan una igualdad estática y uniforme, sino de complementariedad entendida como «unidualidad» relacional. Para explicar en qué consiste la compleja expresión «”unidualidad” relacional» nos remite Juan Pablo II al versículo del Génesis «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2,18). De esta manera la identidad de la mujer queda confirmada por el proceso mismo de su creación: «En la creación de la mujer está inscrito, pues, desde el inicio el principio de la ayuda». Así pues, la mujer está llamada a ofrecer ayuda al «hombre». De acuerdo con esto, el horizonte de «servicio» de un varón y una mujer no es el mismo ya que entre ellos hay «una cierta diversidad de papeles»: “En este horizonte de «servicio» -que, si se realiza con libertad, reciprocidad y amor, expresa la verdadera «realeza» del ser humano- es posible acoger también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino”. El horizonte social de la mujer -marcado por el principio de ayuda, por el darse a otros- se materializa en una forma de maternidad afectiva, cultural y espiritual que en el mundo laboral alcanza su realización más plena en el campo de la educación, de la salud y en las instituciones asistenciales. Cualquier otra actividad interrumpiría la «originalidad» femenina y conduciría a la «masculinización» de las mujeres.

En el documento Familia y derechos humanos el Pontificio Consejo para la Familia denunciaría la creciente masculinización de la mujer, como quedó puesto de relieve en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín (pese a la Carta remitida por el Santo Padre en los prolegómenos de la Conferencia). Para el Pontificio Consejo en Pekín se constató que la extensión de una «igualdad indiferenciada» es producto de los errores ideológicos de inspiración malthusiana, hedonista y utilitarista y de las teorías de género; en definitiva, estas ideologías son antifamilia, anti-vida y destructoras de las naciones:

Una tendencia aparecida en la Conferencia de Pekín (1995), pretende introducir en la cultura de los pueblos la «ideología del género» -gender-. Esta ideología afirma, entre otras cosas, que la mayor forma de opresión es la opresión de la mujer por el hombre y que esta opresión se encuentra institucionalizada en la familia monogámica. […]. Somos conscientes de que ya muchas veces el Santo Padre, y siguiendo sus huellas el Pontificio Consejo para la Familia, se ha pronunciado sobre estas ideologías que no son sólo anti-vida y anti-familia, sino que son también destructoras de las naciones.

Todos los credos religiosos se parecen en su consideración hacia las mujeres. La diferencia más radical no se encuentra en los mensajes de una u otra religión, sino en que, al menos, en algunos países democráticos de Occidente se está más cerca del laicismo y de la vivencia de la religión como hecho privado, lo que impone ciertas restricciones al poder de las religiones. El problema en muchos países islámicos es que religión y Estado forman un todo indiferenciado, como fue el caso del Frente Islámico de Salvación Argelino (FIS) cuyos dirigentes afirmaban que «El lugar natural de la mujer está en el hogar… No debe abandonar el hogar a fin de poder consagrarse a la grandiosa misión de educar al hombre. La mujer es una reproductora de hombre, ella no produce otros bienes sino esta cosa esencial que es el musulmán». Nada parece impedir tampoco, como ha sido el caso de Afganistán, que los ulemas, o estudiosos religiosos, ofrezcan una personal interpretación de la posición de las mujeres amparándose en textos del Corán vejatorios para ellas:

Los hombres están por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos respecto de otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de las mujeres. Las mujeres piadosas son sumisas a las disposiciones de Dios; son reservadas en ausencia de sus maridos en lo que Dios mandó ser reservado. A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretexto para maltratarlas. Dios es altísimo, grandioso.

Los ulemas y la umma o comunidad de creyentes se decantan por convertir ciertos pasajes del Corán en sharias o leyes religiosas notablemente discriminatorias contra las mujeres, antes que perfeccionar los códigos civiles según las indicaciones de la ONU. De hecho muchos países de tradición islámica que han reformado sus constituciones no han hecho lo mismo con sus códigos de familia, que siguen fieles al derecho consuetudinario o a la ley religiosa: parecen concesiones del poder del Estado al poder religioso.

Los credos religiosos, que han sido y son en muchos países canal de la cohesión social, en parte han hecho descansar ésta en una estricta normativa sexual para las mujeres. Es esta normativa diferenciada para mujeres y varones la que nos explica la desventaja educativa mundial en la que se hallan niñas y mujeres respecto de los niños y varones: así el 66% de los 300 millones de menores que no pueden ir a la escuela y las dos terceras partes de los que abandonan los estudios primarios por exigencias familiares son niñas. De idéntica manera el 66% de los 880 millones de adultos analfabetos son mujeres. Así pues, es urgente incidir en el laicismo y favorecer políticas educativas laicas en los países en vías de desarrollo. Los estudios demuestran que al educar a las niñas y a las mujeres se elevan todos los índices de desarrollo. Denegar la educación a las mujeres es frenar el desarrollo económico y social de los países. El deber educativo de un estado laico es asegurar las condiciones óptimas para la construcción de la ciudadanía, «sin que pueda tenerse en cuenta ninguna otra condición, sea ésta la pertenencia religiosa, la racial o la étnica». La educación tiene como objetivo fomentar valores comunes, los reconocidos en la Declaración universal de los derechos humanos, y no privilegiar creencias religiosas. Es rechazable, por lo tanto, la sumisión de lo político a lo religioso ya que la interferencia constante de los credos religiosos es un serio impedimento para educar en civismo y en una educación no sexista.

EL PAPA VISITA UNA ESPAÑA CADA VEZ MENOS CATÓLICA

Por Isabel Caro

Las encuestas corroboran que el catolicismo en España registra un descenso cada vez más constante y acusado entre los jóvenes. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recoge en sus estudios que el porcentaje de la población española que se considera católica ha pasado de un 87% en 1992 a un 71,7% (julio de 2011). Una encuesta realizada el pasado mes por la organización religiosa Paix Liturgique va más allá, concluyendo que solo el 63,3% de los españoles afirman profesar el catolicismo.

Los expertos aseguran que no es un fenómeno exclusivo de España sino de toda Europa Occidental, propio de las sociedades postindustriales. Javier Elzo, catedrático especializado en sociología de la Universidad de Deusto (País Vasco) asegura que en España hay muchas personas que no han olvidado el nacionalcatolicismo del franquismo y califica a la sociedad española como polarizada: “hay por un lado un catolicismo muy conservador, que sigue pensando en modelos casi de Cristiandad frente a un laicismo excluyente de lo religioso”.

La Iglesia y los jóvenes

Entre la juventud, los índices son más contundentes: sólo un 45,1% de los jóvenes entre 15 y 24 años profesa la fe católica, según el último sondeo citado. Para Elzo es un hecho “que ha ocurrido siempre”, quien afirma que por primera vez “nos encontramos con generaciones que no han sido educadas en la fe”. En este sentido, se expresa también el sociólogo experto en pensamiento simbólico y religión, José Antonio Gómez-Marín: “disponemos de una juventud completamente ajena a la religión católica, que ignora la realidad catequética y evangélica y, por supuesto, las obligaciones eclesiales”. Ambos expertos recogen también, como causantes del desapego de los jóvenes a la religión, el profundo cambio de costumbres, al que según ellos la Iglesia no ha sabido responder: “no ha sido capaz de adecuarse a unas exigencias de una sociedad nueva por ejemplo en materia sexual, de convivencia o de caridad”, afirma Gómez-Marín. Este experto reconoce que la Iglesia es la gran agente de la solidaridad pero “no ha sabido dar un gran ejemplo evangélico desprendiéndose de sus bienes, realizando un gran gesto capaz de deslumbrar a una generación”. Católicos no practicantes El descenso del catolicismo viene acompañado por una menor práctica de la religión y un limitado acatamiento de los principios de la Iglesia. El estudio de Paix Liturgique afirma que la mitad de los que se consideran católicos no participa nunca o casi nunca en la misa. Entre los que practican la fe católica, poco más del 14% lo hace al menos una vez a la semana. Los datos del CIS, de julio de 2011, se encuentran en la misma línea; solo el 13% de los católicos asiste a misa casi todos los domingos y festivos. Elzo afirma que responde a un cambio en la manera que los españoles invierten su tiempo de ocio: “hace 30 años la gente salía mucho menos de lo que sale ahora, no tenia segundas residencias y pesaba mucho la tradición. Llegaba el domingo y la gente iba a misa y a la plaza del pueblo. Esto ha desaparecido. Hoy la gente se va a sus segundas residencias, hace deporte… El sentido del domingo no tiene ningún sentido”.

FUENTE: Radio Nederland Internacional

ENTREVISTA A MARTA VASALLO, PERIODISTA E INTELECTUAL ARGENTINA

‘DEBE HABER UN PROYECTO DE SECULARIZACIÓN DE LA SOCIEDAD’ (Por Sandra Chaher, 28-2-2011)

La búsqueda de una coherencia laica es, para la periodista feminista Marta Vasallo –especializada en conservadurismos religiosos-, la estrategia de fondo que debería desplegarse frente a los sectores conservadores. En un año estratégico por el posible debate de la legalización del aborto, Vasallo analiza las premisas ideológicas de estos sectores –centradas en una moral sexual-, cómo se organizan, y qué puede hacer una sociedad civil comprometida con los derechos humanos para ampliar la agenda.

En los últimos años, los sectores religiosos conservadores generaron nuevas estrategias frente al avance de la agenda de derechos humanos en los parlamentos de América Latina. Grupos minoritarios pero estratégicos en la sociedad civil, acciones judiciales e intento de permear las instituciones de justicia y salud son algunos de los recursos con los que pretenden frenar la instalación de políticas públicas acordes a estados laicos en el continente.

Después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en el 2010, y en un año de posible debate legislativo sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, Marta Vasallo –periodista feminista especializada en conservadurismos religiosos y redactora de Le Monde Diplomatique- analiza cómo estos sectores se concentran en una moral sexual que deja de lado valores centrales al cristianismo como la justicia, la solidaridad, la compasión, y la libertad de conciencia, entre otros; qué estrategias están desplegando para frenar la ampliación de la agenda de derechos humanos; y qué se puede hacer desde una sociedad civil comprometida con estos derechos para avanzar.

-¿Qué estrategias están desarrollando los sectores conservadores después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y de cara a un año de debate por la legalización del aborto?

– Son sectores que se caracterizan por una innovación en las estrategias, que fundamentalmente consisten en utilizar muy bien los recursos de una sociedad plural, democrática: se convierten en un grupo de presión de base. No dan por sentado que la autoridad eclesiástica basta para presionar a los gobiernos. Y no porque no sean apoyados por esta jerarquía, lo son. Pero quieren cambiar el enfoque desde el que tradicionalmente se mira la actuación religiosa en una sociedad.

– ¿Cómo sería esto?

– En una sociedad moderna se presume que el laicismo lleva a la religión al ámbito privado y la disocia de la política. Desde el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Católica ha hecho una reversión deliberada de lo que significó el Concilio Vaticano II que significó -entre muchas otras cosas-, una aceptación de la modernidad por parte de la iglesia, que no la veía como un mal sino como la prolongación natural de la civilización cristiana. En cambio, desde Juan Pablo II, y acentuado con Benedicto XVI, la iglesia lanza una ofensiva mundial de recatolización del mundo que vuelve a considerar a la modernidad, y por tanto al laicismo, como enemigos del cristianismo. No se trataría de una mera vuelta atrás, sino de un reposicionamiento en la actualidad. Y la cruzada de Juan Pablo II atacó en América Latina a fondo la Teología de la Liberación, prácticamente no dejó en manos de personas vinculadas a este grupo ningún puesto político de relevancia. Y además suplantó el asesoramiento jesuítico –los jesuitas eran los principales asesores del Vaticano- por el Opus Dei, que tiene una visión sumamente conservadora. Hoy resulta difícil hacer una distinción entre el Vaticano y estos grupos conservadores, como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, o los que acá se llaman FASTA -Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino-, que son muy cerrados, de identidad muy fuerte.

– Además de oponerse al matrimonio igualitario y al derecho a la interrupción del embarazo, ¿cuáles son los postulados de estos grupos?

– Lo que tienen en común, con el Vaticano también, es centrarse en la moral sexual. Benedicto XVI habla de relativismo moral, refiriéndose a cualquier cosa que transgreda la defensa de la familia tradicional: un jefe varón, la mayor cantidad de hijos posible, método natural de anticoncepción, y la educación en la abstinencia –que es lo que pregonaba George W. Bush-. La idea es que la sexualidad no debe tener un fin fuera de la procreación y en eso consistiría la moral, en una forma de la sexualidad, por encima de otras formas de la moral que fueron centrales al cristianismo como la justicia, la misericordia, el amor al prójimo, la sinceridad, o la libertad de conciencia. Y además, resulta muy favorable a la cruzada de Juan Pablo II y Benedicto XVI la crisis de la modernidad, porque en un mundo muy incierto, de mucha fragmentación, hay un atractivo por una pertenencia fuerte, dada por el seguimiento de normas muy estrictas, y que eclipsa la vacilación.

– ¿Qué aceptación tiene en la feligresía esta posición de la iglesia?

– Lo que registran los estudios es que hay una tendencia de la gente a vivir la religión cada cual a su manera. Pero una característica del Vaticano es que parece no importarle ganar gente sino presentar una identidad fuerte, sin concesiones. Le interesan los grupos muy convencidos, aunque sean minoritarios.

– ¿Dónde busca hoy apoyo la iglesia católica para mantener el estatus quo? Hace unos años, por ejemplo, debutaron en la vía judicial para cuestionar tanto los abortos no punibles como los matrimonios entre personas del mismo sexo.

– Hacen lobbys muy fuertes en el Parlamento. La senadora Liliana Negre de Alonso, por ejemplo, es integrante del Opus Dei.

– ¿Y la diputada Cynthia Hotton?

– Ella es evangélica, pero una estrategia importante de la iglesia católica es la alianza con sectores conservadores de otras iglesias, como el evangelismo, el Islam y el judaísmo, que es lo que sucedió durante la Conferencia de El Cairo de 1994. Otra estrategia de los últimos años fue entrar en las instituciones de salud y en el Poder Judicial. Muchos de los jueces que rechazan las denuncias de abuso sexual que presentan las madres contra los padres abusadores, pertenecen a sectores conservadores de la iglesia. Protegen a los abusadores poniendo como argumento la importancia de la unidad familiar, y promueven la reconciliación de los chicos abusados con el padre diciendo que siempre es mejor tener padre que no tenerlo, no importa quién sea.

– ¿Cómo ves el panorama parlamentario para el 2011, con la posibilidad de que sean tratados dos proyectos de legalización del aborto?

– Mi experiencia dentro de la Campaña por el Derecho al Aborto es que hay una diferencia muy grande de cinco años a estar parte cuando se habla con las y los legisladores, hay mucha más apertura y aceptación hacia este tipo de derechos. Después, es cierto que el juego político en el Parlamento barre con las convicciones individuales. Pero hay una aceptación muy clara de la legalización del aborto en determinadas circunstancias, lo mismo que el compromiso con la anticoncepción y la educación sexual, y esto es un avance importante. Ahora, el derecho de la mujer a interrumpir el embarazo es bastante más difícil, porque también es más difícil la aceptación en el resto de la sociedad. Y es curioso, porque las mismas personas que te dicen que el aborto debe ser ilegal, son quienes te dicen que una mujer no tiene que ir presa por esta razón. Es una opinión muy maleable si se la pudiera trabajar.

– ¿Qué estrategias podrían implementarse desde la sociedad civil para seguir avanzando con la agenda de derechos?

– Yo creo que hay que hacer un trabajo muy intenso en las bases. Primero, de aclaración de qué es lo que está en discusión y de convicción básica en núcleos de gente, en ámbitos educativos, en la corporación médica. En Uruguay, por ejemplo, la situación en relación al aborto es completamente diferente a la de acá -aunque el ex presidente Vázquez haya vetado la cláusula que legalizaba el aborto-, porque la corporación médica apoya el aborto medicamentoso como estrategia para salvar vidas de mujeres. Es una argumentación muy parecida a la que tenía Ginés González García, que decía ‘Yo soy ministro de Salud y tengo que salvarle la vida a la gente’. Pero acá los médicos no lo apoyaron. Otra estrategia es la defensa del laicismo, buscar una coherencia laica en la sociedad. La clase dirigente de pronto tiene encontronazos con la iglesia por razones puntuales, pero no hay un proyecto de secularización definitiva de la sociedad.

– Hay grupos virtuales que promueven la quita de la Constitución Nacional del artículo 2 , pero es cierto que esto no tiene amplia acogida social.

– Ese artículo de la Constitución hace que se deriven hacia las instituciones religiosas muchos recursos del Estado y que les da a los integrantes de la iglesia rango de funcionarios estatales. El hecho de eliminar la vicaría castrense fue un paso adelante, pero son medidas sueltas. No deberíamos tener provincias en las que la educación religiosa sea parte de la escuela pública como Salta, y recientemente se sancionó en Córdoba una ley en la misma línea que fue muy cuestionada por muchos sectores de la población, pero que salió. Habría que promover en la mentalidad general la idea de que la religión no puede determinar las leyes de un país. Y además dejar claro que la iglesia católica actual responde a una tradición que no es la totalidad del catolicismo y del cristianismo, que abarcan otro tipo de éticas y consideraciones sociales. Tenés todas la propuestas de la Teología de la Liberación, y lo que ahora es la opción por los pobres, que hablan de otro cristianismo. La fe religiosa no es incompatible con la comprensión de las situaciones ajenas y con la aceptación de que una misma situación puede tener diferentes soluciones. Que el aborto es un homicidio es una afirmación muy reciente, hecha en la modernidad contra el avance del secularismo, no está escrita en el Nuevo Testamento ni en ninguna parte. Y tiene que ver con el control de la sexualidad, que es una pieza muy importante del control de la población en general.

Fuente: Artemisa Noticias

EL LAICISMO EN COLOMBIA

Por Rodolfo Mantilla Jácome

El Laicismo se soporta sobre la plataforma amplia y generosa de la tolerancia, lo que significa que es uno de los mas importantes instrumentos de convivencia pacifica entre los seres humanos.

Esta precisión es necesario hacerla para expresar la naturaleza y significado del laicismo, que pregona la posibilidad cierta de que todos los seres humanos puedan vivir en común, sin exclusiones, persecuciones ni marginamientos, sin importar sus creencias religiosas o planteamientos filosóficos, en un Estado que cultiva una moral sin dogma.

No es por lo tanto el laicismo un arma arrojadiza, que pueda utilizarse para perseguir a alguien, no somos los laicistas agresores antirreligiosos, ni somos por definición ateos, aunque admitimos que una de las tantas posturas, respetables como las demás, consiste en el agnosticismo y en la no pertenencia a una determinada religión.

Los enemigos del laicismo, son los sectarios y fundamentalistas, que solo entienden el mundo bajo la óptica exclusiva de sus creencias religiosas, hablan de la religión única y verdadera, del dios único y verdadero, se proclaman dueños de la revelación divina, por lo que entienden que quienes se apartan de sus dogmas y creencias, son infieles, están por fuera de la civilización y por lo tanto el Estado, la sociedad y la Iglesia, deben perseguirlos y marginarlos; ellos no entienden la separación entre el Estado y la Iglesia, han ensayado para ello, las mas extrañas teorías políticas que pasan por la idea de que los príncipes son encarnación divina, o que su unción como gobernantes es un acto divino realizado a través del espíritu santo, que ilumina mediante un soplo la carnadura del mortal escogido, recuerden ustedes que Francisco Franco se proclamaba- Caudillo de España por la Gracia de Dios y el Preámbulo de la Constitución Colombiana de 1886, invocaba a Dios como fuente suprema de toda autoridad. Estas teorías y tantas otras de su misma estirpe les permitieron y en algunos casos aún les permiten, gobernar y gozar de los privilegios y las prebendas de ser religión Estado, o de manipular un Estado con religión oficial, siempre al lado de los tiranos y en contra de los oprimidos. En el caso de la religión Católica, montaron al final, el cuento del Estado Vaticano, lo cual les ha permitido mantener sus prebendas mediante instrumentos de derecho internacional, como el concordato, que en el caso Colombiano rigió, desde 1887 hasta 1993.

Cómo hubiese sido diferente nuestro país y mas aún cómo sería de diferente nuestro país, pues tendría menos contradicciones y desigualdades, menos injusticias y con seguridad una mejor salud mental traducida en menos agresividad, si la conquista Española desafortunada por muchos aspectos, no hubiese sido realizada con el símbolo de la Cruz como instrumento de dominación cultural, con lo cual propiciaron la destrucción de la cultura aborigen, sus lenguas, sus creencias religiosas, sus costumbre sociales, su libertad y su honor; para imponerles un dios desconocido, una religión a la fuerza, unas reglas de comportamiento social generadoras de la marginalidad, que fueron siempre propiciadas por la iglesia, que se servia de ello obteniendo grandes propiedades de tierra, gran número de esclavos y de siervos, por los que nunca nada hicieron para redimirlos de su condición.

Nuestra época colonial, fue un escenario cruento e ignominioso, que tuvo como fondo la destrucción de una etnia, la explotación de una raza, el saqueo descarado de las riquezas de un territorio, la imposición a la brava de una lengua, de una religión, de una cultura y con ello la formación de una sociedad desigual, con odiosos privilegios para unos pocos y la marginalidad y la explotación inhumana para la mayoría, tarea en la que fueron artífices primordiales los curas católicos, quienes al final echaban mano del santo temor a dios, como una forma de reducción del descontento para mantener sus privilegios.

En nuestro país, la Iglesia Católica, siempre ha sabido estar en la cima del poder del lado de los sectores oscuros y de las fuerzas reaccionarias, fueron amigos de los terratenientes y se opusieron a los cambios reales en la sociedad; después de la independencia, argumentaron a favor de la esclavitud, citando el evangelio. -Éxodo capitulo 21 y Epístola a los Efesios, proclamando que la esclavitud estaba apoyada por los libros sagrados-. Eran los dueños de la educación, la que utilizaban para sus propios fines económicos, para mantener al pueblo ignorante pues no le permitían acceder a ella y también la usaban para mantener el control ideológico de los estamentos dominantes, a quienes no les comunicaban los adelantos de la ciencia y pretendían que nunca se difundiera el pensamiento de Copernico ni el de Galileo, siempre le han apostado a llamar herejía, a los progresos de la ciencia, a la libertad del hombre, a la democracia.

Combatieron en forma brutal el radicalismo liberal, aquella obra social y política realizada por los masones colombianos, que fue el primer intento exitoso de romper con las viejas estructuras coloniales, período político en el que se planteo la existencia de un Estado Laico, de una educación obligatoria y democrática, ceñida a los postulados científicos, donde se creo la Universidad Nacional de Colombia y se les empezó a quitar el poder temporal que aprecian tanto.

La educación laica y obligatoria, propiciada por el radicalismo liberal, fue combatida abiertamente por la iglesia católica en nuestro país, el clero entendía que se trataba de una enseñanza atea y anticristiana, le negó por lo tanto cualquier apoyo a estos establecimientos, negándose incluso a dictar las clases de religión en ellos y los obispos colombianos excomulgaron a los directores y maestros de las escuelas oficiales y a los padres de familia que envíen a sus hijos a tales instituciones.

Ideológicamente, la Iglesia católica en Colombia, siempre a estado al servicio de la reacción y ha sido enemiga del progreso del pueblo, El obispo de la ciudad de Pasto, Ezequiel Moreno, dijo desde el púlpito en recordada ocasión “Confieso una vez más que el liberalismo es pecado, enemigo fatal de la iglesia, del renombre de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones”.

En su lucha contra el radicalismo liberal la iglesia se amalgamo con las fuerzas conservadoras, propicio el sectarismo y el oscurantismo, las guerras civiles que significaron la derrota del radicalismo, y de su constitución de 1863, fueron desatadas desde la cúpula eclesiástica, como prueba de ello, ,es memorable el discurso de monseñor Vicente Arbelaez, Arzobispo primado, desde la catedral de Bogotá cuando en un claro parte de guerra dijo que “cuando la sociedad católica es vulnerada en su doctrina, está en el deber de sostener sus derechos a la fuerza”. Entonces también, en esta ocasión la virgen y cristo rey y la bandera vaticana hacían parte del bando conservador en la contienda, al tiempo que la iglesia excomulgaba a los liberales y a sus obras.

El triunfo de la regeneración, sobre el radicalismo liberal, significo la imposición de un Estado religioso, con privilegios para la iglesia y con graves imposiciones a la sociedad colombiana. El catolicismo, se identifico plenamente con el partido conservador, logrando firmar en 1887, un concordato donde obtuvo el reconocimiento y preponderancia para sus ministros, logrando controles en la educación, convirtiéndose en el árbitro de la moral social, haciéndose al control de los cementerios, adueñándose del registro civil al lograr la preponderancia de la partida de bautizo, imponiendo el matrimonio católico, como matrimonio oficial, por encima del matrimonio civil, al que solo se podía acceder previo acto de apostasía, sancionando a las parejas que no contraían matrimonio, distinguiendo para efectos sociales, económicos, afectivos y familiares, entre hijos legítimos e hijos naturales, imponiendo también la indisolubilidad del vínculo matrimonial y manejando, según intereses particulares, los litigios con fuerza vinculante para el estado colombiano, para obtener la nulidad del matrimonio católico, ante la rota romana; así como privilegios impositivos y demás prebendas odiosa y descomunales; dijo al respecto hablando de su infancia el presidente masón Alberto LLeras Camargo, que en su época, todo pasaba por manos de la iglesia católica y el poder de los curas era inconmensurable, se les denominaba autoridades eclesiásticas, junto con las civiles y militares y el poder del púlpito y el confesionario, junto con el acto de la excomunión les servía para controlar socialmente sus feudos, era un poder real, indiscutible y odioso. Todo dentro de la iglesia, nada por fuera de ella.

¿Cuanto daño se le hizo a la sociedad colombiana, con este sistema de religión oficial? Sostenemos que ha sido inmenso el daño que se la ha ocasionado. Las actitudes violentas e insolidárias que hoy padecemos tienen mucho que ver con esa práctica excluyente ejercida sin misericordia contra aquellos que no estaban con la religión imperante, por lo que se les marginaba. Así, socialmente era un daño irremediable el ser madre soltera, mujeres a las que se colocaba en la picota pública, sin ninguna posibilidad de realizar una vida plena y feliz, así como también, el vivir en unión libre, lo cual excluía la posibilidad de que sus hijos fueran educados en algunos colegios y quienes sin ser católicos o por considerar con razón que prevalecían las leyes civiles y preferían el matrimonio civil, tenían que soportar el proceso social de la apostasía, denigrante y lesivo.

Cuantas desgracias y tragedias, nos hubiésemos evitado los colombianos, si el matrimonio válido hubiese sido únicamente el civil y este conforme a su naturaleza contractual, hubiese tenido desde siempre la posibilidad de la ruptura del vínculo?, ahora bien, con ello, nada se oponía a que un católico practicante, también se casara ante su propia iglesia y para pertenecer a ella respetara su sacramento, pero ese es un problema del católico practicante con su religión, no con el estado ni con la sociedad colombiana.

El problema es que se han considerado siempre, la única religión verdadera, la del dios verdadero y la de todos los colombianos, con derecho a intervenir más allá de la relación espiritual con sus adeptos, pretendiéndonos imponer a todos los colombianos, sus creencias, sus postulados éticos, sus mandatos sobre la sexualidad, sus puntos de vista sobre las relaciones de pareja y sus formas de interpretación de las leyes patrias, lo cual es inadmisible.

Cuantos colombianos crecieron en la marginalidad, por culpa de la mácula de ser hijos de uniones libres o llamados naturales, cuantas diferencias se generaron en una sociedad sometida a estas reglas absurdas de una iglesia que pretendió gobernarnos en el más extremo fundamentalismo.

Muchas de las ciudades colombianas mantienen aún los cementerios universales y masónicos, como un recuerdo imborrable de la intolerancia religiosa, que pretendió en su sectarismo no dar cabida a los restos mortales de aquellos que no pertenecieron a su credo, o que contra su doctrina hicieron uso del derecho a morir, o que fueron liberarles o masones. Esos cementerios son hoy monumentos libertarios que hablan por si solos del mal de la intolerancia religiosa, poco a poco se van convirtiendo en campos floridos, donde las nuevas generaciones recordarán la dolorosa lucha contra los fundamentalismos, que le hizo tanto daño a nuestra sociedad, que se vio dividida, martirizada y ultrajada, por aquellos que no entienden que todos los hombres son hermanos.

La Constitución colombiana de 1991, que significó un importante esfuerzo para recomponer el camino de la tolerancia y propiciar aún sin lograrlo la convivencia pacífica entre nosotros, definió a Colombia como un Estado Laico, con lo cual y a partir de ese momento iniciamos el proceso de separación entre el Estado y la iglesia. No ha sido un camino fácil, en primer lugar porque quien tiene los privilegios trata de conservarlos aún a costa de la Constitución y la ley. En 1993, la Corte Constitucional, se decanto por la inconstitucionalidad del Concordato existente entre Colombia y el llamado Estado Vaticano, decisión que los curas, acompañados por sectarios seguidores, consideran no jurídica y pretenden que aún esta vigente, por fortuna sus acciones jurídicas no tuvieron ninguna acogida. A partir de ese momento, se han logrado significativas decisiones que han permitido retirar a la iglesia enquistada en muchas instituciones como juntas de censura de cine, de establecimientos enseñanza religiosa y otros espacios en los que se percibe la innegable perdida de peso específico de esa iglesia en la sociedad colombiana, desgaste social, que se produce como consecuencia de sus tradicional postura de navegar en contravía de la realidad, del progreso y de la ciencia, la delictiva conducta sexual de sus ministros y la posición cada vez mas critica de los colombianos que ya no se dejan influir por las tradicionales armas de control psicológico (el infierno candente, la excomunión etc) que otrora usaban con éxito en la manipulación de las gentes.

Pero aún estamos lejos de lograr los postulados del laicismo, porque aún existe la persistente tendencia en algunos funcionarios públicos, notoriamente en las fuerzas armadas, donde lo religioso es utilizado como una forma de lavar ciertos actos y darles mas credibilidad en el imaginario colectivo por tener el aval de los jerarcas de la iglesia católica en nuestro medio.

No olvidemos además que los totalitarismos no desdeñan la maquillada bendición de los supuestos santos varones, de voz suave y finas maneras, que avalan cosas que al final resultan inpredicables de tan santos señores, recordemos entre nosotros, al arzobispo Caballero y Góngora pactando en nombre de dios con los comuneros y traicionándolos a nombre del rey para cumplir su cometido de lealtad al monarca contra los intereses del pueblo. Sin que podamos olvidar las gestiones diplomáticas de la iglesia comandad por Eugenio Pacelli, ante régimen nazi, contra los judios y sus acuerdos con Benito Musolini en Italia, para consolidar la precaria territorialidad del Estado Vaticano. En otras palabras todos los dictadores y violadores de los derechos humanos, Videla y su cohorte en Argentina, Strossner en Paraguay, Pinochet en Chile, Franco en España, han tenido muy buenas relaciones con la cúpula eclesiástica, como una carta de presentación popular.

En Colombia los hemos visto sentados con personajes como Pablo Escobar, acordémonos del padre García Herreros, el inquisidor Alfonso López Trujillo recibió jugosas contribuciones de Escobar y Monseñor Darío Castrillón contó con la colaboración eficaz de Carlos Ledher en la construcción de casitas en Pereira, y últimamente hemos visto a la jerarquía católica colombiana interponiendo sus buenos oficios con los jefes para-militares. Estas son labores de maquillaje y de lavado de imagen, es un oficio que se cobra, claro esta que también deben incluir peticiones celestiales, por tan siniestros personajes.

Ninguna entidad oficial debe tener capellanes, que además son pagados con dineros oficiales, los actos oficiales no pueden celebrarse, recordarse o lamentarse con misas ni tedeums, etc.

El Estado Colombiano requiere retomar el control de la educación, impidiendo que existan establecimientos educativos en los que se burle el postulado de la libertad religiosa, o donde se discrimine el alumnado o el profesorado por tener un credo diferente o simplemente no tener ninguno, porque esto ocurre a diario en nuestro país.

Pero mas grave resulta, la posición contestataria que han asumido algunos jerarcas católicos frente a las decisiones jurisprudenciales y legales que son contrarias a la doctrina de su Iglesia, y que ellos asumen con rebeldía utilizando los medios de comunicación para subvertir el orden llamando a la desobediencia civil y ofender a quienes toman estas decisiones o deben realizar las acciones correspondientes. Hablamos de los casos de la Eutanasia y del aborto, en los cuales legalmente se han tomado decisiones que permiten la aplicación de la eutanasia bajo ciertas condiciones lo mismo que el aborto. Nuestra crítica a los jerarcas católicos, no radica en que ellos desde el punto de vista de su iglesia, manifiesten al interior de sus iglesias su critica a tales decisiones, es más pueden advertir que la mujer católica que aborte deja de ser católica, como le debe ocurrir a quien favorezca la eutanasia, advertirle incluso que quien se deje aplicar la eutanasia se va para el infierno, pero lo que no es posible, es que ese jerarca católico, se sienta con derecho a ofender a los jueces y médicos colombianos que han tomado y ejecutados estas decisiones y lanzar sobre ellos públicamente el anatema de la excomunión, como si Colombia fuera un Estado Católico y como si todos los colombianos fueran católicos. Deben existir mecanismos para que la iglesia no siga pretendiendo manipular las instituciones estatales, para que no pretenda como lo hizo el mencionado jerarca frente a estos asuntos llamar a la rebeldía e invocar la objeción de conciencia, porque si un católico convencido así lo hace, debe en ese mismo acto renunciar a su cargo.

Desconfiemos también, de los llamados misioneros, cualquiera que sea su religión, que cumplen una tarea de penetración cultural con el pretexto de salvar almas, el laicismo como política estatal de separación entre la Iglesia y el Estado, no puede admitir que a nombre de la caridad o de la superioridad o de la civilización se orade culturalmente un grupo humano y se le imponga un dios y una religión desconocida.

No se trata entonces de perseguir a nadie, se trata es de colocar las cosas en su lugar para que podamos lograr la convivencia derivada del respeto por las creencias religiosas de los demás, en la seguridad de que las religión cualquiera que sea no es un ente de poder, es mucho mas que eso, es la alianza espiritual de hombres y mujeres, que han definido una forma particular de relacionarse con la divinidad y de cumplir su vida conforme a esa definición, pero respetando las creencias de los demás, sin pretender manipular el Estado, ni utilizarlo para imponer sus criterios religiosos, bastante lograrían, por ejemplo la religión católica, si lograra que sus adeptos fueran mejores católicos cumpliendo con los diez mandamientos, el laicismo espera eso, pero lo que no puede permitir es que la iglesia pretenda gobernar o cogobernar como si fuera un órgano político dando instrucciones de voto o de actuación a sus fieles, eso supera los lindes de la religiosidad y no debe ser permitido.

(Este texto es público y puede ser descargado en el siguiente vínculo: http://www.ulb.ac.be/cal/laicismo/www/seminario-2006/download/HISTORIA%20Y%20DESARROLLO%20DEL%20LAICISMO%20EN%20COLOMBIA.pdf)