CREACIONISMO VERSUS EVOLUCIONISMO

DARWINISMO Y EVOLUCIÓN: ¿EL BESO DEL DIABLO?

                                                                                                                                                                      Ante los nuevos lobbys creacionistas y la influencia que empieza a tener en España, el científico mexicano, primer latinoamericano que preside la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida (ISSOL por sus siglas en inglés), plantea que el creacionismo no es una teoría científica, sino un movimiento político e ideológico. Para el reconocido biólogo, las religiones cristianas, por contra, tienen una tradición filosófica e intelectual muy refinada que está al margen del creacionismo, que nació en EEUU de la derecha ultraconservadora.

“Satanás es el verdadero creador del concepto de evolución”, escribió en 1974 Henry Morris, cuando era director del llamado Institute for Creation Research en San Diego, en EEUU. Unos veinte años más tarde, en compañía de su compatriota Duane Gish, también militante del creacionismo, comenzó a visitar Turquía para asistir a reuniones antievolucionistas y, de pasada, buscar los restos del Arca de Noé, que según la tradición quedó varada en el Monte Ararat al descender las aguas del diluvio universal. Con tal de vencer al demonio, la solidez del cristianismo de Morris y Gish no tardó en ser substituida por uneclecticismo que les permitió establecer alianzas estratégicas con algunos musulmanes fundamentalistas, incluyendo a Adran Oktan, quién, bajo el pseudónimo de Harun Yahya, alcanzó una cierta notoriedad al repartir por correo miles de libros de contenido antievolucionista bellamente empastados pero bastante mal escritos.

Los creacionistas han prosperado en EEUU, donde un porcentaje importante de la población se declara seguidor de la interpretación literal del Génesis. Si bien es cierto que, en algunos estados de la Unión Americana, los empeños de los creacionistas por influir en la educación pública han sido frenados por la vía judicial, se han adaptado a los nuevos tiempos. Para evitar ser reconocidos como promotores de una visión religiosa, usan la frase “diseño inteligente”, eliminando de un plumazo términos bíblicos y las referencias a Dios. Los creacionistas han modernizado su organización y su lenguaje, creando escuelas y universidades privadas, otorgando becas, organizando debates y congresos, fundando revistas, diarios junto con cadenas de radio y televisión, y organizando redes de financiación y reclutamiento con las que han fortalecido sus finanzas y han aumentado sus seguidores en forma impresionante.

Aunque tiene tras de sí una rica tradición intelectual y de reflexión filosófica, en la Iglesia Católica subsisten sectores integristas que, junto con los grupos de fundamentalistas protestantes, han caído en la tentación de confundir la educación con el adoctrinamiento ideológico. Más allá de sus diferencias teológicas, ambos grupos están unidos por su oposición a la visión secular del mundo moderno, su conservadurismo social, su obsesión por el poder político, y la pobreza de sus argumentos científicos. No ven, o no quieren ver, las diferencias entre el hecho de la evolución y la teoría que lo explica.

Los evolucionistas no tenemos empacho en reconocer lo que nos falta por saber, pero no buscamos la solución en los libros sagrados, que tienen respuestas para otro tipo de preguntas. Por ello, es importante percatarse de que detrás del mesianismo populista de los creacionistas no hay argumentos religiosos o dudas científicas, sino actitudes políticas. Debemos, por ello, fortalecer una visión laica de la educación que permita desarrollar de forma crítica una visión evolutiva de la Biosfera, uno de los elementos más importantes para enfrentar el reto grotesco, pero creciente, del creacionismo.

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Antonio Lazcano Araujo (México, 1950) es biólogo y Doctor en Ciencias de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado en libros y revistas científicas internacionales más de 150 trabajos de investigación sobre el origen y la evolución temprana de la vida.

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Nota publicada originalmente el 22/01/08 en el Servicio de información y noticias científicas (primera agencia pública de información especializada en ciencia, tecnología e innovación en castellano).

INFLUENCIA DE LA RELIGIÓN EN LA CONDICIÓN SOCIAL DE LA MUJER

LAICISMO

por Alicia Miyares (en “Democracia feminista”, Ediciones Cátedra, pags. 91:97 | 2003)

En el siglo XIX la cuestión educativa y la universalización de ésta generaron una intensa polémica entre la Iglesia y los Estados católicos. El Papa Pío IX para frenar el laicismo firmó concordatos con diversos estados católicos por los que éstos reconocían el derecho exclusivo de la Iglesia a dirigir las escuelas seglares y parroquiales: los más importantes fueron los concluidos con España en 1851 y con Austria en 1855. En España apenas hubo divergencias, aunque los liberales se resistieron a tan extrema atribución de la autoridad papal. Pese a los concordatos el anticlericalismo era creciente en muchos países de Europa. Esta situación se intensificó cuando el mismo pontífice promulgó en 1864 la polémica Syllabus, documento por el cual el Papa Pío IX condenaba el liberalismo y racionalismo y proclamaba la infalibilidad papal. Esto suponía la autoridad coercitiva moral del Vaticano y en muchos países se extendió la resolución de los estados de refrenar la autoridad de la Iglesia. La reacción fue lenta, pero continuada y así Francia, en 1882, universaliza la educación primaria convirtiéndola en obligatoria para niñas y niños; poco después, en 1886 lleva a cabo la sustitución de los maestros religiosos por laicos, hasta que en 1904 se prohíbe por ley a todas las congregaciones la dirección de las escuelas.

El modelo francés sirvió de referencia para los países que, como España y Portugal, eran de credo católico. Así en Portugal, en 1910 el nuevo gobierno republicano separó la Iglesia y el Estado. En el caso español, la reacción fue mucho más lenta debido al dominio absoluto de la Iglesia. Ésta se oponía a la extensión de la alfabetización pública y a la educación general de las niñas; apoyaba el analfabetismo basándose en el argumento de que las personas ignorantes no se verían expuestas a doctrinas heréticas, liberales o socialistas, y permanecerían así en «estado de gracia». A finales del siglo XIX y en la primera década del XX el esfuerzo por reformar la educación española corrió a cargo de la Institución Libre de Enseñanza. Bajo la influencia de Giner de los Ríos, intelectuales españoles asistieron a diversos congresos mundiales de educación que fueron fuente de ideas nuevas. Se comenzó a constatar que el laicismo sería imposible sin la mejora de la educación, sobre todo en el sexo que la presentaba de manera más deficiente. Así pues, mientras las mujeres siguieran tuteladas por la Iglesia los esfuerzos hacia el laicismo serían vanos. Sin embargo, la educación de las mujeres, si bien aceptada entre los sectores liberales, socialistas y librepensadores, mantenía la aceptación de una ley natural para las mujeres: su misión reproductora.

En las tres primeras décadas del siglo XX el Vaticano contemplaba con horror los vientos de secularización y propuestas educativas nuevas que iban restándole protagonismo educativo en Europa y América. En su intento por atajar el laicismo, el Papa Pío XI promulga en 1929 la encíclica Divini illius magistri en defensa de la misiónhistórica de enseñar de la Iglesia: «la misión de la educación corresponde, ante todo y sobre todo, en primer lugar a la Iglesia y a la Familia, y les corresponde por derecho natural y divino, y, por lo tanto, de manera inderogable, ineluctable, insubrogable». En la encíclica se denunciaba también como error la coeducación «por partir del naturalismo negador del pecado original». La iglesia vaticana censuraba la coeducación por alimentar una deplorable confusión de ideas, por permitir la convivencia promiscua de los dos sexos en una misma aula y avalar la idea de una igualdad niveladora de los dos sexos. Para la iglesia la doctrina de la coeducación era perniciosa para la educación de la juventud cristiana porque el creador ha ordenado y dispuesto la convivencia perfecta de los dos sexos solamente en la unidad del matrimonio, y gradualmente separada en la familia y en la sociedad. Además, no hay en la naturaleza misma, que los hace diversos en el organismo, en las inclinaciones y en las aptitudes, ningún motivo para que pueda o deba haber promiscuidad y mucho menos igualdad de formación para ambos sexos.

El miedo a la coeducación será en definitiva el miedo a la emancipación de las mujeres, tal y como afirmaría el mismo Papa Pío XI en la encíclica Casti Connubi. La emancipación de la mujer “es corrupción del carácter propio de la mujer y de su dignidad de madre; es trastorno de toda la sociedad familiar, con lo cual al marido se le priva de la esposa, a los hijos de la madre y a todo el hogar doméstico del custodio que lo vigila siempre». Por ejemplo, en España la coeducación sería abolida en 1936 con clarificadores mensajes como éste: con la supresión de esta inmundicia moral y pedagógica que se llamaba «coeducación» hemos dado el primer paso hacia una verdadera formación de la mujer… En primer lugar, se impone una vuelta a la sana tradición que veía en la mujer, la hija, la esposa y la madre, y no la «intelectualada» pedantesca que intenta en vano igualarla al varón en los dominios de la ciencia; «cada cosa en su sitio» y el de la mujer no es el foro ni el taller… sino el hogar, cuidando de la casa y de los hijos…, poniendo en los ocios del marido una suave lumbre de espiritualidad y de amor.

Resuenan bastante fuertes los argumentos del Papa Pío XI, eso sí, con nuestra peculiar forma castiza de convertir los argumentos en exabruptos.

La universalización de la educación y que ésta contemplara a las mujeres en pie de igualdad con los varones era, en definitiva, una amenaza a la familia. La igualdad separaría a la mujer de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción. Peligraría, con ello, la misma estructura familiar, y su ley fundamental de procreación y educación de la prole, establecida y confirmada por Dios. La lógica católica discurría a través de supuestos puramente misóginos: si «la mujer» es una criatura impulsiva y poco racional eduquemos sus sentimientos, su corazón, para que llegue con un conocimiento suficiente a su fin natural, que es el matrimonio, y para alejarla de vindicaciones igualitarias pues éstas cuartean la estabilidad y honor de la institución familiar al orientar a las mujeres a un quehacer extradoméstico. El objetivo será construir una feminidad que se acerque a Dios por necesidad de su conciencia y que no use a Dios como pretexto para conseguir posiciones más o menos bastardas o cuando menos terrenales. La única necesidad de las mujeres es cubrir las necesidades materiales y morales de la familia. El destino de la mujer es ser esposa y compañera del varón, formar con él una familia, educar y cuidar bien a sus hijos. La familia, para la Iglesia, tiene prioridad sobre los derechos civiles de las mujeres. De nuevo a Pío XI debemos una imagen de la familia en la que “florezca lo que San Agustín llamaba la «jerarquía del amor»; la cual abraza tanto la primacía del varón sobre la mujer y los hijos como la diligente sumisión de la mujer y su rendida obediencia, recomendada por el Apóstol con estas palabras: «Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor; porque el hombre es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia”.

Hoy la Iglesia apenas ha cambiado la concepción diferenciada que tiene de los varones y las mujeres. Ha moderado su lenguaje, pero no la esencia del discurso. Cuando se promovió la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, la Iglesia estaba muy interesada en «clarificar la plena verdad sobre la mujer». A este efecto, el Papa Juan Pablo II dirigió una Carta a las mujeres en la que «aclaraba» la identidad y posición social de las mujeres. Juan Pablo II considera que la mujer y el «hombre» no reflejan una igualdad estática y uniforme, sino de complementariedad entendida como «unidualidad» relacional. Para explicar en qué consiste la compleja expresión «”unidualidad” relacional» nos remite Juan Pablo II al versículo del Génesis «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2,18). De esta manera la identidad de la mujer queda confirmada por el proceso mismo de su creación: «En la creación de la mujer está inscrito, pues, desde el inicio el principio de la ayuda». Así pues, la mujer está llamada a ofrecer ayuda al «hombre». De acuerdo con esto, el horizonte de «servicio» de un varón y una mujer no es el mismo ya que entre ellos hay «una cierta diversidad de papeles»: “En este horizonte de «servicio» -que, si se realiza con libertad, reciprocidad y amor, expresa la verdadera «realeza» del ser humano- es posible acoger también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino”. El horizonte social de la mujer -marcado por el principio de ayuda, por el darse a otros- se materializa en una forma de maternidad afectiva, cultural y espiritual que en el mundo laboral alcanza su realización más plena en el campo de la educación, de la salud y en las instituciones asistenciales. Cualquier otra actividad interrumpiría la «originalidad» femenina y conduciría a la «masculinización» de las mujeres.

En el documento Familia y derechos humanos el Pontificio Consejo para la Familia denunciaría la creciente masculinización de la mujer, como quedó puesto de relieve en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín (pese a la Carta remitida por el Santo Padre en los prolegómenos de la Conferencia). Para el Pontificio Consejo en Pekín se constató que la extensión de una «igualdad indiferenciada» es producto de los errores ideológicos de inspiración malthusiana, hedonista y utilitarista y de las teorías de género; en definitiva, estas ideologías son antifamilia, anti-vida y destructoras de las naciones:

Una tendencia aparecida en la Conferencia de Pekín (1995), pretende introducir en la cultura de los pueblos la «ideología del género» -gender-. Esta ideología afirma, entre otras cosas, que la mayor forma de opresión es la opresión de la mujer por el hombre y que esta opresión se encuentra institucionalizada en la familia monogámica. […]. Somos conscientes de que ya muchas veces el Santo Padre, y siguiendo sus huellas el Pontificio Consejo para la Familia, se ha pronunciado sobre estas ideologías que no son sólo anti-vida y anti-familia, sino que son también destructoras de las naciones.

Todos los credos religiosos se parecen en su consideración hacia las mujeres. La diferencia más radical no se encuentra en los mensajes de una u otra religión, sino en que, al menos, en algunos países democráticos de Occidente se está más cerca del laicismo y de la vivencia de la religión como hecho privado, lo que impone ciertas restricciones al poder de las religiones. El problema en muchos países islámicos es que religión y Estado forman un todo indiferenciado, como fue el caso del Frente Islámico de Salvación Argelino (FIS) cuyos dirigentes afirmaban que «El lugar natural de la mujer está en el hogar… No debe abandonar el hogar a fin de poder consagrarse a la grandiosa misión de educar al hombre. La mujer es una reproductora de hombre, ella no produce otros bienes sino esta cosa esencial que es el musulmán». Nada parece impedir tampoco, como ha sido el caso de Afganistán, que los ulemas, o estudiosos religiosos, ofrezcan una personal interpretación de la posición de las mujeres amparándose en textos del Corán vejatorios para ellas:

Los hombres están por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos respecto de otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de las mujeres. Las mujeres piadosas son sumisas a las disposiciones de Dios; son reservadas en ausencia de sus maridos en lo que Dios mandó ser reservado. A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretexto para maltratarlas. Dios es altísimo, grandioso.

Los ulemas y la umma o comunidad de creyentes se decantan por convertir ciertos pasajes del Corán en sharias o leyes religiosas notablemente discriminatorias contra las mujeres, antes que perfeccionar los códigos civiles según las indicaciones de la ONU. De hecho muchos países de tradición islámica que han reformado sus constituciones no han hecho lo mismo con sus códigos de familia, que siguen fieles al derecho consuetudinario o a la ley religiosa: parecen concesiones del poder del Estado al poder religioso.

Los credos religiosos, que han sido y son en muchos países canal de la cohesión social, en parte han hecho descansar ésta en una estricta normativa sexual para las mujeres. Es esta normativa diferenciada para mujeres y varones la que nos explica la desventaja educativa mundial en la que se hallan niñas y mujeres respecto de los niños y varones: así el 66% de los 300 millones de menores que no pueden ir a la escuela y las dos terceras partes de los que abandonan los estudios primarios por exigencias familiares son niñas. De idéntica manera el 66% de los 880 millones de adultos analfabetos son mujeres. Así pues, es urgente incidir en el laicismo y favorecer políticas educativas laicas en los países en vías de desarrollo. Los estudios demuestran que al educar a las niñas y a las mujeres se elevan todos los índices de desarrollo. Denegar la educación a las mujeres es frenar el desarrollo económico y social de los países. El deber educativo de un estado laico es asegurar las condiciones óptimas para la construcción de la ciudadanía, «sin que pueda tenerse en cuenta ninguna otra condición, sea ésta la pertenencia religiosa, la racial o la étnica». La educación tiene como objetivo fomentar valores comunes, los reconocidos en la Declaración universal de los derechos humanos, y no privilegiar creencias religiosas. Es rechazable, por lo tanto, la sumisión de lo político a lo religioso ya que la interferencia constante de los credos religiosos es un serio impedimento para educar en civismo y en una educación no sexista.

EL PAPA VISITA UNA ESPAÑA CADA VEZ MENOS CATÓLICA

Por Isabel Caro

Las encuestas corroboran que el catolicismo en España registra un descenso cada vez más constante y acusado entre los jóvenes. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recoge en sus estudios que el porcentaje de la población española que se considera católica ha pasado de un 87% en 1992 a un 71,7% (julio de 2011). Una encuesta realizada el pasado mes por la organización religiosa Paix Liturgique va más allá, concluyendo que solo el 63,3% de los españoles afirman profesar el catolicismo.

Los expertos aseguran que no es un fenómeno exclusivo de España sino de toda Europa Occidental, propio de las sociedades postindustriales. Javier Elzo, catedrático especializado en sociología de la Universidad de Deusto (País Vasco) asegura que en España hay muchas personas que no han olvidado el nacionalcatolicismo del franquismo y califica a la sociedad española como polarizada: “hay por un lado un catolicismo muy conservador, que sigue pensando en modelos casi de Cristiandad frente a un laicismo excluyente de lo religioso”.

La Iglesia y los jóvenes

Entre la juventud, los índices son más contundentes: sólo un 45,1% de los jóvenes entre 15 y 24 años profesa la fe católica, según el último sondeo citado. Para Elzo es un hecho “que ha ocurrido siempre”, quien afirma que por primera vez “nos encontramos con generaciones que no han sido educadas en la fe”. En este sentido, se expresa también el sociólogo experto en pensamiento simbólico y religión, José Antonio Gómez-Marín: “disponemos de una juventud completamente ajena a la religión católica, que ignora la realidad catequética y evangélica y, por supuesto, las obligaciones eclesiales”. Ambos expertos recogen también, como causantes del desapego de los jóvenes a la religión, el profundo cambio de costumbres, al que según ellos la Iglesia no ha sabido responder: “no ha sido capaz de adecuarse a unas exigencias de una sociedad nueva por ejemplo en materia sexual, de convivencia o de caridad”, afirma Gómez-Marín. Este experto reconoce que la Iglesia es la gran agente de la solidaridad pero “no ha sabido dar un gran ejemplo evangélico desprendiéndose de sus bienes, realizando un gran gesto capaz de deslumbrar a una generación”. Católicos no practicantes El descenso del catolicismo viene acompañado por una menor práctica de la religión y un limitado acatamiento de los principios de la Iglesia. El estudio de Paix Liturgique afirma que la mitad de los que se consideran católicos no participa nunca o casi nunca en la misa. Entre los que practican la fe católica, poco más del 14% lo hace al menos una vez a la semana. Los datos del CIS, de julio de 2011, se encuentran en la misma línea; solo el 13% de los católicos asiste a misa casi todos los domingos y festivos. Elzo afirma que responde a un cambio en la manera que los españoles invierten su tiempo de ocio: “hace 30 años la gente salía mucho menos de lo que sale ahora, no tenia segundas residencias y pesaba mucho la tradición. Llegaba el domingo y la gente iba a misa y a la plaza del pueblo. Esto ha desaparecido. Hoy la gente se va a sus segundas residencias, hace deporte… El sentido del domingo no tiene ningún sentido”.

FUENTE: Radio Nederland Internacional

¿CÓMO ES UNA SOCIEDAD LAICA?

Ser laico es vivir en una cultura de tolerancia activa. Ser laico es respetar el pluralismo de la sociedad. Ser laico es admitir que en todas las religiones hay tendencias plurales. El laicismo es un movimiento emancipatorio. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

Rafael Díaz Salazar

El laicismo es un movimiento emancipatorio, uno de los que más han contribuido a combatir la dominación y a luchar contra la persecución al pluralismo. Gracias al laicismo tenemos sociedades emancipadas de la dominación eclesiástica y más plurales. En sus orígenes, es un movimiento religioso, de inspiración cristiana, que fue impulsado por minorías protestantes perseguidas que se vieron obligadas a emigrar a Norteamérica y que, en el nacimiento de los Estados Unidos, tuvieron mucho cuidado en asegurarse de que lo que se iba a crear fuese una república laica.

El laicismo es un intento de articular la diversidad y el pluralismo en todas sus manifestaciones personales y colectivas. Es una crítica del clericalismo político, al intento de las castas sacerdotales de todas las religiones de teledirigir la acción del Estado. También es la defensa del pluralismo, de la autonomía del orden jurídico y político, de la dignidad y legitimidad de una moral autónoma, y de la libertad de conciencia. Además, es la reivindicación de una cultura de tolerancia activa. El laicismo no sólo se opone a la dominación, sino que también es un humanismo que propone virtudes, se implica en la creación de ciudadanos y, por eso, le da muchísima importancia a la educación.

UNA CULTURA DE LA TOLERANCIA ACTIVA

Estamos muy necesitados de una cultura de la tolerancia activa, en la que todas las personas y grupos sepan autolimitarse y escuchar a los otros. Hemos de practicar una amistad cívica entre personas y grupos que tenemos identidades, ideas y trayectorias culturales diferentes.

Hemos de reconocer que somos diversos. Tenemos diferentes identidades lingüísticas, sexuales, políticas, ideológicas y religiosas y debemos aprender a convivir mediante el cultivo de la amistad cívica entre quienes tenemos diferencias. Hay que superar la pretensión de algunos eclesiásticos de que la religión católica sea el núcleo de la identidad nacional, pues esto produce enormes dificultades para el diálogo interreligioso y el reconocimiento de las aportaciones de las culturas ateas y agnósticas.

La legislación se ha de fundamentar en una ética cívica de mínimos y los sectores confesionales deben reconocer el pluralismo moral de la sociedad. Antes de legislar sobre asuntos delicados hay que hacer una cuidadosa deliberación ética. Tenemos que plantearnos cuál es el papel de la religión y de las iglesias en la vida pública. Hemos de tener en cuenta las implicaciones de la inmigración para activar el diálogo intercultural e interreligioso.

UNA AMENAZA A LA DEMOCRACIA

El laicismo defiende la libertad religiosa, pero está en contra de las instituciones que dificultan el pluralismo de una ciudadanía diversa. Los fundamentalismos e integrismos religiosos radicales (llámense islamismo político, hinduismo identitario, judaísmo ultraortodoxo o cristanismo neointegrista (católico o protestante) son una amenaza para la democracia y hay que enfrentarse a ellos para que no impidan el pluralismo. Y, desde luego, hay que rechazar sus intentos de que se legisle desde la verdad que dicen poseer.

Pero no hay que olvidar que la religión es un asunto público. En esto coinciden todos los grandes clásicos de la sociología. Las religiones no deben privatizarse, han de tener una presencia en la vida pública y hacer aportaciones
a ella pero, en democracia, tienen que autocontrolar su proyecto de hegemonía. No nacieron en ámbitos de laicidad y han de aprender a vivir en contextos laicos, sabiendo que existe algo inviolable: la libertad de conciencia.

El proceso de globalización nos ha mostrado la gran fuerza social, cultural y política que tienen las religiones. Éstas ejercen un rol público importante en las democracias avanzadas.

Hay dos formas de presencia pública de la religión y de las instituciones eclesiales. La primera -especialmente fuerte en Estados Unidos, Italia y España- constituye un fundamentalismo ético-religioso, con implicaciones políticas, heredero de los integrismos tradicionales. La segunda conecta la inspiración religiosa de transformación social con la producción de ciudadanía políticamente activa y la profundización de la democracia. Es una nueva forma de radicalismo social religioso vinculado a un cristianismo laico y republicano y a los movimientos por una globalización alternativa que han confluido en el Foro Social Mundial.

Dentro de todas las religiones hay tendencias plurales. Muchos movimientos religiosos contribuyen a la emancipación social. Pensemos en su actividad educativa y sanitaria, de atención a los más débiles o de promoción comunitaria en todo el mundo. Hoy, significados pensadores laicistas franceses como Regis Debray, Edgar Morin o Frederic Lenoir piden que se tenga un mayor conocimiento y comprensión del fenómeno religioso.

Es muy poco lo que se sabe de fenómenos emancipatorios religiosos como el ecobudismo, que trabaja con los más pobres; el hinduísmo gandhiano, que alienta al movimiento Vía Campesina, el judaísmo pacifista, el feminismo islámico o el cristianismo republicano que tiene ramas evangélicas, anglicanas y protestantes. El rol emancipatorio de las religiones no se conoce mucho, pues la información religiosa en los medios de comunicación es muy pobre, está muy clericalizada y muy concentrada en asuntos relacionados con los obispos.

Sin laicidad, no hay un futuro alternativo para el mundo árabe. En cualquiera de estos países, antes de las elecciones, hay que redactar Constituciones que impidan la imposición del fundamentalismo islámico. El mundo árabe es plural, el Islam es plural, en los países árabes existen otras religiones. La laicidad del Estado es la única que hace posible que ese pluralismo no sea reprimido y pueda desarrollarse.

Todos necesitamos aprender la cultura de la tolerancia activa, que es la piedra angular de la laicidad. No deberíamos utilizar nuestras señas de identidad simbólica como armas arrojadizas de negación de otras identidades. Los países, incluso los microminipaíses, son plurales y, por lo tanto, países arco-iris. Hay que evitar las guerras de banderas. Expresemos nuestros símbolos y veámoslos como complementarios. Aprendamos a convivir en la sociedad civil.
Nadie debería pretender tener en exclusiva una patria o monopolizar la cultura de un país. Laicidad es sentido del límite y capacidad de aprender del otro.

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.

Fuente: Revista Envío

UN LLAMADO A DEFENDER EL LAICISMO EN MÉXICO

A las organizaciones defensoras del laicismo

A los diputados locales y Federales

A los Senadores

A los Gobernadores de los Estados de la Federación

A los Presidentes Municipales y miembros de los Ayuntamientos.

A los Ministro de la Suprema Corte de Justicia

A los dirigentes de los Partidos Políticos

A los Sindicatos y agrupaciones gremiales

A las agrupaciones y organizaciones liberales

A los jóvenes, presente y futuro de México

A los ciudadanos mexicanos

El laicismo en México está en peligro. No resulta grata la noticia de que un funcionario mexicano, un servidor público violente las disposiciones constitucionales.

En nuestra Constitución se encuentran las bases organizativas del Estado Mexicano, y existe un principio histórico que ha sido clave en el desarrollo histórico político de nuestro país: EL LAICISMO.

En términos generales el laicismo significa, separación del Estado y de las iglesias, la libertad de creencias y de conciencia, una educación laica.

Después de concluida la Guerra de Reforma, con el triunfo de la ideología del pensamiento liberal, se logró la separación de la iglesia y el Estado.

El principio del laicismo se expresó en la Ley de Libertad de Cultos del 4 de diciembre de 1860, expedida en Veracruz, durante el gobierno de Don Benito Juárez García.

Se incluyó en la constitución de 1857 en el año de 1873, mediante decreto del  Presidente de la República, Don Sebastián Lerdo de Tejada.

La Constitución vigente de 1917, lo incluyó en varios artículos, el 3º relativo a la educación; el 24 que establece la libertad de creencias y el artículo 130 que señala la independencia total del Estado de las iglesias.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, establece en su artículo 3º lo siguiente:

ARTICULO  3o.-  El  Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su   autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo   en lo relativo a la observancia de las  leyes, conservación del orden y   la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna.

Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa.

 En su artículo 25 dispone:

 ARTICULO 25.- Corresponde al Poder Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría de Gobernación la aplicación de esta ley. Las autoridades estatales y municipales, así como las del Distrito Federal, serán auxiliares de la Federación en los términos previstos en este ordenamiento.

Las autoridades federales, estatales y municipales no intervendrán en los asuntos internos de las asociaciones religiosas.

Las autoridades antes mencionadas no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares. En los casos de prácticas diplomáticas, se limitarán al cumplimiento de la misión que tengan encomendada, en los términos de las disposiciones aplicables.

El Reglamento de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en el artículo 28, dispone lo siguiente:

Artículo 28.- Las autoridades a que se refiere el artículo 25 de la Ley, no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni participar en actividad que tenga motivos o propósitos similares.

Se exceptúa de lo previsto en el párrafo anterior, al servidor público que asista a título personal a los actos religiosos de culto público o actividades que tengan motivos o propósitos similares.

En dichos actos o actividades, el servidor público en ningún momento podrá ostentarse o hacer manifiesto su carácter oficial, ni actuar en el ejercicio de las atribuciones que legalmente le correspondan.

En caso de incumplimiento a lo dispuesto en este artículo, el servidor público de que se trata, será sujeto de las responsabilidades y sanciones previstas en las leyes aplicables.

Con las disposiciones antes transcritas, los servidores públicos deben abstenerse de participar con tal carácter en los rituales religiosos, en respeto al principio fundamental de nuestro sistema político que es laico.

Cualquier servidor público debe sujetarse a las disposiciones constitucionales y legales, desde el empleado municipal hasta el Presidente de la República, en el caso de este último, al asumir su mandato, rinde una protesta, ante el Congreso de la Unión, en que por disposición del artículo 87 constitucional, expresa lo siguiente:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.”

Cualquier omisión o falta de respeto a la Constitución genera responsabilidad para el servidor público, ya que estamos inmersos en un sistema de derecho, por lo tanto todos incluidos los ciudadanos estamos obligados a respetar la Constitución y las leyes que de ella emanen.

El Presidente es un mandatario y por lo tanto está sujeto al mandato de los ciudadanos pero además está comprometido por su Protesta Constitucional, a respetar la Constitución y las leyes.

El hecho de que cualquier funcionario sea el Presidente de la República o cualquier gobernador del algún estado de la federación, viole las disposiciones relativas al laicismo, deja sujeto a dicho servidor público, a la responsabilidad política y las sanciones administrativas que correspondan.

La ceremonia de beatificación, en el caso de la iglesia católica, se otorga en un ritual auténticamente místico religioso, como lo es una misa. Por lo tanto acudir a la beatificación es asistir a un acto religioso.

En días pasados se ha publicado en la prensa nacional, que nuestro presidente Felipe Calderón Hinojosa, acudirá a la beatificación de Juan Pablo II, misma que se realizará en Ciudad del Vaticano, el próximo 1º de mayo de 2011; a lo que debemos considerar que acudirá en su calidad de católico, pero no como Presidente de una República Laica, a menos que pretenda violar nuestra Constitución Política.

Por tal motivo se hace el presente llamado a todas las agrupaciones ciudadanas defensoras del laicismo, para manifestar nuestro apoyo al Estado Laico Mexicano.

A los legisladores locales y federales, a emitir su pronunciamiento respecto a la visita anunciada de nuestro Presidente Felipe Calderón,  al Estado Vaticano, para participar en un acto religioso católico, lo cual resulta violatorio de nuestra Carta Magna.

A los ciudadanos mexicanos, manifestarnos con los medios a nuestro alcance en contra de dicha acción presidencial que atenta contra el laicismo en México.

A los dirigentes de los Partidos Políticos Nacionales, a defender el principio del laicismo, base de nuestro sistema político y jurídico.

A los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, a defender la interpretación de nuestra Constitución, en el sentido de que existe una separación tajante, entre las autoridades civiles y las agrupaciones religiosas.

A los sindicatos y agrupaciones gremiales, a defender el espíritu democrático de nuestra constitución y las leyes que están fundadas en el laicismo, como principio histórico político.

A las organizaciones liberales herederas del pensamiento que ha construido las instituciones de nuestro país, a manifestar nuestra oposición a que el presidente Felipe Calderón Hinojosa asista en su carácter de funcionario público a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II.

SIN LAICISMO NO HAY DEMOCRACIA

México “Patria de los Liberales” a 21 de Abril de 2011

 Centro de Acción Laica de México

  Pedro Márquez Celaya

Presidente

ENTREVISTA A MARTA VASALLO, PERIODISTA E INTELECTUAL ARGENTINA

‘DEBE HABER UN PROYECTO DE SECULARIZACIÓN DE LA SOCIEDAD’ (Por Sandra Chaher, 28-2-2011)

La búsqueda de una coherencia laica es, para la periodista feminista Marta Vasallo –especializada en conservadurismos religiosos-, la estrategia de fondo que debería desplegarse frente a los sectores conservadores. En un año estratégico por el posible debate de la legalización del aborto, Vasallo analiza las premisas ideológicas de estos sectores –centradas en una moral sexual-, cómo se organizan, y qué puede hacer una sociedad civil comprometida con los derechos humanos para ampliar la agenda.

En los últimos años, los sectores religiosos conservadores generaron nuevas estrategias frente al avance de la agenda de derechos humanos en los parlamentos de América Latina. Grupos minoritarios pero estratégicos en la sociedad civil, acciones judiciales e intento de permear las instituciones de justicia y salud son algunos de los recursos con los que pretenden frenar la instalación de políticas públicas acordes a estados laicos en el continente.

Después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en el 2010, y en un año de posible debate legislativo sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, Marta Vasallo –periodista feminista especializada en conservadurismos religiosos y redactora de Le Monde Diplomatique- analiza cómo estos sectores se concentran en una moral sexual que deja de lado valores centrales al cristianismo como la justicia, la solidaridad, la compasión, y la libertad de conciencia, entre otros; qué estrategias están desplegando para frenar la ampliación de la agenda de derechos humanos; y qué se puede hacer desde una sociedad civil comprometida con estos derechos para avanzar.

-¿Qué estrategias están desarrollando los sectores conservadores después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y de cara a un año de debate por la legalización del aborto?

– Son sectores que se caracterizan por una innovación en las estrategias, que fundamentalmente consisten en utilizar muy bien los recursos de una sociedad plural, democrática: se convierten en un grupo de presión de base. No dan por sentado que la autoridad eclesiástica basta para presionar a los gobiernos. Y no porque no sean apoyados por esta jerarquía, lo son. Pero quieren cambiar el enfoque desde el que tradicionalmente se mira la actuación religiosa en una sociedad.

– ¿Cómo sería esto?

– En una sociedad moderna se presume que el laicismo lleva a la religión al ámbito privado y la disocia de la política. Desde el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Católica ha hecho una reversión deliberada de lo que significó el Concilio Vaticano II que significó -entre muchas otras cosas-, una aceptación de la modernidad por parte de la iglesia, que no la veía como un mal sino como la prolongación natural de la civilización cristiana. En cambio, desde Juan Pablo II, y acentuado con Benedicto XVI, la iglesia lanza una ofensiva mundial de recatolización del mundo que vuelve a considerar a la modernidad, y por tanto al laicismo, como enemigos del cristianismo. No se trataría de una mera vuelta atrás, sino de un reposicionamiento en la actualidad. Y la cruzada de Juan Pablo II atacó en América Latina a fondo la Teología de la Liberación, prácticamente no dejó en manos de personas vinculadas a este grupo ningún puesto político de relevancia. Y además suplantó el asesoramiento jesuítico –los jesuitas eran los principales asesores del Vaticano- por el Opus Dei, que tiene una visión sumamente conservadora. Hoy resulta difícil hacer una distinción entre el Vaticano y estos grupos conservadores, como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, o los que acá se llaman FASTA -Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino-, que son muy cerrados, de identidad muy fuerte.

– Además de oponerse al matrimonio igualitario y al derecho a la interrupción del embarazo, ¿cuáles son los postulados de estos grupos?

– Lo que tienen en común, con el Vaticano también, es centrarse en la moral sexual. Benedicto XVI habla de relativismo moral, refiriéndose a cualquier cosa que transgreda la defensa de la familia tradicional: un jefe varón, la mayor cantidad de hijos posible, método natural de anticoncepción, y la educación en la abstinencia –que es lo que pregonaba George W. Bush-. La idea es que la sexualidad no debe tener un fin fuera de la procreación y en eso consistiría la moral, en una forma de la sexualidad, por encima de otras formas de la moral que fueron centrales al cristianismo como la justicia, la misericordia, el amor al prójimo, la sinceridad, o la libertad de conciencia. Y además, resulta muy favorable a la cruzada de Juan Pablo II y Benedicto XVI la crisis de la modernidad, porque en un mundo muy incierto, de mucha fragmentación, hay un atractivo por una pertenencia fuerte, dada por el seguimiento de normas muy estrictas, y que eclipsa la vacilación.

– ¿Qué aceptación tiene en la feligresía esta posición de la iglesia?

– Lo que registran los estudios es que hay una tendencia de la gente a vivir la religión cada cual a su manera. Pero una característica del Vaticano es que parece no importarle ganar gente sino presentar una identidad fuerte, sin concesiones. Le interesan los grupos muy convencidos, aunque sean minoritarios.

– ¿Dónde busca hoy apoyo la iglesia católica para mantener el estatus quo? Hace unos años, por ejemplo, debutaron en la vía judicial para cuestionar tanto los abortos no punibles como los matrimonios entre personas del mismo sexo.

– Hacen lobbys muy fuertes en el Parlamento. La senadora Liliana Negre de Alonso, por ejemplo, es integrante del Opus Dei.

– ¿Y la diputada Cynthia Hotton?

– Ella es evangélica, pero una estrategia importante de la iglesia católica es la alianza con sectores conservadores de otras iglesias, como el evangelismo, el Islam y el judaísmo, que es lo que sucedió durante la Conferencia de El Cairo de 1994. Otra estrategia de los últimos años fue entrar en las instituciones de salud y en el Poder Judicial. Muchos de los jueces que rechazan las denuncias de abuso sexual que presentan las madres contra los padres abusadores, pertenecen a sectores conservadores de la iglesia. Protegen a los abusadores poniendo como argumento la importancia de la unidad familiar, y promueven la reconciliación de los chicos abusados con el padre diciendo que siempre es mejor tener padre que no tenerlo, no importa quién sea.

– ¿Cómo ves el panorama parlamentario para el 2011, con la posibilidad de que sean tratados dos proyectos de legalización del aborto?

– Mi experiencia dentro de la Campaña por el Derecho al Aborto es que hay una diferencia muy grande de cinco años a estar parte cuando se habla con las y los legisladores, hay mucha más apertura y aceptación hacia este tipo de derechos. Después, es cierto que el juego político en el Parlamento barre con las convicciones individuales. Pero hay una aceptación muy clara de la legalización del aborto en determinadas circunstancias, lo mismo que el compromiso con la anticoncepción y la educación sexual, y esto es un avance importante. Ahora, el derecho de la mujer a interrumpir el embarazo es bastante más difícil, porque también es más difícil la aceptación en el resto de la sociedad. Y es curioso, porque las mismas personas que te dicen que el aborto debe ser ilegal, son quienes te dicen que una mujer no tiene que ir presa por esta razón. Es una opinión muy maleable si se la pudiera trabajar.

– ¿Qué estrategias podrían implementarse desde la sociedad civil para seguir avanzando con la agenda de derechos?

– Yo creo que hay que hacer un trabajo muy intenso en las bases. Primero, de aclaración de qué es lo que está en discusión y de convicción básica en núcleos de gente, en ámbitos educativos, en la corporación médica. En Uruguay, por ejemplo, la situación en relación al aborto es completamente diferente a la de acá -aunque el ex presidente Vázquez haya vetado la cláusula que legalizaba el aborto-, porque la corporación médica apoya el aborto medicamentoso como estrategia para salvar vidas de mujeres. Es una argumentación muy parecida a la que tenía Ginés González García, que decía ‘Yo soy ministro de Salud y tengo que salvarle la vida a la gente’. Pero acá los médicos no lo apoyaron. Otra estrategia es la defensa del laicismo, buscar una coherencia laica en la sociedad. La clase dirigente de pronto tiene encontronazos con la iglesia por razones puntuales, pero no hay un proyecto de secularización definitiva de la sociedad.

– Hay grupos virtuales que promueven la quita de la Constitución Nacional del artículo 2 , pero es cierto que esto no tiene amplia acogida social.

– Ese artículo de la Constitución hace que se deriven hacia las instituciones religiosas muchos recursos del Estado y que les da a los integrantes de la iglesia rango de funcionarios estatales. El hecho de eliminar la vicaría castrense fue un paso adelante, pero son medidas sueltas. No deberíamos tener provincias en las que la educación religiosa sea parte de la escuela pública como Salta, y recientemente se sancionó en Córdoba una ley en la misma línea que fue muy cuestionada por muchos sectores de la población, pero que salió. Habría que promover en la mentalidad general la idea de que la religión no puede determinar las leyes de un país. Y además dejar claro que la iglesia católica actual responde a una tradición que no es la totalidad del catolicismo y del cristianismo, que abarcan otro tipo de éticas y consideraciones sociales. Tenés todas la propuestas de la Teología de la Liberación, y lo que ahora es la opción por los pobres, que hablan de otro cristianismo. La fe religiosa no es incompatible con la comprensión de las situaciones ajenas y con la aceptación de que una misma situación puede tener diferentes soluciones. Que el aborto es un homicidio es una afirmación muy reciente, hecha en la modernidad contra el avance del secularismo, no está escrita en el Nuevo Testamento ni en ninguna parte. Y tiene que ver con el control de la sexualidad, que es una pieza muy importante del control de la población en general.

Fuente: Artemisa Noticias

JUAN CALVINO: LA “TEOCRACIA” PROTESTANTE (PARTE 2)

(Por Cipriano Sántide Thunjiga)

Ya explicamos que en siglo XVI, bajo el liderazgo del reformador protestante Juan Calvino, se estableció en Ginebra un Estado autoritario, y que el calvinismo sigue vivo en muchas de las congregaciones protestantes actuales. Precisamente por eso Calvino y el calvinismo tienen sus apologistas. Éstos básicamente sostienen algunos puntos que a continuación expondremos en negrita. Seguidamente, en cursiva, expondremos nuestra opinión al respecto:

–          Calvino debe ser valorado como un precursor de la democracia: principios fundamentales de la revolución francesa -“libertad”, “igualdad” y “fraternidad”- se establecieron en el marco del calvinismo -la libertad otorgada por Dios, la igualdad ante los ojos de Dios, la fraternidad para con el prójimo predicada por Cristo-. Por otra parte la estructura de la Iglesia Calvinista era menos verticalista que la del catolicismo.

Este último punto es muy cierto, pero también lo es que la organización de pastores y mayores o presbíteros, en la práctica se constituyó en una jerarquía que coartó las libertades de los fieles comunes. Además cabe recordar que la democracia se remonta a la Grecia de 500 años antes del cristianismo y que, aunque en efecto, desde aquel concepto griego hasta las democracias modernas ha habido una evolución con aportes de diversos orígenes –entre ellos los de las diferentes confesiones cristianas-, a nadie se le escapa el abismo que separa las repúblicas actuales de la Ginebra que ideó Calvino. Saber que éste ejerció una influencia en las sociedades occidentales que finalmente confluyó en el moderno concepto de democracia –como también lo hicieron influencias de otro origen que Calvino seguramente hubiera aborrecido- no alcanza para expurgar al calvinismo de la ceguera fundamentalista que hizo que se aceptaran y promovieran en su seno el autoritarismo, la persecución ideológica, y hasta la tortura y la muerte.

–          Calvino en realidad no aspiraba al dominio clerical sobre todas las esferas de la cultura y la sociedad, sino que sólo procuró que la Iglesia Reformada colaborara en el cometido espiritual del Estado ginebrino y en que éste prestara su auxilio para implantar la caridad cristiana por la que los ciudadanos habían optado al adoptar la Reforma.

Lo cierto es que si Calvino no tuvo la intención de establecer un dominio clerical generalizado acabó perdiendo el rumbo, pues a eso es efectivamente a lo que arribó. Y, por cierto, tal “colaboración” Iglesia-Estado, suena precisamente a la propuesta que los clérigos de las actuales organizaciones confesionales contraponen a la estricta separación entre ambos que defiende el laicismo. Aunque los hechos nunca se repiten exactamente del mismo modo a lo largo de la historia, la experiencia calvinista de la “colaboración” y el “auxilio mutuo” entre Iglesia y Estado en pro de la “salud espiritual” de los ciudadanos, debiera ser una advertencia contra el totalitarismo en el que se acaba por caer cuando se mezclan las atribuciones de estos dos tipos de instituciones. Por eso el laicismo sostiene que es preferible, para el bienestar y la dignidad de los individuos, que ambas se mantengan activas en dos esferas de la condición humana que pueden ser diferenciadas claramente: la política, que hace a la comunidad sin exclusiones individuales, y la espiritual, que corresponde al individuo, aunque se la pueda vivenciar en una comunidad de correligionarios.

–          Calvino nunca aceptó un cargo gubernamental en Ginebra.

En efecto, Calvino no ejerció oficialmente ningún cargo gubernamental, pero en la práctica fue un líder plenamente político, y no sólo uno espiritual.

–          En la época de Calvino lo político y lo espiritual eran manifestaciones sociales indisociables, de hecho la comunidad cristiana y la comunidad civil eran co-extensivas; cada miembro de la sociedad civil era también miembro de la iglesia y viceversa, ello era un legado del pasado europeo medieval.

Esta es una verdad relativa que parte más bien de una idealización que se hace de la época, a la que se concibe cohesionada de un modo poco realista. Evidentemente en Ginebra había individuos, y no simplemente una masa humana uniforme -máxime en un momento en que el cristianismo se estaba fragmentando- y por tanto habría diversidad de opiniones. Fue el calvinismo el que impuso la cohesión estricta reprimiendo opositores incluso mediante la fuerza pública. Por lo demás, el muy difundido argumento de librar de responsabilidades a los líderes y a sus partidarios achacándoselas a su época es particularmente reprochable en personas y movimientos que pretenden ser mostrados como ejemplos de moralidad (¿un paradigma de moralidad no debería elevarse por sobre las bajezas de su tiempo?). Por otra parte un movimiento “reformista” precisamente se atreve a romper con el pasado y aun con aspectos históricos arraigados en su propio tiempo, proponiendo a cambio un presente distinto. Si Calvino y los suyos que, en cuanto reformadores, se animaron a romper con tantas “herencias”, no rompieron con aspectos muy autoritarios de su época y, de hecho, enfatizaron muchos de ellos, es simplemente porque los aprobaban personalmente.

–          Ginebra estuvo ordenada y progresó económicamente bajo el calvinismo.

No vamos a menospreciar los frutos que da la fe. La religión puede evitar que se caiga en un modo de vida caótico, y la creencia calvinista en que Dios ayudaba terrenalmente al hombre predestinado a la salvación eterna hizo que muchos, tal vez la mayoría, se volcaran al trabajo intenso y al ahorro precavido, a fin de no ser identificados con los réprobos (la opinión que la sociedad tuviera de uno, en el Estado “vigilante” de la Ginebra calvinista, era de suma importancia, obviamente). El calvinismo siempre favoreció el auge capitalista, es un hecho, como también lo es que lo hizo no sin pagar el precio de menoscabar las libertades individuales, que dan tanta o más dignidad al hombre que la superación de la pobreza material. Ya hemos dicho que no vamos a menospreciar los frutos de la fe, pero tampoco es aceptable que se ignore que muchos “logros”, cuando no bastó la fe, fueron alcanzados mediante la coacción e incluso mediante la fuerza bruta.