EL PAPA VISITA UNA ESPAÑA CADA VEZ MENOS CATÓLICA

Por Isabel Caro

Las encuestas corroboran que el catolicismo en España registra un descenso cada vez más constante y acusado entre los jóvenes. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recoge en sus estudios que el porcentaje de la población española que se considera católica ha pasado de un 87% en 1992 a un 71,7% (julio de 2011). Una encuesta realizada el pasado mes por la organización religiosa Paix Liturgique va más allá, concluyendo que solo el 63,3% de los españoles afirman profesar el catolicismo.

Los expertos aseguran que no es un fenómeno exclusivo de España sino de toda Europa Occidental, propio de las sociedades postindustriales. Javier Elzo, catedrático especializado en sociología de la Universidad de Deusto (País Vasco) asegura que en España hay muchas personas que no han olvidado el nacionalcatolicismo del franquismo y califica a la sociedad española como polarizada: “hay por un lado un catolicismo muy conservador, que sigue pensando en modelos casi de Cristiandad frente a un laicismo excluyente de lo religioso”.

La Iglesia y los jóvenes

Entre la juventud, los índices son más contundentes: sólo un 45,1% de los jóvenes entre 15 y 24 años profesa la fe católica, según el último sondeo citado. Para Elzo es un hecho “que ha ocurrido siempre”, quien afirma que por primera vez “nos encontramos con generaciones que no han sido educadas en la fe”. En este sentido, se expresa también el sociólogo experto en pensamiento simbólico y religión, José Antonio Gómez-Marín: “disponemos de una juventud completamente ajena a la religión católica, que ignora la realidad catequética y evangélica y, por supuesto, las obligaciones eclesiales”. Ambos expertos recogen también, como causantes del desapego de los jóvenes a la religión, el profundo cambio de costumbres, al que según ellos la Iglesia no ha sabido responder: “no ha sido capaz de adecuarse a unas exigencias de una sociedad nueva por ejemplo en materia sexual, de convivencia o de caridad”, afirma Gómez-Marín. Este experto reconoce que la Iglesia es la gran agente de la solidaridad pero “no ha sabido dar un gran ejemplo evangélico desprendiéndose de sus bienes, realizando un gran gesto capaz de deslumbrar a una generación”. Católicos no practicantes El descenso del catolicismo viene acompañado por una menor práctica de la religión y un limitado acatamiento de los principios de la Iglesia. El estudio de Paix Liturgique afirma que la mitad de los que se consideran católicos no participa nunca o casi nunca en la misa. Entre los que practican la fe católica, poco más del 14% lo hace al menos una vez a la semana. Los datos del CIS, de julio de 2011, se encuentran en la misma línea; solo el 13% de los católicos asiste a misa casi todos los domingos y festivos. Elzo afirma que responde a un cambio en la manera que los españoles invierten su tiempo de ocio: “hace 30 años la gente salía mucho menos de lo que sale ahora, no tenia segundas residencias y pesaba mucho la tradición. Llegaba el domingo y la gente iba a misa y a la plaza del pueblo. Esto ha desaparecido. Hoy la gente se va a sus segundas residencias, hace deporte… El sentido del domingo no tiene ningún sentido”.

FUENTE: Radio Nederland Internacional

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ENTREVISTA A MARTA VASALLO, PERIODISTA E INTELECTUAL ARGENTINA

‘DEBE HABER UN PROYECTO DE SECULARIZACIÓN DE LA SOCIEDAD’ (Por Sandra Chaher, 28-2-2011)

La búsqueda de una coherencia laica es, para la periodista feminista Marta Vasallo –especializada en conservadurismos religiosos-, la estrategia de fondo que debería desplegarse frente a los sectores conservadores. En un año estratégico por el posible debate de la legalización del aborto, Vasallo analiza las premisas ideológicas de estos sectores –centradas en una moral sexual-, cómo se organizan, y qué puede hacer una sociedad civil comprometida con los derechos humanos para ampliar la agenda.

En los últimos años, los sectores religiosos conservadores generaron nuevas estrategias frente al avance de la agenda de derechos humanos en los parlamentos de América Latina. Grupos minoritarios pero estratégicos en la sociedad civil, acciones judiciales e intento de permear las instituciones de justicia y salud son algunos de los recursos con los que pretenden frenar la instalación de políticas públicas acordes a estados laicos en el continente.

Después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en el 2010, y en un año de posible debate legislativo sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, Marta Vasallo –periodista feminista especializada en conservadurismos religiosos y redactora de Le Monde Diplomatique- analiza cómo estos sectores se concentran en una moral sexual que deja de lado valores centrales al cristianismo como la justicia, la solidaridad, la compasión, y la libertad de conciencia, entre otros; qué estrategias están desplegando para frenar la ampliación de la agenda de derechos humanos; y qué se puede hacer desde una sociedad civil comprometida con estos derechos para avanzar.

-¿Qué estrategias están desarrollando los sectores conservadores después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y de cara a un año de debate por la legalización del aborto?

– Son sectores que se caracterizan por una innovación en las estrategias, que fundamentalmente consisten en utilizar muy bien los recursos de una sociedad plural, democrática: se convierten en un grupo de presión de base. No dan por sentado que la autoridad eclesiástica basta para presionar a los gobiernos. Y no porque no sean apoyados por esta jerarquía, lo son. Pero quieren cambiar el enfoque desde el que tradicionalmente se mira la actuación religiosa en una sociedad.

– ¿Cómo sería esto?

– En una sociedad moderna se presume que el laicismo lleva a la religión al ámbito privado y la disocia de la política. Desde el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Católica ha hecho una reversión deliberada de lo que significó el Concilio Vaticano II que significó -entre muchas otras cosas-, una aceptación de la modernidad por parte de la iglesia, que no la veía como un mal sino como la prolongación natural de la civilización cristiana. En cambio, desde Juan Pablo II, y acentuado con Benedicto XVI, la iglesia lanza una ofensiva mundial de recatolización del mundo que vuelve a considerar a la modernidad, y por tanto al laicismo, como enemigos del cristianismo. No se trataría de una mera vuelta atrás, sino de un reposicionamiento en la actualidad. Y la cruzada de Juan Pablo II atacó en América Latina a fondo la Teología de la Liberación, prácticamente no dejó en manos de personas vinculadas a este grupo ningún puesto político de relevancia. Y además suplantó el asesoramiento jesuítico –los jesuitas eran los principales asesores del Vaticano- por el Opus Dei, que tiene una visión sumamente conservadora. Hoy resulta difícil hacer una distinción entre el Vaticano y estos grupos conservadores, como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, o los que acá se llaman FASTA -Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino-, que son muy cerrados, de identidad muy fuerte.

– Además de oponerse al matrimonio igualitario y al derecho a la interrupción del embarazo, ¿cuáles son los postulados de estos grupos?

– Lo que tienen en común, con el Vaticano también, es centrarse en la moral sexual. Benedicto XVI habla de relativismo moral, refiriéndose a cualquier cosa que transgreda la defensa de la familia tradicional: un jefe varón, la mayor cantidad de hijos posible, método natural de anticoncepción, y la educación en la abstinencia –que es lo que pregonaba George W. Bush-. La idea es que la sexualidad no debe tener un fin fuera de la procreación y en eso consistiría la moral, en una forma de la sexualidad, por encima de otras formas de la moral que fueron centrales al cristianismo como la justicia, la misericordia, el amor al prójimo, la sinceridad, o la libertad de conciencia. Y además, resulta muy favorable a la cruzada de Juan Pablo II y Benedicto XVI la crisis de la modernidad, porque en un mundo muy incierto, de mucha fragmentación, hay un atractivo por una pertenencia fuerte, dada por el seguimiento de normas muy estrictas, y que eclipsa la vacilación.

– ¿Qué aceptación tiene en la feligresía esta posición de la iglesia?

– Lo que registran los estudios es que hay una tendencia de la gente a vivir la religión cada cual a su manera. Pero una característica del Vaticano es que parece no importarle ganar gente sino presentar una identidad fuerte, sin concesiones. Le interesan los grupos muy convencidos, aunque sean minoritarios.

– ¿Dónde busca hoy apoyo la iglesia católica para mantener el estatus quo? Hace unos años, por ejemplo, debutaron en la vía judicial para cuestionar tanto los abortos no punibles como los matrimonios entre personas del mismo sexo.

– Hacen lobbys muy fuertes en el Parlamento. La senadora Liliana Negre de Alonso, por ejemplo, es integrante del Opus Dei.

– ¿Y la diputada Cynthia Hotton?

– Ella es evangélica, pero una estrategia importante de la iglesia católica es la alianza con sectores conservadores de otras iglesias, como el evangelismo, el Islam y el judaísmo, que es lo que sucedió durante la Conferencia de El Cairo de 1994. Otra estrategia de los últimos años fue entrar en las instituciones de salud y en el Poder Judicial. Muchos de los jueces que rechazan las denuncias de abuso sexual que presentan las madres contra los padres abusadores, pertenecen a sectores conservadores de la iglesia. Protegen a los abusadores poniendo como argumento la importancia de la unidad familiar, y promueven la reconciliación de los chicos abusados con el padre diciendo que siempre es mejor tener padre que no tenerlo, no importa quién sea.

– ¿Cómo ves el panorama parlamentario para el 2011, con la posibilidad de que sean tratados dos proyectos de legalización del aborto?

– Mi experiencia dentro de la Campaña por el Derecho al Aborto es que hay una diferencia muy grande de cinco años a estar parte cuando se habla con las y los legisladores, hay mucha más apertura y aceptación hacia este tipo de derechos. Después, es cierto que el juego político en el Parlamento barre con las convicciones individuales. Pero hay una aceptación muy clara de la legalización del aborto en determinadas circunstancias, lo mismo que el compromiso con la anticoncepción y la educación sexual, y esto es un avance importante. Ahora, el derecho de la mujer a interrumpir el embarazo es bastante más difícil, porque también es más difícil la aceptación en el resto de la sociedad. Y es curioso, porque las mismas personas que te dicen que el aborto debe ser ilegal, son quienes te dicen que una mujer no tiene que ir presa por esta razón. Es una opinión muy maleable si se la pudiera trabajar.

– ¿Qué estrategias podrían implementarse desde la sociedad civil para seguir avanzando con la agenda de derechos?

– Yo creo que hay que hacer un trabajo muy intenso en las bases. Primero, de aclaración de qué es lo que está en discusión y de convicción básica en núcleos de gente, en ámbitos educativos, en la corporación médica. En Uruguay, por ejemplo, la situación en relación al aborto es completamente diferente a la de acá -aunque el ex presidente Vázquez haya vetado la cláusula que legalizaba el aborto-, porque la corporación médica apoya el aborto medicamentoso como estrategia para salvar vidas de mujeres. Es una argumentación muy parecida a la que tenía Ginés González García, que decía ‘Yo soy ministro de Salud y tengo que salvarle la vida a la gente’. Pero acá los médicos no lo apoyaron. Otra estrategia es la defensa del laicismo, buscar una coherencia laica en la sociedad. La clase dirigente de pronto tiene encontronazos con la iglesia por razones puntuales, pero no hay un proyecto de secularización definitiva de la sociedad.

– Hay grupos virtuales que promueven la quita de la Constitución Nacional del artículo 2 , pero es cierto que esto no tiene amplia acogida social.

– Ese artículo de la Constitución hace que se deriven hacia las instituciones religiosas muchos recursos del Estado y que les da a los integrantes de la iglesia rango de funcionarios estatales. El hecho de eliminar la vicaría castrense fue un paso adelante, pero son medidas sueltas. No deberíamos tener provincias en las que la educación religiosa sea parte de la escuela pública como Salta, y recientemente se sancionó en Córdoba una ley en la misma línea que fue muy cuestionada por muchos sectores de la población, pero que salió. Habría que promover en la mentalidad general la idea de que la religión no puede determinar las leyes de un país. Y además dejar claro que la iglesia católica actual responde a una tradición que no es la totalidad del catolicismo y del cristianismo, que abarcan otro tipo de éticas y consideraciones sociales. Tenés todas la propuestas de la Teología de la Liberación, y lo que ahora es la opción por los pobres, que hablan de otro cristianismo. La fe religiosa no es incompatible con la comprensión de las situaciones ajenas y con la aceptación de que una misma situación puede tener diferentes soluciones. Que el aborto es un homicidio es una afirmación muy reciente, hecha en la modernidad contra el avance del secularismo, no está escrita en el Nuevo Testamento ni en ninguna parte. Y tiene que ver con el control de la sexualidad, que es una pieza muy importante del control de la población en general.

Fuente: Artemisa Noticias

JOSEPH RATZINGER Y SU VISIÓN DE LAICISMO – Una aclaración de conceptos

Declaración pública de FLUCH (Federación Laica Universitaria de Chile) luego de dichos de Benedicto XVI

Por: Elvis Ríos, Presidente Grupo Laico Darío Salas Nº7

El día viernes 3 de septiembre de 2010, en la versión online del diario El Mercurio, pudimos ver el siguiente encabezado:

“Papa Benedicto XVI denuncia existencia de una “corriente laicista que quiere eliminar a Dios” [1]

Esto, contextualizado en la última publicación del físico Stephen Hawking, libro en el que el científico declara que “No es necesaria la existencia de Dios para explicar el origen del universo. Por el solo hecho de existir la ley de gravedad, es una consecuencia inevitable que el universo se cree a sí mismo de la nada. Suponer que hubo un Dios que encendió la mecha de esa gran explosión es redundante.”[2] La cita anterior ha abierto un debate en el mundo entero en el que diversas opiniones, provenientes de los mundos religioso y científico han querido defender sus posiciones.

Creemos necesario sin embargo, enfocarnos en los dichos del pontífice, puesto que su visión del laicismo nos parece poco acertada, si no mal intencionada. Analizaremos el discurso papal y esperamos aclarar de primera fuente qué es laicismo y que no es.

“El laicismo más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos, a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal, que dicte una enseñanza laica, aconfesional, con instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, sexuales, en conclusión, de ningún tipo” -Alexander Linford, Presidente FLUCH

1- “Hay una fuerte corriente laicista que quiere eliminar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad”

Si existe tal cosa como esa corriente, se le debe llamar antiteísta y no laicista, puesto que el laicismo defiende la libertad de culto, y por lo tanto, el derecho de cada persona a ejercer el culto que estime verdadero. La separación iglesia-estado (constitución de 1925)[3] precedente del laicismo en Chile los grupos protestantes, judíos, y de otras confesiones menos dominantes que el catolicismo establecido desde la conquista, pudieran ejercer su fé, organizarse y establecer templos acordes a sus creencias.

El laicismo no quiere eliminar a dios de la vida de las personas, sino permitir que todas las personas tengan la libertad de escoger y vivir según la religión que prefieran. Lo cual no era posible antes de la separación, puesto que la constitución establecía que “La religión del Estado es la católica, apostólica y romana, con exclusión de cualquier otra”.

2-“La cultura actual, en algunas regiones del mundo, sobre todo en Occidente, tienden a excluir a Dios o a considerar la fe como un hecho privado, sin que sea pertinente para la vida social”.

Veamos los tipos de estado[4]:

Estado ateo o ateísmo político o totalitario. Cuando el ateísmo es la doctrina estatal. La URSS, creada en 1917 fue el primer estado ateo, sus defensores ideológicos fueron Lenin y Stalin

Estado laico o religiosamente neutral. El Estado admite todas las religiones pero no apoya ni financia a ninguna. Hay varios modelos, entre ellos la laicité francesa; la Wall of Separation de EE UU y el modelo turco

Estado multi-religioso o multicultural. El Estado ayuda y financia a todas las religiones por igual. Mantiene a sus clérigos, sus templos y sus actividades. Este modelo se reivindica, fundamentalmente, por religiones que se encuentran en minoría en distintos países.

Estado que tiene una Iglesia oficial. El Estado e Iglesia colaboran estrechamente en tareas de gobierno y mantenimiento del orden público. Se toleran otras iglesias pero no se financian. Este modelo junto con el siguiente, en distinto grado, se reivindican por las jerarquías y grupos fundamentalistas del catolicismo, islam y el judaísmo.

Teocracia. Es el sistema opuesto al ateísmo político. Una sola religión es favorecida, se aplican las leyes que conciernen a esa religión y las otras religiones son suprimidas. Se mantiene en Arabia Saudí y se instauró en el poder en Irán a partir de 1979, Sudán y Afganistán probablemente la apliquen y en casi todos los países musulmanes se aplica en cierta manera. Turquía es el único estado musulmán laico

Sin bien la religión es un asunto personal, la experiencia religiosa suele experimentarse en grupos de personas, y un estado que prohíba o busque coartar la libertad de las personas de reunirse, sería un estado totalitario. El estado laico permite la libre reunión de los ciudadanos cuando los fines de estos grupos no están contra la ley. El laicismo no cree que la religión deba ejercerse solo en lo privado de la conciencia, sino que una religión no puede tener la atribución de ser legislador, puesto que ello iría en detrimento de todas las personas que no profesen la misma confesión religiosa.

3- “Según argumentó el Papa, la totalidad de los valores sobre los que se basa la sociedad provienen del Evangelio, como lo son el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia”.

El evangelio al que se refiere Joseph Ratzinger fue escrito entre el 65 y 100 D.C., mientras que los grandes pensadores griegos vivieron antes de los 500 A.C., también sistemas religiosos como el hinduismo datan de aproximadamente 3500 años. Decir que el cristianismo es EL modelo moral y cultural que entrega sentido de dignidad, solidaridad etc. Es, cuando menos, de un etnocentrismo que obviamente contradice lo que sabemos del mundo.

Es innecesario recordar que nuestras sociedades republicanas se basan en la revolución francesa y en sus principios; en la declaración de derechos humanos y no en el decálogo de Moisés. Es también innecesario profundizar en las inequidades que detonaron dicha revolución, inequidades propias de un régimen monárquico en el que el clero gozaba de privilegios mientras el pueblo vivía en la pobreza. Las diferencias entre las repúblicas actuales y las teocracias medievales y actuales, son tan drásticas que no las mencionaremos.

4- “La experiencia enseña que un mundo sin Dios es un infierno en el que prevalecen los egoísmos, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, de alegría y de esperanza”, añadió.”

Se dice de esta forma que la moral es producto de la religión. Que sin ella no existe el comportamiento ético. Ante esto nos preguntamos: ¿Cómo viven aquellas personas no religiosas? ¿Y aquellas como los budistas, que no derivan de alguna religión mosaica? ¿Son sociedades de asesinos, odiosos, amargados y desesperanzados? Por otro lado, ¿acaso no asesinan, roban, y odian las personas de religiones monoteístas?

Darwin declara que el hombre es un animal social[5], y que su comportamiento moral esta guiado por la necesidad de proteger la vida de aquellos en su manada, así, vemos que esta simple ley se cumple en cuanto las personas defienden siempre la integridad de quienes integran sus círculos, pero no tienen problemas en atacar a quien está fuera de ellos, escenario también descrito por Darwin por cuanto esta conducta es común en las tribus primitivas, llegando al sacrificio y canibalismo de oponentes, cosa aún observable en las guerras y conflictos donde los hombres se enemistan. No solo Darwin se ha ocupado de pensar en dónde se origina la moral, como dijimos, ésta es inherente a todas las culturas humanas, y la no creencia en un dios no implica la pérdida de la moral ni del resto de las características propias de los seres humanos.

Por último, Ratzinger dice que ‘afirmar que todo es lo mismo y que no hay ninguna verdad ni referencia absoluta, genera inestabilidad, decepción y conformismo…’ Ante esto, solo podemos decir que como personas del siglo XXI, republicanas y laicas, estaremos siempre en desacuerdo de las verdades absolutas que busquen ser impuestas. Sean católicas o no, religiosas o políticas. Defenderemos siempre el derecho de la opinión y la divergencia. Y estamos seguros de que esta diversidad de opiniones no debilitará nuestras sociedades, sino que reforzará nuestra tolerancia y educará una mejor convivencia.

[1]http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=434178&utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

[2]http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Dios/creo/Universo/asegura/Stephen/Hawking/elpepusoc/20100902elpepusoc_6/Tes

[3] http://www.memoriachilena.cl/temas/dest.asp?id=presidentesconstitucion

[4] Paul Cliteur, Esperanto moral, Barcelona, Los libros del lince, ISBN: 9788493703813, 2009

[5] Charles Darwin, El origen de las especies. Editorial Alba, Madrid (2001) ISBN:84-89715-47-5

EL PAPA RATZINGER, LA RAZÓN, LA CULTURA Y LA VERDAD

El siguiente es un extracto de un artículo publicado por Fortunato Mallimaci en Le monde diplomatique. Edición Cono Sur.

“La razón y la fe

El actual papado continúa rechazando la idea de que la Iglesia y lo religioso ocupen en la sociedad sólo el espacio privado. Insiste en “defender sus derechos institucionales” y los derechos personales, asimilando por ejemplo el derecho a la libertad y educación religiosa. La defensa de “la verdad” lo lleva a una lucha encarnizada contra lo que llama “dictadura del relativismo y del hedonismo”. Frente a aquellos que buscan entrelazar la modernidad y el cristianismo, que proclaman “una Iglesia que escuche antes de hablar”, que cambie normas y formas, Benedicto XVI asume una integralidad que proclama “restituir la ciudadanía plena a la fe cristiana”.

En Ratisbona explicitó su idea de forjar una modernidad católica desde Europa. Frente a aquellos que buscan rehacer la historia europea reconociendo su pasado religioso judío, cristiano e islámico, Benedicto XVI sólo lo hace desde la racionalidad católica. El cristianismo surge -según su mirada- de la convergencia entre la fe bíblica y la filosofía griega. Es allí, en el encuentro entre Roma y Atenas, donde se produce el proceso emancipatorio de la razón que dará por resultado el cristianismo, consustancial al surgimiento y fortalecimiento de Europa. “Este acercamiento interior recíproco, que se ha dado entre la fe bíblica y el planteamiento filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal (…) Este encuentro (…) creó a Europa (…)”.

Habría otra modernidad “cientificista y agnóstica producida en la Ilustración, con resabios de la Reforma Protestante”, según esta lectura, que desemboca en el nihilismo de la posmodernidad y en su secularismo. Dado que el judaísmo es casi ignorado en esta lectura, es dable suponer que el Papa lo asimile -como otros teólogos católicos- a esa modernidad positivista y secularizante.

El Papa afirmó en Ratisbona: “Nuestra intención no es retirarnos o hacer una crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Porque, mientras nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también vemos los peligros que emergen de estas posibilidades y debemos preguntarnos cómo podemos evitarlos. Sólo lo lograremos si la razón y la fe se vuelven a encontrar unidas de un modo nuevo.”

Benedicto XVI afirma asimismo que la variante premoderna de una sociedad sin razón o contraria a ella, donde prima el “fanatismo”, es la que caracteriza a las sociedades donde rige el Islam: “(…) para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionalidad”. Las “sectas” (término peyorativo para referirse a otras experiencias cristianas, especialmente en América Latina) también formarían parte de grupos “fanáticos” premodernos.

Benedicto XVI trata así de mostrar en Europa una Iglesia de la razón, una “auténtica” modernidad de origen cristiano católico que se opone a otras racionalidades posmodernas y “relativistas” y “premodernas” y fanáticas; a todo tipo de fanatismo, religioso o laico, occidental u oriental.

Meses más tarde volverá con este planteo ante 171 embajadores del cuerpo diplomático ante el Vaticano. Es necesario “un auténtico humanismo integral” que evite -repitiendo la misma frase que en Ratisbona- la actual “autolimitación moderna de la razón”. La condena del fanatismo del Islam se acompaña de la condena a la guerra que lleva adelante la actual administración de Estados Unidos. Poco le importa a este Papa si esto supone “borrar” siglos de historia cristiana de condena a aquellos que invocaron la razón o la ciencia (Galileo, Marx, Sartre); pasar por alto los horrores de la Inquisición, las “guerras justas” o “guerras santas” en nombre del catolicismo contra “herejes”, “liberales”, “judíos”, “comunistas” o “subversivos”…

Crítica a la cultura

La última exhortación de Benedicto XVI, en febrero de 2007, es un retrato de cómo se concibe a sí misma la institución católica en el siglo XXI. Se trata de la síntesis de un encuentro de obispos del mundo entero sobre la Eucaristía, al cual el actual Papa le dio la redacción final. No hay pues ningún “desliz” o “exabrupto”: son propuestas meditadas y elaboradas por el conjunto de la institución.

El objetivo es afirmar una identidad que renueve elementos considerados como esenciales de un sagrado propio -el latín, el gregoriano, el celibato- y mostrarlos hoy como verdades inamovibles, como un “cemento católico” tradicional y al mismo tiempo cautivante e innovador que tranquiliza en la sociedad de riesgo a los decisores y militantes en busca de certezas totales e integrales. La mayor parte de los que perseveran hoy en los seminarios de Europa, Estados Unidos, América Latina, Asia y África provienen de esa matriz de reafirmación identitaria y encuentran fuerte apoyo en el actual papado. Pero no se trata de una “restauración”, de una fuga hacia un momento glorioso del pasado, sino de rehacer nuevos lazos con el Estado y la sociedad civil en el largo plazo.

El documento citado sobre la Eucaristía es toda una propuesta de valorización sacra y social de la “única verdad”. Se trata de crear una mística que entusiasme a aquellos que deben perdurar y luchar en y desde el convento. Es una extensa exhortación, donde el teólogo devenido Papa abunda en citas bíblicas y de San Agustín, su santo predilecto. Hay que reafirmar la importancia de la formación y regulación sacerdotal.

Entre sus principales preocupaciones están, por un lado, la valorización de la familia desde una concepción androcéntrica, donde la mujer sólo es concebida como esposa y madre: “Efectivamente, como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado” (…)  “el Sínodo ha recomendado también destacar la misión singular de la mujer en la familia y en la sociedad, una misión que debe ser defendida, salvaguardada y promovida. Ser esposa y madre es una realidad imprescindible que nunca debe ser menospreciada”.

El espacio de celebración de lo sagrado debe reservarse sólo para aquellos que cumplan con el disciplinamiento interno. Se busca una Iglesia para pocos, para virtuosos no contaminados; por eso se denuncia a los divorciados, “una verdadera plaga en el contexto social actual, que afecta de manera creciente incluso a los ambientes católicos”

Años de ecumenismo son ahora dejados de lado: “Sostenemos que la Comunión Eucarística y la Comunión Eclesial están tan íntimamente unidas que por lo general resulta imposible que los cristianos no católicos participen en una sin tener la otra”. De allí la importancia de valorizar la ceremonia religiosa como algo que reúna pasado, presente y futuro, como en el convento: “Pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; y se ha de procurar que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia”.

Como en toda propuesta católica integralista, no puede faltar la mención de la justicia, del hambre en el mundo o de la explotación de los países más pobres. El Papa recordaba a los embajadores ante el Vaticano: “El escándalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo. Esto nos impulsa a cambiar nuestros modos de vida y nos recuerda la urgencia de eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial, y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente y un desarrollo humano integral para hoy y sobre todo para el futuro”.

En la exhortación postsinodal, luego de recordar que hay que “transformar las estructuras injustas” dice: “La Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla política para realizar la sociedad más justa posible; sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen” (…) “debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar”.

Dueños de la única verdad

En suma, el “fortalecimiento identitario” de Benedicto XVI busca “encantar” a un grupo de virtuosos con un “sagrado eterno”, desde una propuesta de una “verdadera modernidad católica” que denuncia al “actual relativismo” producido “por visiones fundamentalistas y secularizantes”.

Por supuesto, esta visión se contrapone con la de los ciudadanos que buscan ampliar sus derechos sociales; que reivindican tomar decisiones sobre sus cuerpos, parejas, cantidad de hijos y libertades individuales. También es resistida por aquellos que desean vivir en sociedades donde se respete lo religioso pero haya una separación y autonomía entre el poder eclesial y el poder político y el Estado.

Pero para este Papa parece más importante ganar poder institucional que la pérdida o disolución de sus fieles. Un momento de crisis de representación partidaria como el actual se presta para el juego de utilización religiosa de lo partidario y partidaria de lo religioso. El discurso sobre los pobres y la injusticia mundial no se abandona, pero se subordina a la hegemonía moral y a la lucha contra el aborto y la pluralidad religiosa. Se trata de una apuesta de modernidad católica que necesita deslegitimar o subordinar a los otros grupos religiosos, presentándose como la sola verdad capaz de dialogar con Dios y la Razón y por lo tanto de tener una potente voz pública junto a partidos y Estados que, en épocas de desencanto, hagan suyas las propuestas en defensa de la familia, del mérito, del orden y, por supuesto, de la propia institución.

Para llevar adelante ese proyecto hacen falta el silencio, la censura, el descrédito y el alejamiento de quienes disienten de las “verdades” reveladas desde lo institucional. La reciente sanción aplicada al sacerdote jesuita Jon Sobrino de El Salvador (el único sobreviviente de la matanza de sacerdotes comprometidos con su pueblo años atrás) es un ejemplo de que los conflictos internos se resuelven con imposición autoritaria y sin posibilidad de defensa.

En suma, Benedicto XVI pretende que una pretendida Europa cristiana sea el modelo único para la humanidad. Este propósito demuestra su lejanía cultural, social y simbólica con otras expresiones católicas, especialmente de Asia, Africa y América Latina. Este último caso es particularmente chocante, ya que las mayorías se identifican como cristianas pero al mismo tiempo rescatan sus diversas culturas indias, afros y mestizas -además de orientales- mientras viven situaciones de miseria y explotación “que claman al Cielo”.

Lo que genera desconcierto y rechazo, tanto dentro como fuera del catolicismo (algo evidente durante la visita del Papa a Brasil), es que se pretenda llevar esa lógica de certezas y “verdades inmutables” al conjunto del complejo, globalizado y heterogéneo mundo católico, donde muchas de las normas doctrinales son ignoradas tanto por los especialistas en lo religioso como por los creyentes. Los pobres aparecen más como objeto que como sujetos de la Iglesia.

Esta propuesta de modernidad católica conservadora para recrear el convento (en San Pablo Benedicto XVI se alojó y habló desde el convento de los benedictinos), va camino de convertirse también en invitación al gueto católico y en desprecio a la democracia. En las sociedades pluralistas modernas, al contrario de lo que pregona este Papa, los individuos tienden cada vez más a querer comprender por sí mismos y no por imposición de la autoridad; las instituciones expresan a un conjunto de intereses y creencias y la conciencia individual así forjada pretende tomar decisiones sobre el cuerpo y el espíritu.”

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