EL CRITICADO LAICISMO FRANCÉS PUEDE SER ÚTIL EN AMÉRICA LATINA – Por Gastón Pardo

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Gastón Pardo es graduado de periodismo en la Universidad Nacional de México. Cofundador del diario Libération. Corresponsal de la Red Voltaire en México.

Pardo, GastonPor laicismo se entiende la acción reguladora del Estado a través de sus órganos de gobierno para alcanzar la convivencia social ordenando la actividad de las instituciones denominadas iglesias. El laicismo es, así, un instumento que somete la aspiración hegemónica de cada credo a ser asumido como el verdadero y único, y para hacer valer los intereses de la nación en conjunto sobre intereses particulares incluyendo a los religiosos.

En América Latina el boom multirreligioso se disparó en los últimos 20 años. Como ejemplo se puede mencionar que en 1984 había unas quinientas obediencias pentecosteses mientras hoy llegan a 3 mil. Todas ellas, lo mismo que el credo mayoritario, el católico, los protestantismos, las religiones paracristianas como los Testigos de Jehová e incluso los musulmanes, se esfuerzan por logar la imposición de sus creencias y en contrapartida la extinción de las ajenas porque su victoria tendría que ser entendida como la demostración de la magnificencia de su propio dios. Todas las manifestaciones religiosas son, pues, excluyentes y sólo el estado puede garantizar que todas sin excepción se beneficien del respeto mutuo mediante una estrategia laicista emprendida sin cortapisas y sin excepciones por los órganos gubernamentales.

El pluralismo religioso que impregna a las sociedades latinoamericanas no es consecuencia del globalismo financiero que empezó a tomar las riendas de los estados a finales de la década de los ochenta. Desde mucho antes de de la caída del bloque socialista europeo ya se notaba en mucha partes del mundo la proliferación de grupos que manejaban distitos mensajes salvíficos y esperanzas redentoras, para responder a la monotonía que se habría de enseñorear del planeta en los años por venir.

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Estudiantes francesas musulmanas protestando por la ley que les obliga a quitarse el velo islámico en los colegios.
Foto D.R.

El debilitamiento del estado nacional apenas comenzaba a hacerse sentir con la puesta en marcha del principio de la soberanía limitada que se fue imponiendo desde las metrópolis a los países del Tercer Mundo. La exigencia general fue un grito por la privatización de todo, incluso del aire, como lo proclamó el peruano Fernando de Soto. Por eso a nadie extraña que ahora los privatizadores se reserven el derecho a señalar cuáles son los credos útiles a la sociedad y cuáles no. De tal manera, organismos como el Instituto Cristiano de México son los que en medio de escándalos intentan bloquear la viabilidad de los grupos religiosos que les causan disgusto y a los que atribuyen una naturaleza contraria a los intereses del estado, sin que los organismos judiciales hayan ejercido su competencia en la materia.

La pluralización del campo religioso sigue su marcha y tiene que convivir a la vez con singularidades como las étnicas o los organismos no gubernamentales que aspiran a que la sociedad cuente con medios de ejercicio de sus derechos en medio de la borrasca legislativa y de la corrupción irreversible de los jueces.

Los organismos religiosos son asociaciones multitudinarias mientras que las ONG no son más que grupúsculos cuya influencia oscila entre el campo religioso y el étnico para en seguida desplazarse al ámbito de las complicaciones estrictamente urbanas, donde se suelen expresar aspiraciones particulares como las de los desempleados, de las amas de casa y de quienes están hastiados de la inseguridad pública.

La multirreligiosidad se diluye entre otras minorías, y las exigencias de éstas a su vez están nutridas en una previa asociación religiosa. Uno de los síntomas de los neosincretismos es que por lo menos las asociaciones religiosas mayores cuentan ya con su propia ONG de derechos humanos con la que apuntan a recibir respeto y a darlo. Pero el neosincretismo puede conducir también a la aspiración a influir en el entramado político, pues a pesar de que el laicismo ha seguido en México específicamente, una ruta lógica, desde los Acuerdos de 1929 en que se estableció el modus operandi de la iglesia mayoritaria con el estado, éste no ha cesado de considerarla merecedora de privilegios.

El segundo grupo religioso en importancia numérica, La Luz del mundo, fue reconocida el 16 de junio por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) por su labor social. Ante una público de 10 mil personas el director internacional de esa iglesia, Samuel Joaquín, aceptó el reconocimiento de la formación política, que su imagen estuviera ya deteriordada por el escándalo permanente, fue a su vez reconocida por el dirigente religioso asignando a su iglesia un carácter mediador con los desposeídos.

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Manifestación de estudiantes musulmanes en París el 14 de febrero 2004.
Foto D.R.

Una frase textual demuestra las preocupaciones y las aspiraciones de los grupos minoritarios de México. Dijo don Samuel Joaquín: «Hay muchos problemas por resolver. Hay mucho, mucho por hacer. Hagamos un esfuerzo extraordinario no para el lucimiento personal, no por un partido, no por una organización. Las clases marginadas nos esperan. Que la pobreza y la ignorancia de muchos mexicanos sea el detonante necesario para sentirnos comprometidos en esta noble tarea comunitaria».

La Luz del Mundo ha insistido en los últimos años en la vigencia urgente de la laicidad que está en el centro de la fundación de la repúlica. El laicismo tuvo un signo negativo cuando en su nombre la institución católica fue sometida a los intereses del estado nacional y de la sociedad. El laicismo adquiriría un carácter positivo en cuanto se convierte en regulador de la convivencia de la diversidad religiosa. El problema es que el estado y el gobierno encargados demuestran su debilidad bajo el pero abrumador de la tarea laicizadora.

Por ello, el modelo francés laicista, aprobado por la Asamblea Nacional el 10 de febrero último, que prohibe el uso de signos religiosos ostentosos, es decir, singularizadores, ha causado una polémica en espera de conclusión en Francia y en Europa. Pero las minorías mexicanas lo admiten como modelo benefactor, lo cual es comprensible porque la pobreza es casi general y lo que menos desean los millones y millones de menesterosos es verse arrastrados a conflictos parcelarios, que se podrán evitar con sólo prohibir el uso de signos que en ocasiones atraen y en otras producen discriminación.

5 DE JUNIO, INICIO DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL EN ECUADOR, FIESTA PARA EL LAICISMO

eloy_alfaro POR: EDUARDO ORTEGA · FUENTE: LA PRENSA – ECUADOR · 5 JUNIO, 2015

Quizás la Revolución Liberal es el hecho histórico más importante del Ecuador, en razón de que se busco terminar el despotismo que caracterizaba a la época por el contubernio de la iglesia y el tirano gobernante, y es perfectamente loable porque se hizo con la lucha de los sectores populares movilizados en las guerrillas montoneras, el campesinado serrano y costeño, los artesanos, la juventud, los intelectuales progresistas, etc. quienes impusieron cambios como la construcción del ferrocarril Guayaquil Quito, Registro Civil, regulación del matrimonio, beneficencia, despojo de latifundios a la iglesia, libertad de expresión conciencia y culto etc. El laicismo ha constituido por muchos años el concepto fundamental sobre el cual se han cimentados los Estados modernos. La separación del Estado respecto de cualquier creencia religiosa ha cumplido con el objetivo central de permitir al ciudadano el ejercicio del libre albedrío y de su libertad individual, especialmente teniendo el derecho de expresar libremente su palabra. La revolución Alfarista estableció la educación laica, el pueblo y las mujeres podían estudiar y llegar al conocimiento, en definitiva, ser poder. En 1944 se logró definitivamente consolidar la educación laica fiscal gratuita y de calidad al servicio del pueblo. Con el transcurso del tiempo el laicismo ha conseguido que el estado no auspicie ni promocione creencia religiosa alguna, ya que esa facultad de fuero interno corresponde a la persona en donde no interviene el poder público; sin embargo, el auspicio a la venida del Papa, parece de alguna manera que contrapone este enunciado.

¿CÓMO ES UNA SOCIEDAD LAICA?

Ser laico es vivir en una cultura de tolerancia activa. Ser laico es respetar el pluralismo de la sociedad. Ser laico es admitir que en todas las religiones hay tendencias plurales. El laicismo es un movimiento emancipatorio. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

Rafael Díaz Salazar

El laicismo es un movimiento emancipatorio, uno de los que más han contribuido a combatir la dominación y a luchar contra la persecución al pluralismo. Gracias al laicismo tenemos sociedades emancipadas de la dominación eclesiástica y más plurales. En sus orígenes, es un movimiento religioso, de inspiración cristiana, que fue impulsado por minorías protestantes perseguidas que se vieron obligadas a emigrar a Norteamérica y que, en el nacimiento de los Estados Unidos, tuvieron mucho cuidado en asegurarse de que lo que se iba a crear fuese una república laica.

El laicismo es un intento de articular la diversidad y el pluralismo en todas sus manifestaciones personales y colectivas. Es una crítica del clericalismo político, al intento de las castas sacerdotales de todas las religiones de teledirigir la acción del Estado. También es la defensa del pluralismo, de la autonomía del orden jurídico y político, de la dignidad y legitimidad de una moral autónoma, y de la libertad de conciencia. Además, es la reivindicación de una cultura de tolerancia activa. El laicismo no sólo se opone a la dominación, sino que también es un humanismo que propone virtudes, se implica en la creación de ciudadanos y, por eso, le da muchísima importancia a la educación.

UNA CULTURA DE LA TOLERANCIA ACTIVA

Estamos muy necesitados de una cultura de la tolerancia activa, en la que todas las personas y grupos sepan autolimitarse y escuchar a los otros. Hemos de practicar una amistad cívica entre personas y grupos que tenemos identidades, ideas y trayectorias culturales diferentes.

Hemos de reconocer que somos diversos. Tenemos diferentes identidades lingüísticas, sexuales, políticas, ideológicas y religiosas y debemos aprender a convivir mediante el cultivo de la amistad cívica entre quienes tenemos diferencias. Hay que superar la pretensión de algunos eclesiásticos de que la religión católica sea el núcleo de la identidad nacional, pues esto produce enormes dificultades para el diálogo interreligioso y el reconocimiento de las aportaciones de las culturas ateas y agnósticas.

La legislación se ha de fundamentar en una ética cívica de mínimos y los sectores confesionales deben reconocer el pluralismo moral de la sociedad. Antes de legislar sobre asuntos delicados hay que hacer una cuidadosa deliberación ética. Tenemos que plantearnos cuál es el papel de la religión y de las iglesias en la vida pública. Hemos de tener en cuenta las implicaciones de la inmigración para activar el diálogo intercultural e interreligioso.

UNA AMENAZA A LA DEMOCRACIA

El laicismo defiende la libertad religiosa, pero está en contra de las instituciones que dificultan el pluralismo de una ciudadanía diversa. Los fundamentalismos e integrismos religiosos radicales (llámense islamismo político, hinduismo identitario, judaísmo ultraortodoxo o cristanismo neointegrista (católico o protestante) son una amenaza para la democracia y hay que enfrentarse a ellos para que no impidan el pluralismo. Y, desde luego, hay que rechazar sus intentos de que se legisle desde la verdad que dicen poseer.

Pero no hay que olvidar que la religión es un asunto público. En esto coinciden todos los grandes clásicos de la sociología. Las religiones no deben privatizarse, han de tener una presencia en la vida pública y hacer aportaciones
a ella pero, en democracia, tienen que autocontrolar su proyecto de hegemonía. No nacieron en ámbitos de laicidad y han de aprender a vivir en contextos laicos, sabiendo que existe algo inviolable: la libertad de conciencia.

El proceso de globalización nos ha mostrado la gran fuerza social, cultural y política que tienen las religiones. Éstas ejercen un rol público importante en las democracias avanzadas.

Hay dos formas de presencia pública de la religión y de las instituciones eclesiales. La primera -especialmente fuerte en Estados Unidos, Italia y España- constituye un fundamentalismo ético-religioso, con implicaciones políticas, heredero de los integrismos tradicionales. La segunda conecta la inspiración religiosa de transformación social con la producción de ciudadanía políticamente activa y la profundización de la democracia. Es una nueva forma de radicalismo social religioso vinculado a un cristianismo laico y republicano y a los movimientos por una globalización alternativa que han confluido en el Foro Social Mundial.

Dentro de todas las religiones hay tendencias plurales. Muchos movimientos religiosos contribuyen a la emancipación social. Pensemos en su actividad educativa y sanitaria, de atención a los más débiles o de promoción comunitaria en todo el mundo. Hoy, significados pensadores laicistas franceses como Regis Debray, Edgar Morin o Frederic Lenoir piden que se tenga un mayor conocimiento y comprensión del fenómeno religioso.

Es muy poco lo que se sabe de fenómenos emancipatorios religiosos como el ecobudismo, que trabaja con los más pobres; el hinduísmo gandhiano, que alienta al movimiento Vía Campesina, el judaísmo pacifista, el feminismo islámico o el cristianismo republicano que tiene ramas evangélicas, anglicanas y protestantes. El rol emancipatorio de las religiones no se conoce mucho, pues la información religiosa en los medios de comunicación es muy pobre, está muy clericalizada y muy concentrada en asuntos relacionados con los obispos.

Sin laicidad, no hay un futuro alternativo para el mundo árabe. En cualquiera de estos países, antes de las elecciones, hay que redactar Constituciones que impidan la imposición del fundamentalismo islámico. El mundo árabe es plural, el Islam es plural, en los países árabes existen otras religiones. La laicidad del Estado es la única que hace posible que ese pluralismo no sea reprimido y pueda desarrollarse.

Todos necesitamos aprender la cultura de la tolerancia activa, que es la piedra angular de la laicidad. No deberíamos utilizar nuestras señas de identidad simbólica como armas arrojadizas de negación de otras identidades. Los países, incluso los microminipaíses, son plurales y, por lo tanto, países arco-iris. Hay que evitar las guerras de banderas. Expresemos nuestros símbolos y veámoslos como complementarios. Aprendamos a convivir en la sociedad civil.
Nadie debería pretender tener en exclusiva una patria o monopolizar la cultura de un país. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.

Fuente: Revista Envío

UN LLAMADO A DEFENDER EL LAICISMO EN MÉXICO

A las organizaciones defensoras del laicismo

A los diputados locales y Federales

A los Senadores

A los Gobernadores de los Estados de la Federación

A los Presidentes Municipales y miembros de los Ayuntamientos.

A los Ministro de la Suprema Corte de Justicia

A los dirigentes de los Partidos Políticos

A los Sindicatos y agrupaciones gremiales

A las agrupaciones y organizaciones liberales

A los jóvenes, presente y futuro de México

A los ciudadanos mexicanos

El laicismo en México está en peligro. No resulta grata la noticia de que un funcionario mexicano, un servidor público violente las disposiciones constitucionales.

En nuestra Constitución se encuentran las bases organizativas del Estado Mexicano, y existe un principio histórico que ha sido clave en el desarrollo histórico político de nuestro país: EL LAICISMO.

En términos generales el laicismo significa, separación del Estado y de las iglesias, la libertad de creencias y de conciencia, una educación laica.

Después de concluida la Guerra de Reforma, con el triunfo de la ideología del pensamiento liberal, se logró la separación de la iglesia y el Estado.

El principio del laicismo se expresó en la Ley de Libertad de Cultos del 4 de diciembre de 1860, expedida en Veracruz, durante el gobierno de Don Benito Juárez García.

Se incluyó en la constitución de 1857 en el año de 1873, mediante decreto del  Presidente de la República, Don Sebastián Lerdo de Tejada.

La Constitución vigente de 1917, lo incluyó en varios artículos, el 3º relativo a la educación; el 24 que establece la libertad de creencias y el artículo 130 que señala la independencia total del Estado de las iglesias.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, establece en su artículo 3º lo siguiente:

ARTICULO  3o.-  El  Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su   autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo   en lo relativo a la observancia de las  leyes, conservación del orden y   la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna.

Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa.

 En su artículo 25 dispone:

 ARTICULO 25.- Corresponde al Poder Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría de Gobernación la aplicación de esta ley. Las autoridades estatales y municipales, así como las del Distrito Federal, serán auxiliares de la Federación en los términos previstos en este ordenamiento.

Las autoridades federales, estatales y municipales no intervendrán en los asuntos internos de las asociaciones religiosas.

Las autoridades antes mencionadas no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares. En los casos de prácticas diplomáticas, se limitarán al cumplimiento de la misión que tengan encomendada, en los términos de las disposiciones aplicables.

El Reglamento de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en el artículo 28, dispone lo siguiente:

Artículo 28.- Las autoridades a que se refiere el artículo 25 de la Ley, no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni participar en actividad que tenga motivos o propósitos similares.

Se exceptúa de lo previsto en el párrafo anterior, al servidor público que asista a título personal a los actos religiosos de culto público o actividades que tengan motivos o propósitos similares.

En dichos actos o actividades, el servidor público en ningún momento podrá ostentarse o hacer manifiesto su carácter oficial, ni actuar en el ejercicio de las atribuciones que legalmente le correspondan.

En caso de incumplimiento a lo dispuesto en este artículo, el servidor público de que se trata, será sujeto de las responsabilidades y sanciones previstas en las leyes aplicables.

Con las disposiciones antes transcritas, los servidores públicos deben abstenerse de participar con tal carácter en los rituales religiosos, en respeto al principio fundamental de nuestro sistema político que es laico.

Cualquier servidor público debe sujetarse a las disposiciones constitucionales y legales, desde el empleado municipal hasta el Presidente de la República, en el caso de este último, al asumir su mandato, rinde una protesta, ante el Congreso de la Unión, en que por disposición del artículo 87 constitucional, expresa lo siguiente:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.”

Cualquier omisión o falta de respeto a la Constitución genera responsabilidad para el servidor público, ya que estamos inmersos en un sistema de derecho, por lo tanto todos incluidos los ciudadanos estamos obligados a respetar la Constitución y las leyes que de ella emanen.

El Presidente es un mandatario y por lo tanto está sujeto al mandato de los ciudadanos pero además está comprometido por su Protesta Constitucional, a respetar la Constitución y las leyes.

El hecho de que cualquier funcionario sea el Presidente de la República o cualquier gobernador del algún estado de la federación, viole las disposiciones relativas al laicismo, deja sujeto a dicho servidor público, a la responsabilidad política y las sanciones administrativas que correspondan.

La ceremonia de beatificación, en el caso de la iglesia católica, se otorga en un ritual auténticamente místico religioso, como lo es una misa. Por lo tanto acudir a la beatificación es asistir a un acto religioso.

En días pasados se ha publicado en la prensa nacional, que nuestro presidente Felipe Calderón Hinojosa, acudirá a la beatificación de Juan Pablo II, misma que se realizará en Ciudad del Vaticano, el próximo 1º de mayo de 2011; a lo que debemos considerar que acudirá en su calidad de católico, pero no como Presidente de una República Laica, a menos que pretenda violar nuestra Constitución Política.

Por tal motivo se hace el presente llamado a todas las agrupaciones ciudadanas defensoras del laicismo, para manifestar nuestro apoyo al Estado Laico Mexicano.

A los legisladores locales y federales, a emitir su pronunciamiento respecto a la visita anunciada de nuestro Presidente Felipe Calderón,  al Estado Vaticano, para participar en un acto religioso católico, lo cual resulta violatorio de nuestra Carta Magna.

A los ciudadanos mexicanos, manifestarnos con los medios a nuestro alcance en contra de dicha acción presidencial que atenta contra el laicismo en México.

A los dirigentes de los Partidos Políticos Nacionales, a defender el principio del laicismo, base de nuestro sistema político y jurídico.

A los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, a defender la interpretación de nuestra Constitución, en el sentido de que existe una separación tajante, entre las autoridades civiles y las agrupaciones religiosas.

A los sindicatos y agrupaciones gremiales, a defender el espíritu democrático de nuestra constitución y las leyes que están fundadas en el laicismo, como principio histórico político.

A las organizaciones liberales herederas del pensamiento que ha construido las instituciones de nuestro país, a manifestar nuestra oposición a que el presidente Felipe Calderón Hinojosa asista en su carácter de funcionario público a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II.

SIN LAICISMO NO HAY DEMOCRACIA

México “Patria de los Liberales” a 21 de Abril de 2011

 Centro de Acción Laica de México

  Pedro Márquez Celaya

Presidente

EL RETO DEL LAICISMO EN MÉXICO

(Ponencia de Gilberto Rincón Gallardo, Presidente del Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación, ante el Grupo Permanente por la Tolerancia Religiosa, Cámara de Diputados, México, D. F., a 18 de mayo de 2004)

La sociedad mexicana está experimentando una fuerte transformación. Ya ningún país está fuera de la influencia de otras naciones y ninguna cultura puede permanecer impávida frente a una globalización que se introduce en todos los espacios de la vida colectiva. Las sociedades actuales, y México no es la excepción, se hacen cada vez más complejas conforme se modernizan y se abren al exterior. Grandes fuerzas en la economía y en la política favorecen esta transformación.

Nos guste o no, la aldea local en que crecimos se convierte a pasos agigantados en una aldea global.

Pero debemos reconocer que a este cambio contribuyen también procesos que son menos visibles. Los individuos buscan encontrar un sentido a su vida tanto en las antiguas respuestas como en las nuevas que aparecen día con día.. La apertura política, económica y cultural de las sociedades ha dado lugar también a que la respuesta única a las cuestiones de fe ahora se presente ahora como una respuesta entre varias.

La democracia fomenta la libertad, y la libertad fomenta el pluralismo. Sólo el pensamiento conservador considera que la pluralidad y la existencia de minorías es un daño que hubiera que corregir. El pensamiento progresista sabe que la salud democrática de un país se mide no por la gran fuerza de sus mayorías, sino por los derechos que ejercen las minorías.

Es un acto de honestidad intelectual admitir que actualmente experimentamos un cambio significativo de mentalidades en México. Debo decir que este cambio es para bien.

He mencionado causas sociológicas e incluso, puedo decir, espirituales. Pero también veo en este cambio de mentalidades el resultado del derecho que la democracia reconoce a los ciudadanos para elegir libremente sus orientaciones ideológicas y religiosas.

El pluralismo político y el pluralismo religioso comparten el suelo nutricio del Estado laico y respetuoso de los derechos fundamentales de la persona.

¿Qué significa esto? Significa, ante todo que, independientemente de nuestras convicciones personales, debemos admitir que México ya no es una sociedad culturalmente monolítica.

De hecho, nunca lo ha sido, pero ahora, con mayor razón, es necesario reconocer la pluralidad cultural y religiosa como un rasgo irrenunciable e irreductible de nuestra experiencia colectiva.

De ahora en adelante, no sólo debemos acostumbrarnos al hecho de que somos una sociedad plural, sino que tendremos que adecuar nuestras instituciones públicas para que sean capaces de hacer convivir a esta pluralidad en el marco de un régimen de leyes.

México es un país verdaderamente plural, sobre todo en los aspectos más significativos: plural en formas de vida, en visiones de la moralidad, en proyectos sociales, en creencias religiosas.

Necesitamos por ello reconstruir el Estado laico para que sea capaz de convertir esta pluralidad en riqueza social y no en fragmentación y enfrentamientos.

Esta pluralidad política, cultural y religiosa, debe acompañarse de un marco definido de convivencia y bienestar común a los diferentes grupos, asociaciones o religiones que componen el mosaico plural de creencias en nuestro país.

La formula para la convivencia de la pluralidad es el laicismo. Sabemos que el laicismo es el recurso que el mundo moderno encontró, y que el Estado mexicano retomó como principio, para evitar tanto la crispación en las relaciones entre el Estado y la religión, y para impedir que las divisiones de creencias religiosas fracturaran de forma irremediable a la comunidad política.

El laicismo es una solución positiva para la convivencia entre religiones mayoritarias y minoritarias, y para evitar que las creencias de unos cuantos se hagan dominantes a través de la fuerza del Estado y no de la del convencimiento y la persuación legítima.

Pero el laicismo no es, como se ha pretendido hacer creer con frecuencia, un espacio vacío y sin valores propios. El laicismo no es el residuo que queda frente a los grandes valores morales o religiosos de los particulares.

El laicismo tiene valores propios como la tolerancia, la libertad de credos, los derechos de la persona y la igualdad de todos ante la ley; valores sin los cuales el mundo democrático sería inexistente. El laicismo debe ser, en una sociedad abierta y pluralista, la ética que ha de regir la vida pública y la convivencia entre la pluralidad de la nación.

Es necesario defender el laicismo porque es un fundamento del orden político que asegura el goce de su libertad religiosa a las minorías confesionales. En este sentido, una sociedad laica, es sinónimo de una sociedad abierta a todas las interpretaciones del hecho religioso. Ese es el sentido positivo del laicismo.

Así que no basta con la aconfesionalidad del Estado para decir que éste es laico. Es necesario que sea militantemente defensor de la pluralidad y del ejercicio de las libertades de credo y de pensamiento; que sea protector de las minorías frente a la amenaza ilegítima de las mayorías, y que sea promotor de una educación pública orientada por el pensamiento crítico y los valores humanistas.

Las grandes corrientes religiosas presentes en México, por grandes y profundas que sean las diferencias entre sus distintas concepciones de lo sagrado y lo profano, pueden encontrar un marco de cooperación que sea benéfico tanto para cada una de ellas como al país en su conjunto.

Una sociedad que se identifica firmemente con un orden jurídico justo, es decir, que respeta plenamente las libertades fundamentales, los derechos de participación política y la libertad de culto de cada uno de sus miembros, puede ser, a la vez una sociedad plural y una unidad política que no tenga como cohesión el autoritarismo.

Bajo este supuesto, las diferencias de credo entre diferentes grupos sociales y la pluralidad de prácticas religiosas son perfectamente compatibles con la idea de un proyecto común de nación.

La democracia es un proyecto para solidarizar el México diverso y para conjuntar la pluralidad en proyectos de beneficio común. No nació para borrar esas diferencias que dan riqueza a nuestra vida colectiva. En cuanto defendamos el laicismo y la separación entre el Estado y las iglesias, defendemos también el diálogo entre confesiones religiosas y el diálogo entre éstas y el Estado. Todo ello de manera abierta y transparente.

Muchas gracias

Libertades Laicas. Programa Interdisciplinario de Estudios sobre las Religiones(PIER), El Colegio Mexiquense, A.C. Ex Hacienda Santa Cruz de los Patos, Zinancantepec, CP 51350, México, Teléfono: (+52) 722 279 99 08, ext. 215 y 216. Correo electrónico: libertadeslaicas@cmq.edu.mx Libertades Laicas red iberoamericana por las libertades laicas

JOSEPH RATZINGER Y SU VISIÓN DE LAICISMO – Una aclaración de conceptos

Declaración pública de FLUCH (Federación Laica Universitaria de Chile) luego de dichos de Benedicto XVI

Por: Elvis Ríos, Presidente Grupo Laico Darío Salas Nº7

El día viernes 3 de septiembre de 2010, en la versión online del diario El Mercurio, pudimos ver el siguiente encabezado:

“Papa Benedicto XVI denuncia existencia de una “corriente laicista que quiere eliminar a Dios” [1]

Esto, contextualizado en la última publicación del físico Stephen Hawking, libro en el que el científico declara que “No es necesaria la existencia de Dios para explicar el origen del universo. Por el solo hecho de existir la ley de gravedad, es una consecuencia inevitable que el universo se cree a sí mismo de la nada. Suponer que hubo un Dios que encendió la mecha de esa gran explosión es redundante.”[2] La cita anterior ha abierto un debate en el mundo entero en el que diversas opiniones, provenientes de los mundos religioso y científico han querido defender sus posiciones.

Creemos necesario sin embargo, enfocarnos en los dichos del pontífice, puesto que su visión del laicismo nos parece poco acertada, si no mal intencionada. Analizaremos el discurso papal y esperamos aclarar de primera fuente qué es laicismo y que no es.

“El laicismo más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos, a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal, que dicte una enseñanza laica, aconfesional, con instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, sexuales, en conclusión, de ningún tipo” -Alexander Linford, Presidente FLUCH

1- “Hay una fuerte corriente laicista que quiere eliminar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad”

Si existe tal cosa como esa corriente, se le debe llamar antiteísta y no laicista, puesto que el laicismo defiende la libertad de culto, y por lo tanto, el derecho de cada persona a ejercer el culto que estime verdadero. La separación iglesia-estado (constitución de 1925)[3] precedente del laicismo en Chile los grupos protestantes, judíos, y de otras confesiones menos dominantes que el catolicismo establecido desde la conquista, pudieran ejercer su fé, organizarse y establecer templos acordes a sus creencias.

El laicismo no quiere eliminar a dios de la vida de las personas, sino permitir que todas las personas tengan la libertad de escoger y vivir según la religión que prefieran. Lo cual no era posible antes de la separación, puesto que la constitución establecía que “La religión del Estado es la católica, apostólica y romana, con exclusión de cualquier otra”.

2-“La cultura actual, en algunas regiones del mundo, sobre todo en Occidente, tienden a excluir a Dios o a considerar la fe como un hecho privado, sin que sea pertinente para la vida social”.

Veamos los tipos de estado[4]:

Estado ateo o ateísmo político o totalitario. Cuando el ateísmo es la doctrina estatal. La URSS, creada en 1917 fue el primer estado ateo, sus defensores ideológicos fueron Lenin y Stalin

Estado laico o religiosamente neutral. El Estado admite todas las religiones pero no apoya ni financia a ninguna. Hay varios modelos, entre ellos la laicité francesa; la Wall of Separation de EE UU y el modelo turco

Estado multi-religioso o multicultural. El Estado ayuda y financia a todas las religiones por igual. Mantiene a sus clérigos, sus templos y sus actividades. Este modelo se reivindica, fundamentalmente, por religiones que se encuentran en minoría en distintos países.

Estado que tiene una Iglesia oficial. El Estado e Iglesia colaboran estrechamente en tareas de gobierno y mantenimiento del orden público. Se toleran otras iglesias pero no se financian. Este modelo junto con el siguiente, en distinto grado, se reivindican por las jerarquías y grupos fundamentalistas del catolicismo, islam y el judaísmo.

Teocracia. Es el sistema opuesto al ateísmo político. Una sola religión es favorecida, se aplican las leyes que conciernen a esa religión y las otras religiones son suprimidas. Se mantiene en Arabia Saudí y se instauró en el poder en Irán a partir de 1979, Sudán y Afganistán probablemente la apliquen y en casi todos los países musulmanes se aplica en cierta manera. Turquía es el único estado musulmán laico

Sin bien la religión es un asunto personal, la experiencia religiosa suele experimentarse en grupos de personas, y un estado que prohíba o busque coartar la libertad de las personas de reunirse, sería un estado totalitario. El estado laico permite la libre reunión de los ciudadanos cuando los fines de estos grupos no están contra la ley. El laicismo no cree que la religión deba ejercerse solo en lo privado de la conciencia, sino que una religión no puede tener la atribución de ser legislador, puesto que ello iría en detrimento de todas las personas que no profesen la misma confesión religiosa.

3- “Según argumentó el Papa, la totalidad de los valores sobre los que se basa la sociedad provienen del Evangelio, como lo son el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia”.

El evangelio al que se refiere Joseph Ratzinger fue escrito entre el 65 y 100 D.C., mientras que los grandes pensadores griegos vivieron antes de los 500 A.C., también sistemas religiosos como el hinduismo datan de aproximadamente 3500 años. Decir que el cristianismo es EL modelo moral y cultural que entrega sentido de dignidad, solidaridad etc. Es, cuando menos, de un etnocentrismo que obviamente contradice lo que sabemos del mundo.

Es innecesario recordar que nuestras sociedades republicanas se basan en la revolución francesa y en sus principios; en la declaración de derechos humanos y no en el decálogo de Moisés. Es también innecesario profundizar en las inequidades que detonaron dicha revolución, inequidades propias de un régimen monárquico en el que el clero gozaba de privilegios mientras el pueblo vivía en la pobreza. Las diferencias entre las repúblicas actuales y las teocracias medievales y actuales, son tan drásticas que no las mencionaremos.

4- “La experiencia enseña que un mundo sin Dios es un infierno en el que prevalecen los egoísmos, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, de alegría y de esperanza”, añadió.”

Se dice de esta forma que la moral es producto de la religión. Que sin ella no existe el comportamiento ético. Ante esto nos preguntamos: ¿Cómo viven aquellas personas no religiosas? ¿Y aquellas como los budistas, que no derivan de alguna religión mosaica? ¿Son sociedades de asesinos, odiosos, amargados y desesperanzados? Por otro lado, ¿acaso no asesinan, roban, y odian las personas de religiones monoteístas?

Darwin declara que el hombre es un animal social[5], y que su comportamiento moral esta guiado por la necesidad de proteger la vida de aquellos en su manada, así, vemos que esta simple ley se cumple en cuanto las personas defienden siempre la integridad de quienes integran sus círculos, pero no tienen problemas en atacar a quien está fuera de ellos, escenario también descrito por Darwin por cuanto esta conducta es común en las tribus primitivas, llegando al sacrificio y canibalismo de oponentes, cosa aún observable en las guerras y conflictos donde los hombres se enemistan. No solo Darwin se ha ocupado de pensar en dónde se origina la moral, como dijimos, ésta es inherente a todas las culturas humanas, y la no creencia en un dios no implica la pérdida de la moral ni del resto de las características propias de los seres humanos.

Por último, Ratzinger dice que ‘afirmar que todo es lo mismo y que no hay ninguna verdad ni referencia absoluta, genera inestabilidad, decepción y conformismo…’ Ante esto, solo podemos decir que como personas del siglo XXI, republicanas y laicas, estaremos siempre en desacuerdo de las verdades absolutas que busquen ser impuestas. Sean católicas o no, religiosas o políticas. Defenderemos siempre el derecho de la opinión y la divergencia. Y estamos seguros de que esta diversidad de opiniones no debilitará nuestras sociedades, sino que reforzará nuestra tolerancia y educará una mejor convivencia.

[1]http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=434178&utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

[2]http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Dios/creo/Universo/asegura/Stephen/Hawking/elpepusoc/20100902elpepusoc_6/Tes

[3] http://www.memoriachilena.cl/temas/dest.asp?id=presidentesconstitucion

[4] Paul Cliteur, Esperanto moral, Barcelona, Los libros del lince, ISBN: 9788493703813, 2009

[5] Charles Darwin, El origen de las especies. Editorial Alba, Madrid (2001) ISBN:84-89715-47-5

PALABRAS DE CLAUSURA DEL PRIMER SEMINARIO LATINOAMERICANO DE LAICISMO

1.- Introducción. El laicismo siempre ha sido la doctrina que defiende la independencia de la sociedad y del Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa, y siempre ha sido la inspiración para que en la sociedad, particularmente en la escuela, por respeto a la conciencia de cada ciudadano, no se introduzca ni establezca ningún dogma religioso. Favorecer a un culto es marginar a otros.

El laicismo permitió la secularización de los derechos y las libertades fundamentales a la vez que contribuyó a consolidar las instituciones democráticas en un plano de mayor igualdad y tolerancia. Correspondió al laicismo y a sus figuras patrióticas y libertarias más esclarecidas la inmensa tarea de desprenderse de la religión única y exclusiva, conque se sometió, por decenas de años, a pueblos enteros. ¡Cuánto se luchó para tener derecho siquiera a enterrarse sin estigmas ni prohibiciones!

El laicismo, con más o menos éxito, aún separado y disperso como ha estado, ha sido capaz de enfrentarse a todos los totalitarismos religiosos, a los dogmas eternos e inamovibles y a los poderes sacramentales definitivos e inapelables, destinados a mantener a la sociedad bajo la dependencia de la jerarquía institucional de las iglesias. Con la pretensión de regentar las conciencias y legitimar los gobiernos, ya en 1520, el obispo español Diego de Landa hizo quemar en una plaza pública los libros de los mayas.

El laicismo ha venido lentamente liberando al hombre de la servidumbre con que han querido someterlo los movimientos fundamentalistas e integristas. En nombre de la infabilidad literal de los textos sagrados y la inamovilidad de las tradiciones se ha querido la libertad. Pero no crea que solo con la separación de la Iglesia y del Estado se logra un Estado Laico que reconozca de veras la libertad de conciencia y los derechos fundamentales del hombre, sino que se necesita, como base ineludible e inequívoca, una sociedad que crezca y se desarrolle en un ambiente de paz, diversidad y pluralidad en lo político y moral.

Desde 1790, cuando se emprende la tarea de definir en América Latina los límites de nuestros Estados, tal como ocurrió en África y el Cercano Oriente, las fronteras fueron trazadas según los intereses políticos y religiosos de los centros dominantes, sin tomar en cuenta las fronteras étnicas ni las regiones geohistóricas antiguas. La religión católica, violentando la libertad de conciencia, terminó por imponer a la población sus convicciones arbitrarias y por dejar a los indígenas sin acceso a los centros urbanos, a los bienes y beneficios rurales. Aún hoy, con centenarios padecimientos, los indígenas suelen vivir 10 años menos.

El laicismo, no obstante la gigantesca y agresiva actividad religiosa cumplida por la iglesia, ha tenido el vigor necesario para responder al catolicismo que ha pretendido convertirse en actor político y reclamar espacios que sobrepasan los márgenes de la tolerancia y la libertad de pensamiento al pretender reglamentar la vida personal y oprimir la vida ciudadana. A ninguna religión, teniendo la imagen rediviva del fanatismo inexorable de Tomás de Torquemada, se le puede permitir desbordar los límites de la conciencia individual y colectiva.

El laicismo es patrimonio de la soberanía popular y de la libre determinación de hombres y mujeres, porque permite la emancipación de todos aquellos poderes oscuros que limitan la justicia, la libertad, educacional y religiosa, y la expresión de todos los proyectos éticos contemporáneos.

Sobre bases laicas, no místicas ni sectarias, las ideas pueden desarrollarse en un ambiente de comprensión y tolerancia sin imposiciones que lesionen y perturben el libre ejercicio del pensamiento. La sociedad no es un recinto teologal, sino un lugar de entendimiento humanista, de respeto a todas las creencias y base legítima del Estado. En una sociedad que debe estimular la libertad individual y el derecho a la libre escogencia política, no pueden tener cabida el autoritarismo político ni el dogmatismo religioso. La ciencia, la educación, el arte, el gobierno y la creación en sí misma, suelen expresar opciones religiosas y políticas, pero no pueden estar limitados por la opresión del pensamiento arbitrario e intolerante.

2.- Desafíos del laicismo. Después de la dura lucha desarrollada desde el siglo XVIII en que la iglesia y el estado se disputaron la escuela y la universidad, el laicismo moderno ha tenido que levantarse frente al restauracionismo romano ante sus pretensiones de revitalizar a la iglesia como poder político y ha tenido que engrosar su voz respecto de las sectas y grupos religiosos excluyentes con signos de limpiezas étnicas.

Se ha dicho que en los 40 años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se registraron 88 guerras mientras que desde 1945 han estallado cerca de 200 guerras de alta intensidad, la mayor parte a consecuencia de conflictos étnicos y religiosos (Yugoslavia, Serbia, Ruanda, Somalia, Sudán, Burundi, Georgia, Chechenia, Timor Oriental), que han constituido peligros de la magnitud de los originados por la Guerra Fría (1949-1990).

El laicismo, a pesar de su inorganicidad, ha levantado su voz ante la formación de gobiernos religiosos como los de Sudán y Afganistán, ante los atentados de Irlanda del Norte, Turquía, Kenia y Argentina, ante las luchas internas como en las ex repúblicas soviéticas musulmanas, en India, Nigeria, Sudáfrica y ante los movimientos separatistas del Cáucaso, Indonesia e Irlanda del Norte, en esta última donde se enfrentan protestantes y católicos desde el siglo XVIII.

Católicos, protestantes y musulmanes quieren resolver sus diferencias con sangre y todos quieren tener un Dios hecho a su medida, que los ampare y favorezca y que, también, los justifique en sus desmanes e intereses.

En América Latina no menos de 30 partidos, con confesionalidades encubiertas, en los Parlamentos de Brasil, Perú, Guatemala o Colombia, son los nuevos adversarios del laicismo y la moral laica que es expresión de la universalidad de los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. Esa realidad explica, en buena medida, que apenas el 25% de los latinoamericanos esté satisfecho con el funcionamiento del sistema democrático. Solo el fundamentalismo protestante cuenta, en Estados Unidos, para incidir en las preferencias políticas de los electores, con más de 200 compañías de televisión, 1.500 radioemisoras y una red de universidades, colegios y escuelas.

Los grandes medios de comunicación, privados y comerciales, han pretendido reemplazar a los partidos políticos y no han podido persuadir que la democracia como está ya no responde a las necesidades de la población. El desequilibrio informativo y la marginación comunicativa mantienen la dependencia y bloquean las posibilidades de los ciudadanos para que participen, de alguna manera, sin interferencias indebidas, en la vida nacional de cada pueblo. La libertad de expresión de grandes sectores, está frecuentemente confiscada por grupos poderosos, aliados de fundamentalismos políticos, económicos y religiosos.

El laicismo tendrá que renovar sus esfuerzos para contribuir a crear el clima necesario a fin de que, por lo menos en América Latina, con 500 millones de habitantes, y que en 30 años más crecerá en 200 millones, se expresen la tolerancia, la justicia social y el pleno derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, en su artículo 59, dice que “nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos”.

Esa es la meta ideal del laicismo, la plenitud del pensamiento libre y el humanismo en su expresión superior.

3.- Hacia la unidad del laicismo. Tengamos la seguridad que el laicismo será la doctrina básica más democrática para el entendimiento futuro de todos los movimientos que luchen por una verdadera democracia solidaria, cualesquiera sean los nuevos centros de poder mundial –Estados Unidos, China, Rusia o Unión Europea– y las nuevas fórmulas que encuentre el mundo venidero para introducir cambios sustanciales que modifiquen, en beneficio del hombre, las viejas, gastadas e injustas estructuras políticas y jurídicas.

Han pasado casi 200 años de independencia de nuestros pueblos y aún fuertes sectores de la población viven en la miseria, sin que nadie les pueda escuchar su largo quejido por la justicia. Si bien más de 100 países se han desprendido de regímenes dictatoriales y violentos en los últimos 20 años y la mayor parte de la humanidad vive en democracia, todavía está muy lejos una situación satisfactoria. Se necesitarían más de 100 años para que un pobre, víctima de derechos fundamentales, como el trabajo mismo, pueda obtener para los suyos lo que un gerente de una transnacional gana en una o dos horas. El viejo Michelet decía, no sin razón, que el Siglo XVI descubrió al mundo y al hombre; desde entonces van siglos de atraso y pobreza, con tiempos como éstos de insólita desigualdad.

Ninguna doctrina mejor que el laicismo para que los valores inapreciables de la tolerancia y la justicia se desarrollen y crezcan en favor del respeto a la libertad de pensamiento, a la dignidad y destino de esos hombres y mujeres, tantas veces postergados por sus creencias, su raza, su nacionalidad o su educación que, siendo un derecho, les ha excluido. Nada impide más el acercamiento humano que la desigualdad en el saber.

Parece que las iglesias, que sin mucha discrecionalidad han cogobernado, y aún los partidos políticos sienten su influencia quebrantada frente al laicismo al que, por su persistencia libertaria, ven como rival y adversario en el mundo de hoy. El laicismo jamás ha pretendido reemplazar la política o la religión, sólo ha reclamado que todos los factores de la sociedad abran paso a la espiritualidad y a los valores positivos y elevados como los suyos que humanizan y enaltecen.

El Presidente del Centro de Acción Laica de Bélgica, CAL, Philippe Grollet, en una notable vanguardia de una comunidad filosófica no confesional, ha llamado a echar las semillas de la unidad orgánica del pensamiento laico para escribir desde ahora, necesariamente juntos e integrados, la página liberadora que reclama la propia entraña de nuestros pueblos. Dispersos, en verdad, no existimos, pero juntos seremos capaces de subrayar la palabra multiplicada de libertad que escasea en el escenario político y religioso de la sociedad contemporánea.

Si rescatamos la memoria histórica de nuestros pueblos, si redescubrimos sus raíces verdaderas y volvemos sobre aquellos hombres que hablaron y no hemos podido escuchar bien en sus palabras, de seguro que fortaleceríamos las banderas del laicismo como expresión de la dignidad de nuestros pueblos. Nos independizaron ciertamente, pero no alcanzaron a darnos la independencia sobre yugos que aún permanecen en los púlpitos con desplante tradicional y romano. El Gran Maestro de la Masonería Chilena y Presidente del Instituto Latinoamericano de Estudios Contemporáneos, Prof. Jorge Carvajal Muñoz ha hablado del clericalismo soberbio, con irrevocable certeza.

El laicismo es luchar por lo nuestro, es abrir las ventanas de la comprensión y la justicia y es luchar sin tregua contra todos los fanatismos, que perturban y distraen en la tarea común del bienestar irrevocable del hombre.

La salvación nacional y democrática de nuestros pueblos, en su identidad social, étnica, cultural y política, sin intromisiones foráneas, está, como brújula en la marejada, en el laicismo que hoy ha exaltado este Primer Seminario Latinoamericano para que haya libertad, paz y justicia.

Nada nos separa, la unidad de los que luchan y trabajan por el laicismo se está sellando hoy y esta es la hora de celebrarlo, sin pérdida de tiempo.

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Palabras de clausura del Primer Seminario Latinoamericano de Laicismo realizado en Santiago de Chile, del 27 al 30 de octubre de 2004, organizado por la Universidad La República, el Centro de Acción Laica de Bélgica, CAL, y el Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, ILEC. Santiago de Chile, 31 de octubre de 2004.